Denis Law
Denis Law disputando un partido con el Manchester United. AllsportUK/Allsport

Todo cuento digno de ser contado tiene, por lo menos, un castillo; y todo castillo debe tener su rey. Uno de los castillos más emblemáticos en el cuento del fútbol es, sin lugar a dudas, Old Trafford, el Teatro de los sueños donde ondean orgullosos los pendones del Manchester United; y durante una década larga, al compás de los vibrantes años sesenta británicos, el Rey de Old Trafford fue Denis Law.

Ser rey nunca es fácil. Ser rey en un equipo donde los otros dos caballeros sentados a la mesa redonda son Sir Bobby Charlton y George Best parecería ya material de leyenda. Pero como todos los cuentos, lo mejor es empezar por el principio: 

Denis Law nació en 1940 en Aberdeen, en el noroeste de Escocia. Hijo de un pescador y el menor de siete hermanos, la infancia de Law, enmarcada por las duras condiciones de la posguerra en Gran Bretaña, transcurrió en condiciones muy humildes. Sus primera botas de fútbol, usadas y un par de números más grandes, le fueron obsequiadas por un vecino. Enjuto, estrábico y engafado, el pequeño Denis era objetivo constante de los rudos colegiales de la escuela pública escocesa. Un consejo de su madre para hacer frente a esos abusos se le quedaría grabado como filosofía operandi a la hora de interactuar con las férreas defensivas que le aguardaban en el futuro: “Si te golpean, devuelve el golpe; porque si no, te seguirán pegando”. No es de extrañar que su relación con los árbitros fuera siempre menos que modélica, aunque siempre se ha confesado afortunado (sin poder reprimir con éxito un atisbo de sonrisa cargada de picardía al mencionarlo) ya que sus suspensiones siempre le permitieron -¿coincidencia?- pasar las fiestas navideñas en casa con los suyos, en lugar de disputar balones sobre los gélidos campos invernales de la liga inglesa. 

Law empezó a jugar fútbol por diversión y, teniendo la idea de convertirse en arquitecto, nunca entretuvo seriamente la idea de convertirse en futbolista profesional. A pesar de ello y de no ser, por sus características físicas, una opción demasiado suculenta para los ojeadores de los equipos de la liga inglesa, fue llevado al Huddersfield de la segunda división. El entrenador de aquel Huddersfield era otro escocés que luego conocería la celebridad en el Liverpool: Bill Shankly. La primera reacción del entrenador al ver a su menudo compatriota fue mandarlo directamente de vuelta a casa, opinión que cambió radicalmente después de verlo desempeñarse sobre el césped, donde se caracterizaba por darlo todo y pelearlo todo. Shankly optó por alimentarlo y hacerlo pasar por el quirófano, para remediar respectivamente su desnutrición y su estatismo y, como resultado, Law firmó y debutó con el Huddersfield en diciembre de 1956, a la edad de dieciséis años.

Después de cuatro años en Huddersfield, 55.000 libras -una cifra record para el fútbol británico- convirtieron a Law en jugador del Manchester City. Otra notable figura del balompié británico, el también escocés Matt Busby, que ya había tratado de ficharle cuando estaba en Huddersfield, intentó nuevamente llevárselo a su Manchester United, pero el City le ganó la partida. Law debutó con gol y victoria contra el Leeds United en marzo de 1960, marcando 21 goles en 44 partidos durante su estancia con el equipo celeste.

Las ganas de aventura -y, aparentemente, una noción errónea de que el clima en el norte de Italia era cálido como el del sur y no el que corresponde a un lugar cercano a los Alpes- sedujeron a Law que, en 1961, se convirtió en uno de los primeros jugadores británicos en probar suerte en Italia y firmó por el Torino al son de 110.000 libras; otra cifra récord. La vida en Italia tuvo dos caras muy distintas dentro y fuera del estadio. Mientras que fuera del campo encontraba muy halagüeña la vida italiana, dentro de él nunca estuvo a gusto, no pudiéndose adaptar nunca al catenaccio imperante, el cual consideraba nefasto. En 1962 puso fin a su periplo italiano volviendo al Reino Unido, donde Matt Busby finalmente consiguió llevárselo al Manchester United, rompiendo por tercera vez consecutiva el récord para una transferencia, con un montante de 115.000 libras. El único aspecto positivo para Law de su paso por el país transalpino sería el haberse habituado a los duros marcajes italianos, por lo que adquirió la habilidad de manejarse en espacios más reducidos, lo que le ponía un paso adelante de las más permisivas defensas inglesas.

