dream team cruyff
El Dream Team. 1992. Foto: FC Barcelona

Hay veces que la necesidad solo es el motivo por el cual los astros se alinean y se crea la atmósfera ideal y perfecta para que una obra en primer momento incompleta parezca sublime. Si en el pasado del FC Barcelona, mitos mayúsculos como Alcántara, César o Kubala lograron gestas antológicas para el equipo blaugrana, Johann Cruyff consiguió para el Barcelona acabar con todo complejo existente lejos de España. El ex jugador y en 1992 entrenador del primer equipo azulgrana consiguió en el mítico Wembley despejar las dudas con respecto a las posibilidades de los culés para alzar una Copa de Europa. Eran los tiempos de los Guardiola, Koeman o Stoichkov. Era la época del ‘Dream Team’.

El nombre lo bebió el conjunto azulgrana del espectacular equipo de baloncesto de EEUU que presentó el país americano para las olimpiadas, con estrellas como Jordan, ‘Magic’ Johnson o Bird entre otros, y que ganó el oro en Barcelona 92 contra Croacia. El conjunto azulgrana no podía tener mejor denominación que la acuñada por los medios solo unos meses después, tras celebrarse los JJOO en esa misma ciudad. La calidad del conjunto entrenado por Cruyff nada tenía que envidiar a los chicos de Chuck Daly.

LA LLEGADA DEL GUÍA Y DE LA IDEA

El conjunto blaugrana recibía de nuevo el talento de Cruyff en 1988, esta vez como entrenador, unos años después de que el exitoso futbolista neerlandés dejara la disciplina blaugrana de mala gana con la directiva del club. En ese momento, tras pasar por un exitoso pero poco agraciado en títulos Ajax, el ‘Tulipán de Oro’ regresaba a Barcelona para intentar acoplar su idea de juego, iniciada y demostrada en Ámsterdam al servicio de los lanceros, con mucho apoyo y cuidado de la cantera y una firme tendencia al juego ofensivo, muy parejo al desarrollado por Rinus Michels, uno de sus mentores, en su época como jugador en Ajax, Barcelona o en la propia selección de los Países Bajos. Juego profundo, muy centrado a las bandas con extremos muy abiertos e incorporando la mentalidad de trabajar todos para todos en tareas ofensivas y defensivas. El renacer del llamado ‘fútbol total’.

Alineación del Barça en 1992. Foto: sharemytactics
Alineación del Barça en 1992. Foto: sharemytactics

El míster neerlandés recibía una plantilla que el año anterior había quedado muy lejos de sus aspiraciones con Luis Aragonés. A su llegada, la plantilla la componían grandes nombres como Zubizarreta, Migueli o Alexanko, pero la maquinaria de Cruyff exigía muchos fichajes. Se inscribieron jugadores de la talla de Salinas, Milla, Eusebio, Lopez Rekarte o Bakero para crear el equipo que Cruyff tenía en su cabeza para volver a poner al Barça donde merecía. El rendimiento comenzó a remontar ese mismo año, con la segunda plaza en la Liga tras el máximo rival, el Real Madrid de Beenhakker (casualmente es con quien primero trabajó como director deportivo en el Ajax), y conquistando la Recopa de Europa. Nada más llegar, un título europeo y la firme sensación de que las tornas volvían a igualarse.

La temporada siguiente, la 1989/90, el FC Barcelona volvía a la competición con bastantes caras nuevas y algunas que se fueron del Camp Nou. Entre las llegadas, nombres destacables como Laudrup, Koeman o Guardiola, jugador que él mismo seleccionó de la cantera blaugrana. En las salidas, destacaron Lineker, de capa caída desde la salida de Venables en la 87/88, el fallido ‘Romerito’ o el ya veterano Migueli, que casi no contó para el entrenador neerlandés. Con un once inicial con la calidad de Laudrup, Milla, Amor o Bakero en la creación y una poderosa delantera formada por los vascos Salinas y Beguiristain, el Barça de Cruyff esa temporada prometía mucho más de lo que finalmente consiguió. Solo un discreto tercer puesto y el único trofeo de Copa del Rey, conseguido ante el eterno rival madridista, que finalizaría con una diferencia de dos goles a cero, marcados por Salinas y Amor.

LA CULMINACIÓN DE UN SUEÑO

Los años noventa llegarían a Can Barça como un soplo de aire fresco. En la temporada 90/91, el Barcelona incorporaba a su ya de por sí gran plantilla a Stoichkov, Goikoetxea, Ferrer o Angoy y se despedía de piezas como Milla, castigado por Cruyff al no querer renovar con el conjunto azulgrana, o el vallisoletano Onésimo, que no se adaptó a las exigencias de Cruyff a pesar de su tremenda calidad en el regate. A pesar de que en esta temporada se ganó la Liga por primera vez, el curso estuvo marcado por la baja de Cruyff en la jornada 32 aquejado de un infarto. Rexach, segundo de Johann, se hizo cargo y consiguió en las últimas seis jornadas, el bien rendimiento que había llevado el conjunto azulgrana en todo ese año.

