final-liga-de-campeones-2004-porto-monacoHabía algo en aquel hombre. Perder aquella final no parecía una opción. El 26 de mayo de 2004 el Oporto ganaba su segunda copa de Europa tras vencer por 0-3 al Mónaco. Contendientes tal vez más propios de una Copa de la UEFA, pero que en aquel año superaron todos los escollos para jugar el partido más importante en la historia de ambos equipos. Fue la primera Champions de Mourinho. El inicio de su leyenda y de su obsesión.

Aquella fue la primera edición en la que se puso fin a la tediosa segunda fase de grupos en favor de la eliminatoria de octavos de final. El Oporto llegó al partido decisivo tras haber eliminado al Manchester United, al Olympique de Lyon y al Deportivo de la Coruña. Para el fútbol español aquel año fue el del súper Depor. Tras eliminar al todopoderoso Milan, los gallegos cayeron en el sudoku de Mourinho. Obligados a un partido de vuelta sin su mejor central después de que Andrade le diese una patadita cómplice a su amigo Deco que el árbitro interpretó como una agresión. “Es mi amigo, es mi amigo” le lloraba Andrade al colegiado para hacerle entender. Esa fue la anécdota de 180 minutos sin posibilidad para hacer un gol.

El Mónaco llegaba por su parte tras superar al Lokomotiv de Moscú, al Real Madrid y al Chelsea. Un Fernando Morientes, cedido por el Real Madrid tras la llegada de Ronaldo, se convirtió en el máximo goleador de la competición y líder de un equipo en la mejor temporada de sus historia.

morientes final champions league 2004 oporto monacoSOLO UN EQUIPO SOBRE EL CAMPO

Todo recordaba a una celebración de segundo orden. Ni París, Ni Roma… la final se celebraba en Gelsenkirchen. Alemania empezaba a lucir los estadios de la Copa del Mundo que celebrarían dos veranos después. La final tampoco será recordada por el fútbol que ofreció. La madeja táctica que el Oporto ya había desplegado ante el Deportivo de la Coruña se la llevó tal cuál a la final. El Mónaco no tiró ni una vez a portería en toda la final.

Todo estaba preparado de alguna manera para que el Oporto ganase. Hasta la fortuna. En el minuto 23 el capitán del Mónaco, Ludovic Giuly, tenía que abandonar el campo, aunque le sustituía otro de los jugadores más destacados en la temporada del equipo monegasco, el croata Dado Prso. Pero no era lo mismo, con él el equipo ganaba altura y podía aguantar mejor el balón. Pero esas disciplinas las dominó sin problemas el Oporto, mucho más cómodo sin tener que estar pendientes de la velocidad de Giuly. Con secar a Jerome Rothen le bastó a los portugueses para que a Morientes y a Prso no le llegase ni un solo balón en condiciones en todo el partido.

Fue un partido que exaltó las virtudes que Mourinho llevaría al máximo en el Chelsea y el Real Madrid. Un prodigio defensivo y muy contundente en ataque. No era el Oporto un equipo que atacase todo el rato, pero que sí atacaba bien. Tres veces llegó a puerta con claridad y en las tres el gol fue el resultado.

Con los dos equipos guardando muchas precauciones tácticas, fue el Mónaco quien trató de llevar la iniciativa del juego, lo intentaron especialmente tratando de buscar balones largos a la espalda de la defensa. La estrategia funcionó a la perfección y los delanteros del Mónaco no paraban de caer en fuera de juego.

En un aparentemente infosensivo centro lateral, ninguno de los dos centrales acertaron a despejar y Carlos Alberto mandó el balón en una media volea al fondo de la red. Uno de esos remates tan poco ortodoxos que no sabe uno si es ingenio o casualidad. A partir de ahí se acabó el partido. Si ya era difícil jugarle a ese Oporto en cualquier circunstancia hacerlo con el marcador a favor se convertía en un reto descomunal.

A partir de ahí el Mónaco lo intentó, el Oporto dejaba llegar, pero dominando los espacios y sin sufrir sobresaltos. En tramos del partido recuperaba la pelota y la amasaba en el centro del campo. Se jugaba a lo que Mourinho quería.

En el minuto 71 Deco finalizaba una contra de los portugueses desde las cercanías del punto de penalti con la frialdad y la precisión del mejor cirujano. Se acabó el partido. Cuatro minutos después un Alenitchev recién incorporado al campo sentenciaba el partido tras otra contra. Un partido sin más historia que la que quiso plantear Mourinho.

Mourinho sonríe tras su primera Champions. Foto: http://es.uefa.com/
Mourinho sonríe tras su primera Champions. Fotografía de UEFA

Pero aquella final, más que por el partido que fue quedará en el recuerdo por las historias que cerró y las que comenzó a construir. Fue el primer gran hito de Mourinho como entrenador, el primer gran título del entrenador portugués, uno de los mejores de esta primera parte del siglo XXI. También dejó huella la alineación inicial del Oporto, con diez portugueses en sus filas. Época dorada de una selección que celebraría un mes después la Eurocopa. Aquella vez la fortuna les fue esquiva, y fueron derrotados en la final por Grecia. De entre aquellos lusos del Oporto destacó por encima de todos Deco, que marcharía al Barcelona para ser uno de los arquitectos del Barça de Rijkaard. El primer gran Barça de la última década de hegemonía en el fútbol europeo.


FICHA TÉCNICA

Liga de Campeones 2003/2004 (final): AS Monaco 0 – 3 FC Porto.

Estadio: Arena auf Schalke (62.000 espectadores)

Arbitro: Kim Milton Nielsen (DEN) con Jens Larsen (DEN) y Joergen Jepsen (DEN) de asistentes.

Incidencias: Amonestó a Nuno Valente (m. 29), Carlos Alberto (m. 40) y Jorge Costa (m. 77) por parte del FC Porto.

ALINEACIONES

AS MONACO: Roma, Ibarra, Rodriguez, Givet (71’ Squillaci), Evra, Zikos, Cissè (63’ Nonda), Bernardi, Giuly (23’ Prso), Rothen, Morientes. DT. Deschamps

FC PORTO: Vitor Baia, P. Ferreira, J. Costa, Ricardo Carvalho, Nuno Valente, Costinha, Maniche, Pedro Mendes, Deco (84’ Pedro Emanuel), Carlos Alberto (60’ Alenitchev), Derlei (77’ McCarthy). DT. Mourinho

GOLES

Carlos Alberto (0 – 1, m. 39), Deco (0 – 2, m. 71), Alenichev (0 – 3, m. 75).

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Licenciado en Periodismo por la Univerisdad Carlos III de Madrid. Trabajo en ABC desde 2012. Actualmente redactor en la sección de España.

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