Pino Alosa: “Hay jugadores que tienen una manera de moverse que es elegancia pura, es arte”


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Italia ha ganado cuatro veces la Copa del Mundo. Y sería la vigente campeona de Europa si no hubiera aparecido una España para la eternidad. En Cuba cuesta, por no decir que es imposible, encontrar grandes logros sobre el rectángulo verde. El beisbol es el deporte rey para el país caribeño. Tan dispares como Italia y Cuba son el fútbol y la danza. Aunque puede que tan solo sea en apariencia.

Pino Alosa (italiano) y Joel Toledo (cubano) son director artístico adjunto y bailarín de la Compañía Nacional de Danza. Este jueves estrenan una nueva rama de la compañía, la CND clásica, en el Teatro Real de Madrid. El despacho del primero de ellos sirvió para que reconocieran su afición por el fútbol. Son una isla en medio del mar, un reducto al que la pelota apasiona.

Han jugado en Boston, como prueba el contrato enmarcado, dibujado sobre una servilleta, que acompañó la entrevista en todo momento. En sus viajes, y en la parte que les gusta llamar “concentración”, el fútbol les sirve para relajarse, conversar, conocer. Tal es así que aún conservan el balón firmado por todos los jugadores del Spartak de Moscú con que les obsequió el médico del equipo.

Un ‘tifosi’ romano y un fervoroso hincha habanero. Es en este marco donde se desarrolla el diálogo. Rodeados de fotos que recuerdan los diversos equipos que han formado con amigos; con el escudo de la Roma en la pantalla del ordenador, evidenciando los colores de quien trabaja mano a mano con José Carlos Martínez; con las camisetas del actual líder de la Liga, el Barcelona, en el brazo del sofá en el que se acomoda un bailarín de la escuela cubana. Es en este marco donde fútbol y danza se entrelazan para evidenciar sus diferencias y semejanzas, que son muchas, paradójicamente, en ambos casos.

PREVIA

Football Citizens. Estrenan una nueva sección de la Compañía Nacional de Danza el próximo jueves día 14. La compañía adquiere un ambiente más clásico bajo la dirección de José Carlos Martínez, después de veintitrés años dedicada a lo contemporáneo. ¿Tiene esto algo que ver con una gran cita futbolística?

Joel Toledo. Hay una cosa curiosa. Sucede antes de empezar la función, en los ensayos. Cuando quedan cinco minutos para que comience la obra, viene el ‘staff’ de dirección a dar apoyo. En ese momento, Pino viene y empezamos a hablar de fútbol. Los hacemos porque nos quita tensión y nos hace mantener la mente concentrada, a no estar obcecado. Es algo espontáneo en esos momentos tan tensos, en los que estás deseando salir. Me dice: “Te quiero ‘cattivo’”. Es una expresión que se utiliza mucho en Italia en el fútbol. Significa estar fuerte, agresivo.

Pino Alosa. Hablamos el mismo idioma. Le digo si lo quiero más tranquilo, pegado a una banda, que debe correr más, que no se agote en el primer tiempo…

Joel. Siempre buscamos esa asociación. El viernes pasado teníamos una función en Alcobendas. No me tocaba bailar y el chico que está en mi sitio se hizo daño en la espalda. Había pedido el día para estudiar en el máster que estoy haciendo y me llamaron. Lo primero que me dijo nada más llegar fue: “Te tuvimos que llamar para sacarte de recambio, como Goycochea”.

10Pino. El guardameta argentino que llamaron cuando se lesionó Nery Pumpido en el mundial de Italia. Estaba en el banquillo. Y luego mira los penaltis que paró, aunque acabaría perdiendo la final en el Olímpico de Roma.

Joel. Sin embargo, no hay mucha gente a la que le guste el fútbol en el mundo de la danza. Somos la excepción. Normalmente las peleas son con los técnicos. Tuve que trabajar un día entero con la camiseta del Real Madrid por una apuesta que hicimos sobre los títulos que ganarían Madrid o Barcelona.

Pino. Aquello fue terrible. La cara frustración que llevaba con esa camiseta… Es como si yo me pusiera la camiseta de la Lazio. Pero sí, es cierto que no hay gente que lo siga con pasión e interés de verdad.