Pero fue en la 1991/92 cuando el Barça del ‘Dream Team’ carburó todo lo deseable. La Liga, la Supercopa de España y la Champions League llegaron para el conjunto azulgrana en ese mismo año. Con Cruyff recuperado (y con sus Chupa-Chups preparados, en ausencia del perjudicial tabaco) y con una plantilla de ensueño, el Barcelona se enfrentaría a su mejor temporada. Pocas altas, con Nadal, Cristóbal, Witschge y Juan Carlos y con las salidas de gente como López Rekarte, Julio Alberto o Soler, el Barcelona compuso una sinfonía que volvía a deslumbrar al fútbol español y europeo. Con un joven al cargo de la sala de máquinas llamado Guardiola ya asentado en el equipo, Koeman dirigiendo desde la posición de libre y una delantera de ensueño, con Salinas, Beguiristain y Stoichkov, el juego que hacía el equipo azulgrana sabía cómo herir a cada rival.

El miedo no iba con ellos. Juego vertical y capacidad para sobreponerse a los muy habituales goles rivales, tal y como anunciaba su entrenador: “si nos meten tres, meteremos cuatro”. La filosofía de ataque elevada a su máxima potencia y un espíritu de superación y perseverancia ilustrada en dos momentos de dos partidos distintos. El primero, el 6 de noviembre de 1991, día en el que el Barcelona se enfrentaría al Kaiserlautern alemán, en un partido en el que el resultado adverso de 3 a 0 cerraba la puerta europea a los culés. Pero una gesta de Bakero, de cabeza, ponía el gol necesario que será recordado siempre como la puerta a Wembley (tal y como pasó años después, con Guardiola siendo entrenador e Iniesta forzando el resultado favorable, frente al Chelsea con el tremendo golazo de Stamford Bridge), a pesar de los partidos restantes que aún quedarían por jugar. El otro momento inolvidable se daría en el minuto 112 de un 20 de mayo de 1992, en el estadio de Wembley, frente a la Sampdoria de Boskov, momento en el que un trallazo de Koeman, tras falta cometida sobre Eusebio se colaba por el palo derecho de Pagliuca y sentenciaba el partido y el título a favor del equipo azulgrana. Barcelona volvía a estar en los mapas futbolísticos de Europa.

Foto: fcbarcelona.es
Foto: FC Barcelona

LA CAÍDA, DESDE EL CIELO, DUELE MUCHO MÁS

Tras esa final, el Barcelona era más que nunca el equipo de ensueño que siempre se había soñado. Ni los citados Kubala, César o Alcántara fueron suficientes para poder aspirar  a lo que en ese momento el Barcelona estaba dispuesto a no dejar escapar. Sin embargo, la alegría europea parecía haberse desvanecido solo una temporada más tarde, siendo eliminados por el CSKA en casa y no pudiendo aspirar al título. No solo fue esa la debacle que hundió al ‘Dream Team’ de Cruyff en Europa y es que el destino tenía algo más duro reservado para los del técnico neerlandés. En la temporada 93/94 el Barcelona llegaba a otra final, esta vez contra los pupilos de Capello en un Milan que venía convenciendo con jugadores jóvenes y con gran calidad, apoyados muchos de ellos en la escuela neerlandesa que el mismo Cruyff instauró años antes a través del Ajax. Jugadores como Gullit o Rijkaard (que ganaría la siguiente Champions para el Barça como entrenador en 2006) destacaban pero no asustaban en el equipo ‘rossonero’. El Barça de esa temporada, con Romario, Nadal, Koeman, Guardiola o Zubizarreta se confió y encajó un doloroso cuatro a cero del conjunto de Sacchi. Un severo correctivo que ponía a directiva y a técnico en los preámbulos de un difícil pulso que duraría poco. Solo cuatro años más tarde de conseguir la primera Champions League de la historia blaugrana y tras otros dos campeonatos de Ligas, otra Copa del Rey y una Supercopa de España y de Europa, Cruyff dejó el Barcelona por desavenencias con la directiva y tras propiciar con sus decisiones el desastre europeo que se dio en Atenas.

Un equipo de ensueño que terminó por desvanecerse en el tiempo, dejando los recuerdos de un pasado mejor a un club que hasta 2006 no encontró el camino de regreso para conseguir de nuevo la máxima competición europea en París, a los mandos de uno de sus verdugos ese trágico 18 de mayo de 1994. Aprendidos los errores, el Barcelona no abandonaría más por demasiado tiempo el estilo que Cruyff dejó en herencia, permitiendo entre otras muchas cosas, que el Barcelona haya ganado grandes títulos y gestas gracias al trabajo de cantera iniciado por Laureano Ruiz y Johann Cruyff durante esa época en los años 80 y 90. Títulos y jugadores apoyados en un estilo vivo en las piernas y en las escuelas del Barcelona, como insignia y bandera de lo que hoy, aún, se sigue enseñando.

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