final mundial 2002 alemania brasilEl de 2002 fue un Mundial especial. Las razones no son exiguas: aparte de ser el campeonato del mundo que abrió el siglo XXI, Corea y Japón fueron los primeros feudos del torneo supremo del fútbol disputados más allá de las fronteras de sus dos bastiones históricos, pues nunca antes se había jugado un Mundial fuera de Europa o América. Asimismo, tampoco antes se había lidiado una Copa del Mundo en dos países. Lo exótico de las sedes, en el Lejano Oriente, le daba a esta edición otro punto más de interés.

Como en Estados Unidos ’94, la FIFA buscaba abrir horizontes tratando de hacer llegar el fútbol a zonas con poca tradición en el deporte rey. Y como en aquella edición, se seleccionó una sede (en este caso, dos) con pujante desarrollo y una economía asemejada a la de Occidente. Uno de los inconvenientes de realizar allí el evento fue la necesidad imperante de construir los estadios en los que se disputaría la competición: ni más ni menos que 18 de los 20 recintos fueron edificados especialmente para la ocasión.

En 2002 comenzó a circular en gran parte de Europa la nueva moneda, el Euro. Mientras los ciudadanos del Viejo

Continente andábamos a vueltas con el cambio entre la antigua y la nueva moneda, el mundo entero seguía conmocionado por la tragedia ocurrida meses antes en la ciudad de Nueva York: el atentado sobre las Torres Gemelas de fatídico recuerdo, que cambió la política internacional de casi todos los actores estatales desde entonces hasta nuestros días. 2002 fue también el año del accidente del Prestige: pocos meses después del Mundial, el buque petrolero -precisamente de manufactura japonesa-, se hundió frente a las costas de Galicia provocando la contaminación de las aguas y las playas por la dispersión del crudo, ocasionando un desastre ecológico sin precedentes en España.

En cuanto al fútbol, ese no fue un año que pasase precisamente desapercibido, y no sólo por el Mundial. Se cumplían cien años de la fundación del que según la FIFA, fue el mejor club del siglo XX: el Real Madrid. El centenario se cumplía el 6 de marzo, justamente el día en que se jugaría la final de la Copa del Rey de la temporada 2001/2002. Y el escenario no podía ser mejor: el estadio Santiago Bernabéu. Sólo faltaba un detalle: que el Real Madrid llegase a la final para ganarla y redondear ese glorioso día. Y llegó. Aquella final la iba a disputar contra el Deportivo de la Coruña, pero lo que se presumía como una gran fiesta, terminó siendo un día de infausto recuerdo blanco. El Dépor de ‘Jabo’ Irureta en el banquillo, con Molina, Tristán, Mauro Silva o Fran en el campo, le aguó la fiesta al Real en su feudo venciendo por 1-2 contra todo pronóstico, y enseguida se acuñó el término “Centenariazo” al suceso, por semejanza con el Maracanazo de 1950. Por suerte para el madridismo, otro hecho haría secar las lágrimas de los aficionados: dos meses después se ganaría la ansiada novena Copa de Europa, con el legendario gol de volea de Zinedine Zidane al Bayer Leverkusen en Glasgow. Ese día empezaría a brotar la leyenda de Íker Casillas cuando se erigió como salvador de su equipo entrando como suplente.