ARTE

Pino. Empecé antes con el fútbol. Luego no pude seguir. Una cosa es la profesión y lo otro se queda atrás. Jugué hasta los dieciocho años. Estuve en la cantera de la Roma. El ballet lo empecé a los quince. Hacía las dos cosas a la vez. Era incómodo. En mi época no podías decir que ibas a ballet. Había más discriminación. Así que donde jugaba al fútbol no sabían que hacía ballet, y en ballet tampoco que jugaba al fútbol.

Joel. En Cuba el deporte rey es el beisbol y, además, en mi familia somos todos artistas. Pero mis padres tenían unos amigos en Cataluña que me mandaban cosas del Barcelona. Vine por primera vez a España en el año 93, y estos amigos me invitaron a pasar las navidades. Eran socios, y fuimos al Camp Nou. La primera vez que fui a un partido de fútbol fue a un Barcelona-Real Madrid, con un 5-0. Era el Dream Team, con la cola de vaca de Romario, con Laudrup, Ronald Koeman… Y Cruyff de entrenador. El primer partido me marcó y empecé a seguirlo, fue entrando en vena.

Pino. En mi casa, en cambio, no había ningún artista. El ballet ha llegado por mi culpa. Mi familia es de fútbol. Mi hermano mayor fue futbolista profesional. Llegó a jugar en primera división, en el Genoa. Cuando les dije que iba a hacer danza no se lo creían. En mi casa no se sabía lo que era un ambiente artístico, no teníamos relación con ello.

Football Citizens. Entonces, ¿el fútbol no se puede considerar arte?

Joel. Yo creo que sí. Ver a Zidane, eso es arte. Laudrup, Ozil, Iniesta o Guti en sus partidos buenos.

Pino. Hay jugadores que, aparte de la habilidad técnica o física, tienen una manera de moverse que es elegancia pura, es arte. También el nivel mental de entender antes que lo otros lo que va a pasar. Cuando jugaba Maradona ponía el balón ahí porque sabía que llegaría. En un don de dios. Hay una forma de arte.

TÉCNICA

Joel. Aunque no se tenga técnica, se puede jugar al fútbol, meterte en un partido. En ballet tienes que ir a la escuela, conocer los pasos. Puedes tener el don, pero te tienen que moldear. No lo puede hacer cualquier persona en cualquier momento. Con la música pasa igual, no puedes dar a una persona un violín y decirle que lo toque.

Pino. En el deporte hay un instinto natural que funciona. Pones a un chico que juega en la calle sin haber participado en una academia de fútbol y si tiene talento, tiene talento. ¿Maradona en qué equipo jugó? Los grandes fenómenos del fútbol han salido de la calle. Por ejemplo, Zico. Lo llamaban ‘Galinho’, la gallina, porque jugaba en el jardín de sus padres regateando una gallina, driblándola, que es muy difícil. Imagínate qué escuela de fútbol se pone a enseñar con gallinas.

En la danza hay unos requisitos técnicos que debes cumplir, necesitas esa base.  Cuando jugaba en la Roma, el entrenamiento era muy duro, pero no más que el de un bailarín. En la danza se pueden llegar a hacer cinco o seis horas de preparación diaria.

Joel. Hace gracia cuando hablan de un entrenamiento durísimo de dos horas.

Pino. O cuando dicen que tiene dos partidos por semana y el equipo está cansado. El bailarín a veces hace doble función durante tres días seguidos. Trabajé en Estados Unidos y viernes, sábados y domingos era doble función. El estrés es enorme. Un futbolista tiene que jugar bien y punto. El bailarín tiene que bailar, estar bien a nivel estético y no mostrar a la gente que está cansado y que está haciendo un esfuerzo. No se puede tirar al suelo.

FÚTBOL DANZADO

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Pino. Si lo piensas, en las compañías de danza hay un trabajo de club, con oficinas que trabajan. Hay un director técnico al igual que está la figura del director artístico. Hay un Karanka con Mourinho, que puedo ser yo con el señor Martínez. Es un trabajo físico y mental. Que sea la función en un rectángulo verde o detrás de una cortina roja es lo mismo. También se viaja en grupo, todos juntos en avión o autobús.

Joel. La concentración.

Pino. Exacto. Hay similitudes. Yo lo noto porque he jugado al fútbol hasta los dieciocho años en dos clubes profesionales.

Football Citizens. Ambas representaciones transmiten.

Pino. Sí, aunque de otra forma.

Joel. Es más salvaje. Nadie en el teatro se imagina una función con la gente gritando “¡gilipollas!” o algún otro insulto. En el fútbol se ve normal.