Su fichaje por el otro equipo mancuniano le reunió con otros dos monstruos del balompié de los sesenta y dos futuros balones de oro: Bobby Charlton, héroe del Mundial de Inglaterra 66, y George Best, héroe condenado geopolíticamente a nunca disputar un mundial, pero uno de los jugadores más vistosos en la historia del fútbol. Los tres formaron un triunvirato épico, bautizado como ‘La santísima trinidad’, que llevó al United a una de las épocas más gloriosas de su historia y que jugó indudablemente un papel importante en su consecución del Balón de Oro en 1964, convirtiéndose así en el primer y único escocés en obtenerlo.

Autor de goles imposibles y en ocasiones disparatados, cual productos salidos de la manga de un prestidigitador, con su calidad de depredador nato ayudó al ManU a ganar la FA Cup en 1963 (el primer título del United después de la tragedia aérea de los Busby Babes en Munich, en 1958) y la liga en 1965 y 1967. Aunque el equipo también se corono campeón de la Copa de Europa en 1968, Law se perdió la final por lesión. El lastre en el desempeño de Law a causa de las lesiones, aunado a la marcha de Busby al final de 1969, empezó a anunciar el declive tanto del delantero aberdoniano como de los mismos Diablos rojos.

VUELTA AL CITY Y CONDENA A LOS DEVILS

En 1973 tomó las riendas del United Tommy Docherty. A pesar de haber llegado al equipo por recomendación del mismo Law, decidió deshacerse del astro escocés, alegando que éste había perdido el interés por jugar (declaraciones que distaron mucho de sentar bien a Law). Así, Law volvió a cruzar la acera y en la temporada 73-74 se volvió a vestir con el celeste del City.

Siempre es motivo de conflicto, animosidad y envidias varias cuando un mismo jugador se enfunda en diferentes momentos de su carrera los colores de dos equipos rivales de una misma ciudad. Ejemplo de la personalidad y carisma de Law es el hecho de que haya logrado mantenerse arropado por la opinión favorable en ambos bandos, perdonándosele incluso el haber contribuido con un gol -producto de un taconazo en el penúltimo partido de la temporada 1973- 1974- al descenso de los diablos rojos, sus ex-compañeros y amigos, a la segunda división. Law, probablemente más víctima de su propio instinto goleador que otra cosa, remató para quedarse, después de ver como el balón se introducía en la portería, inmóvil y cabizbajo, llegando a declarar nunca haber estado tan deprimido por haber anotado un gol, después de 19 años de darlo todo por marcarlos. Tan traumática fue la experiencia que no volvió a jugar para ningún equipo que no fuera su selección, el combinado nacional de Escocia.

El hijo predilecto del fútbol escocés, Denis Law era un Braveheart del siglo XX. Siempre defendió la idea de que jugar para tu país es el honor más grande que puede recaer sobre un futbolista, y respaldaba dicha creencia con su actitud sobre el terreno. Se cuenta que, en partidos internacionales, se convertía en un guerrero que llegaba incluso a negar el saludo a compañeros con los que había compartido vestuario días antes en el Manchester. Tuvo 52 apariciones con Escocia, y es máximo anotador en la historia de la selección escocesa, junto con Kenny Dalglish, con 30 goles, uno de ellos en la célebre victoria por dos goles a tres sobre una Inglaterra recién coronada como campeona del mundo, en Wembley en 1967. Contribuyó a que Escocia llegara al Mundial de Alemania 74, después de una ausencia de 16 años, y fue precisamente la selección escocesa el equipo donde jugó su último partido como profesional, antes de retirarse definitivamente del fútbol en el verano de 1974, contribuyendo así con un clavo más en el ataúd del balompié escocés en la escena mundial.


Patakuás Am Falamh es un nómada geográfico y psicológico que de vez en cuando tiene algo que decir.

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