angelo di livio
Angelo Di Livio con la Juventus (1994). Licencia en Wikimedia

Marca Bobby Charlton. A los cincuenta minutos, repite. Y Eusébio, al que lloramos con las lágrimas de la historia en nuestras mejillas, recorta diferencias dos minutos después de penalti. Eran las semifinales de la Copa del Mundo e Inglaterra, anfitriona, avanzaba a la final.

Mientras en la capital del Reino Unido se escribía la Historia, a mil cuatrocientos kilómetros de distancia, en otra importante capital europea nacía quien, años más tarde, encarnaría en un terreno de juego una importante figura de un fundamental periodo de la humanidad. El 26 de julio de 1966 Inglaterra se clasificaba para la final de su Mundial, marcaban Bobby Charlton (sir Bobby) y Eusébio, y en Roma nacía Angelo Di Livio.

Debería decir que me encantan las películas de Astérix. De dibujos. Ese pequeño pueblo que resistía, ahora y siempre al invasor. Cursando imagen y sonido en Secundaria aprendí lo que eran las elipsis. Los saltos de la trama sin que el espectador pierda continuidad en el argumento. Y en las películas de Astérix imaginaba elipsis con tropas de legionarios romanos conquistando tierras tan lejanas unas de otras que asusta. Y un cargo básico en esas tropas era el centurión. Las elipsis en, por ejemplo, Astérix y las doce pruebas, las tomaba como lecciones de Historia.

Angelo Di Livio ascendió caprichosamente por dos motivos. Geográficamente fue jugando desde el sur al norte italiano, salvo en el final de su carrera. Por favor, coged un mapa de la bota. Fijad la atención en la punta. Veréis que como empezó su carrera profesional en la Reggiana, en Reggio Calabria, comenzó en la región por excelencia del sur. Sus inicios corresponden a la Roma, pero solo en cuanto a ficha. Los que ponen el punto de partida con mayúsculas a dar patadas son en la punta de la bota. No es casualidad. Tampoco que haya utilizado la expresión “dar patadas”. Militarmente, Di Livio ascendió de legionario a centurión. Protagonizó una elipsis de las películas de Astérix. Conquistó territorios. Sigamos con ellos.

Continuamos pues en el mapa de la península itálica, señalando Reggio Calabria. Di Livio pasó de allí a la Nocerina, en la Campania. La veis, ¿no? Cuando hizo las maletas fue para viajar a través de varias regiones y jugar en la capital de la Umbría: Perugia. Espero que la hayáis localizado. El avance inmediatamente posterior fue de nuevo un salto sobre varias regiones, y acabar pisando el Véneto. ¿Os situáis? Allí se encontró con un lugareño, en la ciudad de Padova. Padua. Angelo Di Livio y Alessandro Del Piero vistieron juntos el blanco del Padova Calcio dos temporadas.

Cuando Di Livio ya era decurión, en el verano de 1993, un pintor de brocha fina le retrató con su nueva indumentaria. Pinturicchio, mundialmente conocido como Alessandro Del Piero, y el aún en claro ascenso imperial Angelo Di Livio, tomaron el blanco del Padova para abrazar el negro y jugar en la Juventus.

Se desató el imparable ascenso a los cielos futbolísticos. Tres scudetti, dos supercopas, una Champions League y otros dos subcampeonatos del máximo torneo continental. Y la Intercontinental. No quisieron mirar abajo. El uno no se lo permitió al otro ni el otro al uno.

Di Livio dejó la Juventus en 1999 y se marchó a Florencia. Ahora viajó hacia el sur. Pero ya era centurión. Ya hacía suyos terrenos tan lejanos unos de otros que asustaban. Ya conquistaba territorios mientras Astérix y su aldea resistían, ahora y siempre al invasor. Con la importancia del cargo que ya ostentaba, cuando la Fiorentina cayó en la bancarrota en 2002 y se refundó, iniciando sus pasos en cuarta división, Di Livio permaneció. Lo necesitaba. Porque unos meses antes cayó derrotado en el Mundial frente al imperio surcoreano en sus ancestrales tierras de Daejeon, en colaboración con el años después detenido árbitro ecuatoriano Byron Moreno por posesión de drogas.

El centurión había perdido. Pero suyo era medio mundo, habiendo iniciado todo adueñándose de la pequeña parcelita de césped que existe por delante de su defensa. Di Livio había hecho real esa figura del centurión romano, tan importante de aquel periodo que marcó la Historia de todos.

Aguerrido, corajudo, profesional. Mediocentro defensivo con fuerza en el sacrificio. Al que más adelante llamarían Soldatino, pequeño soldado, salió de Roma para formarse y ascendió. Geográficamente desde el sur al norte. Militarmente de legionario a centurión.

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Soy maestro pero me llaman profe. Abonado del Getafe desde 2008. De fútbol, baloncesto, F1, viajes e idiomas. Optimista. Last forever. #SoñarEnGrande.

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