Pino. En la danza, si bailas bien o mal, la gente a la no le haya gustado no te aplaude o como máximo te pita.

Joel. Es otra cultura. En el fútbol se admite y es así. La gente va a ver un espectáculo y si le gusta, aplaude, y si no, pita e insulta. La danza es una cultura más hecha.

Football Citizens. Una gran diferencia es que el fútbol se basa en lo imprevisto, no hay un guion escrito.

Pino. En el ballet sabes lo que vas a ver. Puede que un día algo no salga bien, pero por norma general se sabe. Con el fútbol, quizá vas a ver dos grandes equipos jugando y hagan un partido muy malo.

Joel. En el ballet todo está marcado, no decides. Puedes brillar porque lo haces bien, no porque haces lo que quieres hacer. Aunque la danza contemporánea te permite dar esa libertad. El director da unas pautas, pero elige el bailarín. Puedes transmitir lo que te han dicho mediante la improvisación.

Football Citizens. Si lo que se quiere representar es el fútbol en sí, ¿qué se buscaría transmitir? Euforia, llanto…

Joel. ‘Cattivo’ –bromea– Creo que el sentimiento de equipo. Deberíamos aprender del fútbol a ser un equipo que se ayuda. El bailarín suele ser bastante egoísta.

Pino. Si marcas tres goles y pierdes 4-3, no sales contento. Cuántas veces escuchas en las declaraciones de los jugadores que hubieran preferido no marcar pero ganar. Aquí desafortunadamente no es así y es muy difícil que lo sea. Si alguien hace bien su parte se va contento. Se debe a que es un trabajo estético a nivel individual.

Joel. El propio aficionado en el fútbol premia al colectivo. Premia cuando ven complicidad, coberturas, aunque se estén matando.

Football Citizens. También un estadio premia lo individual con ovaciones. Si tuvieran que elegir un estadio para que les premiase individualmente con una ovación, ¿cuál sería?

Joel. Por mis colores, el Camp Nou. Aunque reconozco que el Bernabéu, por su tradición, es un estadio mítico. Estuvimos Pino y yo. Aunque es del rival, me gustaría. Es más, creo que me daría morbo (ríe).

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Pino. Los del Manchester United y el Milan son especiales. En el Olímpico de Roma he jugado dos veces, pero no me gusta porque tiene la pista de atletismo. Old Trafford, cuando entras, en vivo, es espectacular. El público de Manchester, en los octavos contra el Madrid, lo hizo fenomenal. Si pasa en otro país, hubieran reaccionado de otra manera.

Joel. Mourinho sit down cantaban…

Pino. Los banquillos están pegados al público, no hay protección. Cualquiera puede saltar al terreno. Por eso no sé cómo un árbitro se atreve a hacer cosas tan raras  –suelta una carcajada recordando la expulsión de Nani–. Hay países donde el estadio tiene otro sentido. Allí el estadio no lo destrozan. Se queda fuera todo lo que sienten.

Si pasa en Italia algo así… madre mía. La Roma, en Liga de Campeones, fue sancionada por tirar una moneda al colegiado Anders Frisk, tras expulsar a Mexes. Le hicieron una brecha. Luego el árbitro acabaría dejándolo.

En Italia el problema que el resultado es lo más importante, ganar, no importa cómo. El equipo lo primero que piensa es no perder. En España y Francia, aunque sea una liga menor, juegan más. También en Inglaterra. Nunca te vas aburrido después de haber pagado cuarenta u ochenta euros por una entrada. En Italia hay más presión sobre un partido, Se habla una semana antes y después.

Football Citizens. Aunque Italia intentó darse un aire más ofensivo en la última Eurocopa.

Joel. Lo que pasa que al final fue un palizón. Y Pino no quiso venir a verlo. Llamaba y llamaba. Le decía de ir a mi casa y decía: “No quiero, que me das gafe”.

Pino. Sufrí solo…

Joel. Pino, cuando hay partido en Italia, no le hables ni le preguntes. No te coge el teléfono.

Pino.  Me encanta que la gente que me conoce siga llamando sabiendo que no se lo voy a coger. Sobre todo si las cosas van mal. Hasta que no termine, que no me llamen.

Joel. Se vuelve un ‘tifosi’.

Pino. No tanto con la selección. Cuando juega mi equipo sí. La selección la acepto, pero mi equipo es mi sangre.

Fotografías de Ignacio Arnedo

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