final mundial 1966 inglaterra alemaniaEl año en el que la carrera espacial entre los EEUU y la URSS alcanza su punto culminante en busca de ir a la luna. El año en el que el que fuera ministro de Turismo de aquella España casposa y gris, Manuel Fraga, nos enseñaba lo elegante que era llevar un bañador hasta las axilas en Palomares. El año en el que John Lennon afirmaba en una malintencionada entrevista en el Evening Standard que los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Ese mismo año, daba el paso a la madurez la competición que realmente se convertiría en algo más famoso que el Mesías, La Copa del Mundo.

El Mundial llegaba a Inglaterra, la cuna del fútbol, el país donde empezó todo, el país donde se creó el juego más importante de la historia. Para celebrar el centenario de la creación de la Federación Inglesa, la FIFA decidió otorgar la organización de la Copa del Mundo al país británico.

Todo empezó mal, los equipos africanos boicotearon la competición, ya que el máximo organismo internacional obligaba al campeón de la zona de la CAF debía jugar ante el campeón de Oceanía o Asia. Los mandatarios africanos estimaron que eso era injusto y decidieron no acudir a la cita. La FIFA cambió la regla para el siguiente Mundial en México.

El 20 de marzo, sucedió lo inexplicable, el trofeo Jules Rimet fue robado de una exposición en el Central Hall de Westminster. Al día siguiente, un perro se convirtió en el personaje más famoso de Inglaterra, Pickles descubrió el pequeño trofeo de oro macizo envuelto en papel de periódico en un seto de un parque del sur de Londres. El dueño fue recompensado con 6.000 libras.

Aún con todos estos contratiempos, la Copa del Mundo de Inglaterra marca el inicio del fútbol moderno, algo que se confirmaría en México 70’.

Los ingleses siempre a la cabeza de las últimas tendencias en cultura y espectáculos; solo hace falta echar un vistazo a su aportación a la música para confirmar esta percepción, hicieron de su Copa del Mundo todo un producto para ser vendido al planeta.

Ejemplo de ello fue la creación de la primera mascota del Mundial, el león Willie, que se paseaba por las calles de Londres vestido con la ‘Union Jack’. Willie supuso el inicio del ‘merchandising’ en la Copa del Mundo, además de ser un pionero. ¿Qué sería de los españoles sin las míticas camisetas de nuestra querida mascota Naranjito?

Inglaterra 66’ supuso todo un avance en cuanto al modelo de venta del deporte rey. Este Mundial fue retransmitido para todo el mundo, casi 400 millones de personas tuvieron la oportunidad de ver en directo el evento. Además, se introdujeron los primeros adelantos en las retransmisiones, como lo era en 1966 una repetición a cámara lenta.

PELÉ

La Copa del Mundo se presentó como un Brasil de Pelé ante todos. Con la Portugal de Eusebio y los siempre temibles húngaros en el mismo grupo, el campeón en Suecia 58’ y Chile 62’ se vería encerrado en una emboscada.

El mito brasileño sufrió en sus carnes la dureza de los defensas, en lo que para muchos fue simplemente la “caza a un hombre”. Durante el primer partido ante Bulgaria, Pelé estuvo todo el partido marcado por el defensa Zhechev , que se dedicó todo el partido a comprobar la resistencia de los huesos del astro brasileño.

Tras vencer a Bulgaria, Brasil se enfrentó a Hungría sin su número diez, lesionado, el resultado: 3-1 para los magiares.

Para el último partido, el seleccionador brasileño Vicente Feola tuvo que tirar de un Pelé magullado, pero no fue suficiente. El rival al que se enfrentaba ese día no se dejó amedrentar por la figura de un Pelé en modo ‘Cid Campeador’, ya que en sus filas contaban con el mejor jugador del torneo, Eusebio. Portugal venció 2-1 y eliminó a los actuales campeones.

EUSÉBIO

‘La pantera negra’. El mejor jugador portugués de la historia. El máximo goleador en este Mundial de Inglaterra, y sin duda, el mejor jugador del torneo. Eusebio había estado asombrando a Europa con su Benfica, ganando la Copa de Europa en dos ocasiones, fue Balón de Oro en 1965 y era el máximo exponente de una selección lusa que aspiraba a todo.

Portugal pasó sin problemas el grupo, y se enfrentó a la sorpresa del Mundial, Corea del Norte, en cuartos. Los norcoreanos habían eliminado a Italia, bajo la leyenda urbana de haberse cambiado al descanso los once jugadores asiáticos. En la primera media hora de partido, los norcoreanos anotaron tres goles, pero, el delantero nacido en Mozambique firmó una de las actuaciones más legendarias que se recuerdan en los Mundiales y anotó cuatro goles para darle la vuelta al partido.