Habiendo vivido momentos heroicos como los narrados en aquellas semanas previas al Mundial, la cita de Corea y Japón se esperaba con muchas ganas por parte de los seguidores del deporte más grande jamás creado. Aquel campeonato, para los españoles, fue el del frasco de colonia que privó a Santi Cañizares de la portería de España, el de los sudores de José Antonio Camacho en el banquillo, o anécdotas aparte, el de Al Ghandour y su controvertido arbitraje en el Corea del Sur – España en cuartos de final. Fue también el Mundial de una gran selección debutante: Senegal. No es difícil recordar aquel equipo formado por Tony Sylva, Papa Bouba Diop, Khalilou Fadiga, Salif Diao o Henri Camara, entre otros, que sorprendió a todos ganando a la selección que llegaba campeona, Francia, y que a la postre acabaría llegando a cuartos de final en un resultado magnífico para los Leones de Teranga. Otras sorpresas fueron Turquía, que se proclamó tercera clasificada, y la co-anfitriona, Corea. El caso de esta última estuvo marcado por la gran intensidad de su juego -que por aquel entonces los asiáticos achacaron al efecto de unas pastillas con extracto de ginseng- y por la controversia arbitral en varios de sus partidos: en octavos, a la Italia de Giovanni Trapatoni le anularon un gol legal, se decretó un penalti dudoso a favor de Corea, y Francesco Totti fue expulsado de manera muy discutida. El colegiado ecuatoriano de ese encuentro, Byron Moreno, salió indemne de aquel partido, pero siempre estuvo en el ojo del huracán: en su país se le sancionó en varias ocasiones por arbitrajes más que sospechosos, y en 2010, ya retirado, fue detenido portando seis kilos de heroína en su ropa interior. Casi nada. Lo que ocurrió en cuartos de final sigue grabado en la retina de los españoles: el egipcio Gamal Al Ghandour y sus asistentes perjudicaron las aspiraciones españolas al señalar erróneamente varios fueras de juego clamorosos en contra de España, y sobre todo, decretando saque de puerta en un centro de Joaquín, instantes antes de que su pase acabara en la portería a remate de Fernando Morientes. Con todo, la Corea de Guus Hiddink llegó a semifinales, y allí fue eliminada por Alemania.

Las grandes decepciones no faltaron: al fiasco de Francia se unió el de Uruguay, encuadrado en el mismo grupo, y en el que ninguna de las dos grandes logró pasar a octavos en favor de Dinamarca y la ya mencionada Senegal. A la Portugal de Figo, Rui Costa o Paulo Bento le humillaron Estados Unidos y la anfitriona, Corea. La última gran decepción la dio la Argentina de Bielsa, que cedió su puesto en el grupo a Suecia. La albiceleste de Diego Simeone, Claudio López o Gabriel Batistuta perdió contra Inglaterra y sólo pudo ganar a Nigeria y empatar con los escandinavos.

Pero sin duda alguna fue el Mundial de Brasil. Luiz Felipe Scolari comandó desde el banquillo una selección que aspiraba a devolver a la entonces tetracampeona a conquistar otro cetro mundial más; título que se resistió en 1998 tras caer en la final contra Francia. Felipão confió en un hombre que en la segunda mitad de los 90’ estuvo destinado a marcar una época, pero que las lesiones parecieron apartar de aquel cometido. Hablamos de Ronaldo; Ronaldo Nazario, ‘El Fenómeno’, apodado así no por casualidad. Aquel hombre hizo en 1996, con 20 años, una temporada fabulosa en el Barcelona, anotando 34 goles en 37 partidos de liga. Era un delantero centro insultantemente rápido y certero; no había defensa que le parase ni portero que atajase sus disparos. Sin embargo, tras su desembarco en Milán para jugar en el Inter, Ronaldo sufrió un calvario de lesiones graves en su rodilla derecha que hacían intuir que no volveríamos a ver a aquel grandioso futbolista que un día fue. La temporada 99/00 y 00/01 las pasó prácticamente en blanco; sin embargo, reapareció en 2001/2002 disputando sólo 10 partidos en liga, pero anotando siete goles. Fue suficiente para que Scolari le eligiese como su ‘9’ para el torneo. Y acertó. Se lo llevó al Mundial y anotó la friolera de ocho goles en los siete partidos que disputó Brasil. Mérito también de Scolari fue convocar a un joven jugador que llevaba sólo una temporada en Europa, y ni siquiera en una de las grandes ligas. Nos referimos a otro Ronaldo: un tal Ronaldinho Gaúcho, que firmó su primera temporada en el Paris Saint Germain y ocupó la mediapunta del esquema de la Canarinha. A ellos dos les acompañó otra estrella consagrada clave para Brasil: Rivaldo. Una defensa contundente, unos carrileros potentes como Cafú y Roberto Carlos, y la magia y el talento del tridente de ataque fueron los ingredientes principales del Brasil de 2002, que pasó por encima de Turquía, Costa Rica y China, en la fase de grupos; de Bélgica en octavos de final; de Inglaterra en cuartos, y de nuevo Turquía en la semifinal. Hasta ahí, Ronaldo había anotado un total de seis goles en los seis partidos.

