final champions league 1999 manchester united bayern munichÉxtasis. Euforia desbordada. Un ejército de valerosos guerreros vestidos de rojo celebran desatados el triunfo de sus vidas. Acaban de remontar una final de la Champions en apenas minuto y medio. El Mini Estadi, sobresaltado por el estruendo provocado por treinta mil gargantas, busca con la mirada a su hermano mayor, el Camp Nou. Hoy en día se cuenta que hasta la estatua de Cristóbal Colón, situada al final de la Rambla, junto al puerto y a cinco kilómetros, cobró vida y se giró presa del impacto, tal era la magnitud de los decibelios generados por los aficionados ingleses.

Para el Mini es fácil adivinar lo que ha pasado, aunque no pueda verlo. Minutos antes miles de alemanes cantaban felices creyéndose vencedores. Pero en dos minutos mágicos, los que van del 90′ al 92′, el panorama ha dado un giro de 360 grados. Un final de película ha sorprendido a propios y  extraños. Resulta increíble como en la vida se puede pasar de la nada al todo, o viceversa en un corto espacio de tiempo. Tan corto como esos 90 segundos frenéticos que separaron el exiguo 0-1 con el que Bayern de Múnich despachaba al Manchester United sobre el césped del estadio del FC Barcelona, del 2-1 final.

En efecto, los red devils habían derribado en un visto y no visto a una fortaleza que parecía infranqueable. De pronto el férreo ejército bávaro, disciplinado y poderoso, claudicaba ante el orgullo y la fe de los ingleses, que con la batalla perdida tiraron de épica para dar la vuelta a la contienda. De pronto, tras el gol de ese animal de área que era Ole Gunnar Solskjaer, un grupo de hombres recios (en su gran mayoría germanos) caían al suelo fulminados por el dolor de perder una final de la Champions en inverosímiles circunstancias. Increíble era ver al árbitro Pierluigi Collina levantando a esos hombretones, abatidos por la derrota. Como increíble era ver llorar como niños a Kuffour, o al gigante Carsten Jancker. De pronto los alemanes ya no eran temibles, eran humanos y hasta perdían (Lineker te equivocaste).

El Manchester United conquistaba la segunda Copa de Europa de su historia, primera bajo la denominación de Liga de Campeones. Lo hacía 31 años después de aquella lograda por los Best, Law, Charlton y cia frente al Benfica (4-1). Y lo hacía, además, el día en el que Sir Matt Busby, padre de la generación de los Busby babes, hubiera cumplido 90 años. También era la primera Champions de un club inglés tras la tragedia de Heysel, cuya sanción posterior había sumido a los conjuntos de la Isla en unos años de aislamiento internacional y depresión deportiva.

TRAVESÍA HACIA BARCELONA 

Los dos rivales en la final del 26 de mayo de 1999, disputada en Barcelona, tuvieron un camino complicado hasta llegar a esta cita. Tanto muniqueses como mancunianos tuvieron que disputar una fase previa para acceder a la liguilla, puesto que los dos fueron segundos en sus respectivas ligas domésticas la temporada anterior. Unos y otros pasaron este ‘trámite’ sin apuros. (5-1 para los teutones en el global frente al FK Obilic y 2-0 para los ingleses ante el LKS Lodz). Después, el azar del sorteo deparó un emparejamiento entre ambos clubs en la fase de grupos. Barcelona y Brondby completaban el denominado “grupo de la muerte”.

El Man United visitó Múnich el 30 de septiembre de 1998 (segunda jornada) y allí, en el Olympiastadion, arañó un meritorio empate a dos gracias a los goles de Yorke (delantero procedente del Aston Villa que había fichado Ferguson por unos 12 millones de libras aquel verano) y Scholes. Elber y Sheringham en propia puerta, anotaron por parte de los locales. El 9 de diciembre los bávaros viajaban hacia Old Trafford para cerrar la liguilla, con la tranquilidad de que puntuando asegurarían la primera plaza. Y eso fue lo que pasó, la igualada final (1-1) clasificó al Bayern como primero del grupo con doce puntos, y al United como segundo con diez . El tanto de Roy Keane en este partido bastó para dejar en la cuneta al Barça (ocho puntos).

