final mundial 1962 brasil checoslovaquia“Maestro, ¿cuándo es la final?”, le preguntó Garrincha a Aymoré Moreira, seleccionador de Brasil, justo antes de la del Mundial de Chile ‘62. “Hoy”. “Ah, con razón hay tanta gente…”. Ante más de 68.000 personas y 90 minutos después, la ‘canarinha’ vencía a Checoslovaquia por 3-1 y se coronaba campeón del mundo por segunda vez. En el choque de dualidades, artistas contra proletarios, individualidades contra colectivo, improvisación contra táctica… Se impuso el arte frente a la disciplina.

Desposeída del atuendo azul que le había acompañado durante el torneo y ya con su casaca amarilla, Brasil saltó aquel 17 de junio al campo del Estadio Nacional de Santiago de Chile dispuesta a defender su corona conquistada cuatro años antes, en Suecia, donde enterraron por fin el espíritu del Maracanazo. Ocho de aquellos hombres, a excepción de Mauro, Zózimo y Amarildo, habían sido campeones en 1958. Además, Moreira requirió sólo de doce jugadores durante todo el torneo, y sólo por la obligación de suplir a Pelé, lesionado precisamente ante Checoslovaquia en el segundo partido de la primera fase. No volvería a jugar en aquel Mundial.

Enfrente, un mundo que luchaba por imponerse en plena Guerra Fría. Checoslovaquia, que en la fase de grupos había sido la única capaz de arrancar un punto ante Brasil (0-0), se convirtió en el representante del bando comunista, que en otra dura lucha con la FIFA consiguió imponer al soviético Nikolaj Latychev como colegiado del encuentro. Brasil, en cambio, permanecía ajeno a la lucha de sistemas.

Pelé había caído lesionado en el segundo partido del torneo y Garrincha pasó a centrar todas las miradas, en un paso por el campeonato sólo comparable al de Maradona en México ‘86. Dejó dos goles de recado a Inglaterra en cuartos de final y otros dos a Chile en semifinales. Al día siguiente de aquel partido, El diario chileno El Mercurio abría su portada con un tributo al ‘ángel de las piernas torcidas’: “¿De qué planeta procede Garrincha?”.

Todo esto lo sabía bien el combinado europeo, camiseta blanca y pantalón rojo, que en el partido definitivo se preocupó de acumular jugadores en el lado izquierdo de su defensa; el de Botafogo traía demasiado peligro. Garrincha pudo jugar a pesar de una patada a Rojas en semifinales por la que tuvo que abandonar el campo; el árbitro asistente que había visto la agresión, que debía ratificar lo escrito en el acta, había emprendido el regreso a su tierra y la FIFA, sin poder confirmar lo ocurrido, decidió dejar jugar a Garrincha, que sin Pelé, era ahora el centro de la admiración de los espectadores.

El combinado brasileño sin Pelé, lesionado
El combinado brasileño sin Pelé, lesionado

Aunque sin grandes figuras de su lado, a excepción de Josef Masopust, que sería Balón de Oro ese año, Checoslovaquia era acreedora por derecho de una final que había alcanzando desplegando un juego sólido en defensa, valiente, sin adornos pero efectivo. Y en la final de Santiago no renunciaron a ello. Dominaron durante el primer cuarto de hora, desplegándose por el campo y tratando de sorprender al equipo sudamericano desde segunda línea.

Contra todo pronóstico, Masopust adelantó a Checoslovaquia al cuarto de hora al aprovechar un pase en profundidad de Popuschal y batir por bajo a Gilmar ante la salida del guardameta brasileiro. Igual que en Suecia ’58, los brasileños comenzaban perdiendo.

Poco le duró la ventaja a los de Rudolf Vytlacil, que dos minutos después recibían el tanto del empate; Amarildo, sustituto de Pelé desde su lesión, apuró la línea de fondo, se deshizo del centrocampista Kvasnak y el lateral Tichy y se plantó ante el arquero. Schroif, en su intención de tapar el pase de la muerte, dejó un hueco para que el delantero, casi sin ángulo, la colase entre portero y portería.

