La obra del escritor Eduardo Galeano es una de las paradas claves para entender la historia de Latinoamérica. El periodista y dibujante, entre otros oficios, escribió ‘Las venas abiertas de América Latina’ en 1971 y también es autor de una especie de Biblia en la literatura futbolística: ‘El fútbol a sol y sombra’. En este libro, publicado en 1995, el genio uruguayo distingue entre el hincha y el fanático dedicándoles un relato especial a cada uno.

fragmento el hincha galeanoGaleano explica el episodio semanal en el que la escuadra de los amores cita en el estadio al aficionado: “Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos”.

Por otro lado, la siguiente definición argumenta la distinción: “El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua.”

Y sigue: “El fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta, erizado de objetos estridentes y contundentes, y ya por el camino viene armando mucho ruido y mucho lío. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso.”

Cuando la pelota echa a rodar, las posturas y prioridades de unos y otros también varían. “Rara vez el hincha dice: ‘hoy juega mi club’. Más bien dice: ‘Hoy jugamos nosotros’. Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música”. Mientras que el fanático “en estado de epilepsia mira el partido, pero no lo ve. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla. La sola existencia del hincha del otro club constituye una provocación inadmisible. El Bien no es violento, pero el Mal lo obliga. El enemigo, siempre culpable, merece que le retuerzan el pescuezo. El fanático no puede distraerse, porque el enemigo acecha por todas partes.”

Hinchada y fanatismo comparten elementos que dan color, vida y energía al fútbol. Sin embargo, hay que saber diferenciar entre unos y otros y entender el daño que el fanatismo futbolero/político está haciendo al fútbol y, por ende, a la sociedad.

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