Beckham y Yorke fueron los grandes protagonistas de este tramo inicial de competición, el primero por sus asistencias y centros sedosos y el segundo por sus goles. Hasta un total de cinco sumó el alegre delantero de Trinidad y Tobago. Becks cuajó la que probablemente fue la mejor temporada de su vida contra viento y marea, pues había sufrido el ataque despiadado de afición y prensa tras su infantil expulsión contra Argentina, en los octavos de final del Mundial 98, disputado en Francia.

En cuartos el bombo del sorteo ofreció suerte dispar para ambas entidades. El Bayern fue afortunado pues quedó emparejado con sus compatriotas del Kaiserslautern a los que vapulearon por un agregado de 6-0. El Manchester United tuvo que medirse al temible Inter de los Simeone, Ronaldo, Zamorano, Djorkaeff o Roberto Baggio. La eliminatoria quedó encarrilada en el partido de ida con los dos goles de Yorke en ‘El teatro de los sueños’ pero en el Giuseppe Meazza, Ventola generó incertidumbre hasta que llegó Scholes para sellar el pase en los minutos finales.

Las semifinales, por contra, fueron mucho más sufridas tanto para unos como para otros. Dynamo Kiev y Juventus pusieron en aprietos a alemanes e ingleses respectivamente (4-3 de global en los dos casos). Especialmente reseñable fue el duelo de vuelta en Delle Alpi donde la Vechia Signora abrió brecha en el marcador con dos dianas de Filippo Inzaghi en los primeros 11 minutos. Keane, Yorke y Cole obraron la inolvidable remontada. La mala noticia para los de Ferguson fueron las tarjetas amarillas a Scholes y el capitán Keane, que les impedirían disputar el ansiado choque de Barcelona.

LOS ALEMANES TAMBIÉN LLORAN

El 26 de mayo a las 20.45 horas, Bayern y Manchester United se citaban con la historia. Veintitrés años sin alzar la ‘Copa de las copas’ para los primeros. Más larga aún la espera para los segundos, que contaban 31 primaveras desde aquella que conquistó ‘Sir’ Bobby Charlton, presente esa noche en el palco del Camp Nou. El clima primaveral invitaba a vivir una gran fiesta futbolística. El Manchester actuaba de local con su equipación roja, la de toda la vida. Por su parte el Bayern decidía castigar la vista de los espectadores con un cierto sentido estético: la equipación gris metalizada con ribetes granate que lució aquel día pasará a la historia como una de las más feas que haya lucido un equipo durante una final.

Mario Basler firmaba el primer capítulo del partido al abrir el marcador en el minuto 6 (0-1). El internacional germano batía a Peter Schmeichel con un inteligente lanzamiento a balón parado cercano a la frontal del área. Babbel, situado en el extremo de la barrera, colaboró en la tarea al agacharse para dejar pasar la pelota, lo que sorprendió al guardameta danés, quien no pudo reaccionar a tiempo: dio un paso en falso hacia el palo cubierto y el remate le pilló a contrapié.

Ese gol ofreció la excusa perfecta al Bayern para arriesgar poco durante la primera mitad. Orden, disciplina defensiva y búsqueda del contragolpe, fueron las armas del conjunto de Hitzfeld hasta el descanso. El United gozó de mayor porcentaje de posesión pero no tenía claro como hacer daño a su rival. Beckham, mediocentro de circunstancias, caía una y otra vez en la tentación de cruzar balones hacia Giggs o Blomqvist en los costados o de forma frontal hacia Cole o Yorke. Ni los extremos ni la pareja atacante sacaban provecho del guante en la diestra del internacional inglés pues la defensa bávara defendía con eficacia. El recurso del juego directo se hizo una constante en esos minutos y Ferguson tuvo que buscar la fórmula para crear ocasiones en la segunda mitad.

Hitzfeld ordenó a sus jugadores que buscaran las cosquillas del ManU al comienzo de la segunda mitad y casi consiguieron poner tierra de por medio con una ocasión de Jancker que desbarató Schmeichel. Después, Basler quiso sorprender al ‘gran danés’ desde prácticamente la línea divisoria de los dos campos. La cosa iba de mal en peor para el United. No sólo no encontraba la fluidez ni las ocasiones para empatar, sino que su rival estuvo muy cerca de marcar en un delicado remate de Scholl que se estrelló en el palo. Effenberg también se descolgó hasta la frontal para chutar desviado. El Bayern era merecedor de un segundo gol que hubiera sentenciado el encuentro. En el lado contrario Blomqvist, ausente durante toda la noche, no pudo conectar con garantías un buen centro de Giggs desde el costado derecho.