El resto ya se sabe, Portugal tuvo que viajar a Wembley en semifinales, cayendo ante los anfitriones por 2-1, como no, Eusebio anotó el tanto luso. Portugal quedó tercero en el Mundial, su mejor clasificación histórica, pero dejó el regusto amargo de un campeonato perdido en la mejor generación del país ibérico.

RATTÍN

Antonio Ubaldo Rattín en 1966 / PesClassicStats

El capitán de la Albiceleste se hizo célebre por una de las imágenes de los Mundiales, al sentarse en la alfombra roja destinada para la reina Isabel II. Durante el partido de cuartos entre Argentina e Inglaterra, el árbitro alemán Kreitlein señaló falta a favor de Inglaterra y Rattín, como capitán, protestó la decisión y fue expulsado.

En 1966 no existían las tarjetas, así que el árbitro comunicaba al jugador su decisión. El jugador sudamericano se resistió a irse del campo escudándose en no entender al colegiado germano. Tras diez minutos, un traductor saltó al campo y le explicó la situación. Rattín, con un enfado monumental, se marchó del campo de mala gana, estrujando uno de los banderines de córner, adornados con la bandera británica y sentándose en la alfombra real.

Tras este suceso, Rattín se convirtió en el “jugador más famoso del mundo”, según publicó la prensa inglesa.

La FIFA, a raíz de este problema, introdujo la utilización de las tarjetas amarillas y rojas para amonestar a un jugador en el Mundial de México 70’. Inglaterra se vio envuelta en otro escándalo arbitral más que le allanaba su paso a la final; final en la que se vería el error arbitral más grande cometido en una final de una Copa del Mundo y…casualidad o no, favoreció a los ‘Pross’.

EL GOL QUE NO DEBIÓ VALER

El 30 de julio de 1966, en el mítico estadio de Wembley con 96.924 espectadores, luchaban por el título la anfitriona, Inglaterra y la extinta Alemania Federal (RFA). Los ingleses habían jugado todos sus partidos en el campo londinense, los ‘Wingless Wonders’ –como les llamaban por su particular sistema sin extremos puros- llegaron a la final tras vencer a Argentina y a Portugal en cuartos y semifinales, respectivamente.

Los alemanes, invitados de lujo a la fiesta inglesa, llegaron tras desprenderse de Uruguay en cuartos y de la Unión Soviética en semifinales. Además, eran la primera vez que pisaban Wembley en todo el torneo.

El árbitro del encuentro, que a la postre fue el triste protagonista principal, fue el suizo Gottfried Dienst, ayudado en su ‘fantástica’ actuación por el juez de línea soviético Tofik Bakhramov. El trencilla daba comienzo al último partido del Mundial a las tres de la tarde londinense.

Inglaterra, de rojo por cortesía, ya que era el local. Alemania con su traje habitual, luchaban por el cuero en los primeros compases del partido. Aunque, la polémica acción arbitral empañe toda esta final, lo justo sería decir que la calidad de los jugadores era infinitamente mejor que los alemanes.

Una generación inglesa que agrupa a leyendas inmortales en sus equipos como el ‘hammer’ Bobby Moore o el ‘red devil’ Bobby Charlton; su hermano Jackie, del Leeds; la dureza de un carnicero como Nobby Stiles, la rapidez y verticalidad de Allan Ball o la seguridad de Gordon Banks en el arco. Los alemanes, con un jovencísimo Franz Beckenbauer, con Overath, Haller y sobre todo, Uwe Seller, su capitán, intentaban dar la cara, y bien que la dieron.

Corría el minuto 12, cuando un centro cruzado al área es despejado de manera fatídica por el defensa inglés Ray Wilson, que deja el balón muerto en zona de peligro. El cuero le cae al alemán Helmut Haller, que remata con pierna derecha, ni Jackie Charlton ni Banks pueden hacer nada para evitar que el tanto suba al marcador de la RFA.

Wembley enmudecía por un momento, pero el silencio apenas duro cinco minutos, lo que tardó la inteligencia de Bobby Moore, el eterno capitán del West Ham, en nivelar la contienda.