Fue el comienzo del dominio de los brasileños, que comenzaron a ser conscientes de dónde moraban las debilidades de su adversario. Sin embargo, hasta el descanso, el duelo se convirtió en una sucesión de intentos por sorprender desde fuera del área. Sólo Pospischal era capaz de desbordar a la zaga rival, mientras que Brasil buscaba una y otra vez la entrada por el carril central, donde se estrellaba a cada intento con los centrales checos.

CHECOSLOVAQUIA INTENSIFICA EL MARCAJE A GARRINCHA

Durante la primera mitad, a pesar de estar marcado hasta por dos o tres hombres, Garrincha había conseguido zafarse una y otra vez y todas sus jugadas de banda acababan en centro. Vytlacil identificó el problema y sumó un jugador más para tratar de neutralizarle. Al lateral izquierdo Novak, el mediocentro Masopust y el extremo Jelinek se unió también el centrocampista Kvasnak. En los segundos cuarenta y cinco minutos, el peligro de Garrincha quedó prácticamente reducido a la nada.

La solución pasaba por otro lado. Con medio equipo volcado en la banda de la ‘Alegria do Povo’, el perfil opuesto era un correcalles. Ya en el minuto 69, Amarildo pone un centro bombeado para que Zito remate de cabeza; medio gol también es de Vavá, que se encarga de arrastrar rivales al primer palo.

Sólo dos jugadas polémicas se dejaron ver en el encuentro, ambas con los mismos protagonistas. En la segunda parte, Sherer asiste de cabeza a Jelinek y su disparo es desviado por la mano extendida de Djalma Santos dentro del área. El colegiado soviético, cerca de la jugada, no pita nada. Sí señaló falta, pero fuera del área, una acción idéntica en el 79, cuando el balón rebota en el brazo del lateral brasileño ya dentro de la línea blanca.

Mauro levanta la copa Jules Rimet
Mauro levanta la copa Jules Rimet

Brasil comienza a saborear el bicampeonato, pero todavía falta la sentencia. En el 78, tras un saque de banda de Garrincha hacia Djalma Santos, que centró al corazón del área, el portero checoslovaco, cegado por el sol, deja el balón a sus pies para que lo recoja el pícaro Vavá, que daba el segundo título de campeón al combinado sudamericano.

Con una calidad incontestable en el campo, la final se había decidido, curiosamente, más por errores que por acciones prodigiosas, en una época en la que los partidos eran de continua ida y vuelta. Por ellos, Checoslovaquia había perdido la oportunidad de resarcirse del duelo definitivo de 1934, cuando cayeron ante Italia.

Pocos minutos después del pitido final, Mauro era el encargado de recoger la Copa Jules Rimet de manos del presidente de la FIFA, Stanley Rous. Seis partidos, cinco victorias, un empate y 14 goles a favor y cinco en contra después, Brasil volvía a levantar la Copa, un doblete consecutivo que nadie ha podido repetir desde entonces.

El público chileno, que aunque desde el principio se había entregado a la escuadra sudamericana hacia el final del partido le pitó por considerar que perdía tiempo, aplaudió enfervorizada al rey, que conservaba el cetro. Mientras celebraban el título en el campo, a Garrincha se le acercó un periodista: “Por favor, dos palabras para este micrófono”. “¿Dos palabras? Adiós, micrófono”. Era el triunfo despreocupado del amateurismo.


FICHA TÉCNICA

Mundial de Chile 1962 (Final): Brasil 3 – 1 Checoslovaquia.

Estadio: Estadio Nacional de Santiago (68.974 espectadores).

Árbitro: Nikolaj Latychev (URSS).

ALINEACIONES

BRASIL: Gilmar; Djalma Santos, Mauro, Nilton Santos; Zito, Zózimo; Garrincha, Didí, Vavá, Amarildo y Zagalo. Seleccionador: Aymoré Moreira.

CHECOSLOVAQUIA: Schroif; Tichy, Popluhar, Novak; Pluskal, Masopust; Pospichal, Scherer, Kadraba, Kvasnak y Jelinek. Seleccionador: Rudolf Vytlacil.

GOLES

Masopust (0-1, min.15); Amarildo (1-1, min.17); Zito (2-1, min.69); Vavá (3-1, min. 78).

 

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