Nada más hicieron los ‘diablos rojos’ hasta que ingresó en el campo Teddy Sheringham en el 67′, sustituyendo al centrocampista sueco. Poco después, a diez del final, Ferguson dio entrada a su supersub Solskjaer. La incorporación del delantero noruego varió el panorama considerablemente y nada más entrar al terreno de juego avisó de sus intenciones conectando un testarazo que no pilló por sorpresa a Kahn. El guardameta, que apenas había tenido que intervenir hasta entonces, volvió a reaccionar con sobriedad para atrapar un remate de Sheringham tras una excelente dejada con el tacón de Ole.

Entre medias de ambas acciones, Jancker pudo liquidar el trabajo iniciado por Basler en la primera mitad, pero su disparo de chilena se topó de nuevo con el larguero de la portería defendida por Schmeichel, quien por cierto había anulado antes los intentos de Effenberg y Scholl. El portero nórdico y la madera sostuvieron al United, que pese a su inferioridad llegó a los cinco minutos finales del encuentro con vida. Después de otro cabezazo de Solskjaer blocado por Kahn, el partido agonizaba. Se cumplían los noventa y el cuarto arbitro mostraba tres de añadido. Justo entonces, Gary Neville forzó un córner en el costado izquierdo. Subió Schmeichel en busca del imposible, ya no había nada que perder. Beckham lo sacó con la dulzura que le caracterizaba, lo peinó hacia atrás Cole y Fink se quitó el balón de encima como pudo. En la frontal lo cazó Giggs quien remató de forma defectuosa con su pierna derecha, (no importa, su zurda vale por dos) para acabar asistiendo a Sheringham, que intuitivamente llevó el balón a la red libre de marca (1-1). Scholl le concedió la ‘chance’, apartándose cuando el esférico venía hacia su posición.

La locura colectiva de los supporters del United se apoderó del ambiente. Todo era posible en esos segundos de delirio. Los alemanes, cansados y temerosos, concedieron otro córner. Más bien lo ganó Solskjaer, con su habilidad para aguantar la pelota y su intencionado centro. Otra vez Beckham era el encargado de envolver el balón hacia la cabeza de un Sheringham que se elevó sobre todos con una fe que mueve montañas. Su venenoso cabezazo fue desviado hacia la red en el área pequeña por su compañero Ole Gunnar. Un giro de tobillo y un balón directo hacia la gloria (2-1). Entonces sí, el ejército red devil y su tropa de seguidores estalló consciente de que habían hecho historia. Los alemanes (sí, Lineker) lloraban desconsolados tendidos sobre el suelo, abatidos, incrédulos, derrotados. Y Matthäus desde el banquillo entraba en trance, lamentando su mala suerte, pues se le resistiría para siempre la Copa de Europa. Aquellos osados ingleses cambiaron la historia en noventa segundos mágicos.


FICHA TÉCNICA

Liga de Campeones 1998/1999 (Final):  Manchester United 2 – 1 Bayern Múnich 

Árbitro: Pier Luigi Collina (ITA)

Incidencias: Por parte del Bayern, amonestó con tarjeta amarilla a Stefan Effenberg (m. 60).

ALINEACIONES

MANCHESTER UNITED: P. Schmeichel (c), G. Neville, R. Johnsen, J. Stam, D. Irwin; R. Giggs, D. Beckham, N. Butt, J. Blomqvist (T. Sheringham m.67); D. Yorke, A. Cole (O. Solskjaer m.81). Director técnico: Alex Ferguson.

BAYERN MUNICH: O. Khan (c), M. Babbel, T. Linke, L.Matthäus (T. Fink m.80), S. Kuffour, M. Tarnat; S. Effenberg, J. Jeremies; Mario Basler (H. Salihamidzic m 90), C. Jancker, A. Zickler (M.Scholl m.71). Director técnico: Ottmar Hitzfeld.

GOLES

M. Basler (0-1, m. 6), T. Sheringham (1-1, m. 91), O. Solskjaer (2-1, m. 93).

 

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Autor de Leyendas de la Premier y de Ivan Rakitic. Análisis e historia NBA en @EspacioDeBasket y @RDTNBA. Periodismo y Literatura.

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