Alemania Federal e Inglaterra antes de la final en 1966
Alemania Federal e Inglaterra antes de la final en 1966

El ‘6’ inglés, saca una falta con rapidez, ve el desmarque de su compañero de equipo Hurst y le pone el balón en la cabeza. El delantero inglés anota el primero de su tres goles en la final –siendo el único jugador capaz de conseguir un triplete en una final de la Copa del Mundo-.

El partido continuó disputado, aunque eran los ingleses quienes más peligro creaban. De los pies de Charlton salían buenas jugadas, pero, era el jugador más joven del equipo inglés, Allan Ball, quien más peligro llegaba. Este menudo jugador, con un dribbling magnifico y una velocidad endiabla fue quien más apuros hizo pasar a la bien plantada zaga alemana.

Y fueron pasando los minutos, nadie anotaba, hasta que en el minuto 78, Peters, anotó el gol que parecía que iba a dar la copa Jules Rimet a los ingleses. El centrocampista recogió un rechace del portero alemán tras un tiro de Hurst. Sin embargo, si algo sabemos de los alemanes es que cuando parece que todo está perdido, ellos, ya sea por suerte o convicción, resurgen, y eso es lo que ocurrió en Wembley.

La multitud, impaciente por salir a celebrar el título con sus héroes, se quedaron mudos cuando el central Wolfgang Weber, en el minuto 89, se lanzaba al suelo para recoger un balón en el área pequeña, para poner las tablas en el marcador. Banks, impotente, pedía mano de Schnellinger en un rechazo de la pelota, pero el cuero simplemente le golpeó en la espalda.

Se llegaba al tiempo extra. El tiempo de la tragedia arbitral.

A Inglaterra no le pesó el gol recibido al borde del final, y fue con rabia hacia la portería de Tilkowski. Bobby Charlton mandó un balón al poste antes del minuto 101 del partido, el minuto más negro de cualquier final mundialista.

De nuevo otra carrera del jugador del Blackpool, Ball, que cede a Hurst. Dentro del área controla orientado y se la coloca en la pierna derecha, lanza un disparo potente que supera a Tilkowski, el balón se estrella de forma violenta en el travesaño, y bota en la línea de gol. Hunt, el otro delantero inglés, levanta los brazos en celebración de un gol que nunca existió, un gesto intuitivo e humano que influyó en la decisión del colegiado.

Un colegiado que no se decide, que no sabe que es lo que ha pasado, muchos jugadores están parados esperando la decisión de un trencilla que tarda en decidirse segundos que tuvieron que parecer horas. El suizo Dienst decide ir a consultar al línea de ese lado, el soviético Bakhramov.

La RFA había eliminado a la URSS en semifinales, las relaciones entre ambos países eran nulas, y quien debía decidir el futuro de los germanos en la Copa del Mundo, era un ‘soviet’. Lo de la FIFA viene de lejos. 

Euforia inglesa en Wembley tras la coronación / ESPN
Euforia inglesa en Wembley tras la coronación / ESPN

La decisión es de sobra conocida, un balón al que le faltaron seis centímetros para convertirse en el acto más gritado del fútbol, se convirtió en el acto más grotesco de la historia de los Mundiales.

Después, en el minuto 120, Hurst consiguió su hazaña –nadie le ha igualado- y consiguió el ‘hat-trick’ con un latigazo a la escuadra alemana, sentenciando la final y el Mundial. Aunque la celebración fue recordada para siempre en la mente de los aficionados ingleses, ese recuerdo viene con el sabor amargo de saber que lo que conseguiste no fue consecuencia de tu juego, si no consecuencia de un error de apreciación.

La FIFA se quedó contenta con la organización, con el paso del fútbol al negocio de los Mundiales. Por su parte, los inventores del fútbol al fin consiguieron el anhelado Mundial. Un Mundial empañado por aquel gol que nunca debió valer.


FICHA TÉCNICA

Copa del Mundo Inglaterra 1966 (Final) Inglaterra 4-2 Alemania Federal

Estadio: Wembley (96.924 espectadores)

Árbitro: Gottfried Dienst –Sui-; Tofik Bahkramov –URSS- y Karol Galba –CHE-.

ALINEACIONES

INGLATERRA: Banks; Cohen, J.Charlton, Moore, Wilson; Stiles, Peters, Charlton, Ball; Hurst, Hunt.

RFA: Tilkowski; Höttges, Schulz, Weber, Schnellinger; Beckenbauer, Overath; Haller, Seeler, Held, Emmerich.

GOLES

Haller (0-1, min 12), Hurst (1-1, min 18), Peters (2-1, min 78), Weber (2-2, min 89), Hurst (3-2, min 101), Hurst (4-2, min 120)

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