Enfrente estaba otra gran selección: Alemania. Un bloque muy sólido regido en gran parte por jugadores del Leverkusen, que fueron finalistas de la Liga de Campeones sólo unas semanas antes. Se trataba de Michael Ballack, Carsten Ramelow, Bernd Schneider u Oliver Neuville. A ellos había que sumar veteranos de la talla de Oliver Kahn, Dietmar Hamann u Oliver Bierhoff; y un joven Miroslav Klose, alter ego de Ronaldo en Corea y Japón: llegó a la final habiendo anotado cinco goles en seis partidos. El principal activo de Alemania residía en su nivel defensivo: sólo concedió un gol antes de la final. Fue en la fase de grupos, ante Irlanda. Ni Arabia Saudí, ni Irlanda, ni Paraguay, ni Estados Unidos, ni Corea del Sur pudieron superar al imponente Oliver Kahn. Sin embargo, los germanos perderían a una de sus piezas clave de cara a la gran final: Michael Ballack, goleador único del Alemania 1-0 Corea de semifinales. Fue sancionado por acumulación de amonestaciones. El sustituto elegido por Rudi Völler fue Jens Jeremies, que entonces jugaba en el Bayern München.

EL ENCUENTRO

Comenzó el partido con un Brasil muy intenso. En los primeros compases, los de Felipão arremetieron con jugadas rápidas para sorprender a la defensa blanquinegra. No se olviden, los tres de arriba eran la esperanza de Brasil: Rivaldo ponía la fantasía, Ronaldinho la magia, y sólo faltaba que Ronaldo aportase el gol. Kleberson se sumó la ofensiva de Brasil y suyas fueron las primeras oportunidades de la Verdeamarela. A los 18 minutos, la primera gran ocasión de El Fenómeno tuvo lugar. Ronaldinho recibió en la frontal, amagó el disparo y acabó filtrando un enorme pase para Ronaldo. El Fenómeno metió la zurda ante la salida de Kahn, pero el cuero se acabó yendo desviado de la meta alemana. Era un aviso. Los alemanes, sin embargo, consiguieron controlar el empuje de los brasileños, aunque no llegaban a inquietar a Marcos.

A la media hora, de nuevo la conexión Ronaldinho-Ronaldo estuvo a punto de ser fructífera, pero El Fenómeno no logró controlar a tiempo el pase de su compañero, y Kahn terminó haciéndose con el balón. La Canarinha manejaba la contienda, pero se hacía complicado superar las líneas defensivas alemanas. Así pues, el partido se encontraba bastante equilibrado en el último tercio del los primeros 45 minutos. Sin embargo, poco antes del final, Brasil reavivó el encuentro. Quiso noquear antes de llegar al descanso y a punto estuvo de lograrlo: primero Kleberson, con un disparo con rosca en la frontal que terminaría con el balón en el larguero. Unos centímetros más abajo y habría sido imposible para Kahn. En el descuento, un centro-chut de Roberto Carlos desde la izquierda encontró a Ronaldo en el punto de penalti, que se revolvió para intentar hacer el primero. Ahí fue cuando apareció Oliver Kahn de nuevo; el arquero del Bayern sacó con los pies el balón enviado con fuerza por Ronaldo. Ahí acababa el primer episodio. Brasil se iba al descanso con la sensación de haber desperdiciado el dominio y las ocasiones ante Alemania. Ronaldo, que tuvo varias ocasiones claras, seguro que vería pasar los fantasmas de la final de Francia 98’, cuando cuajó un partido gris y la anfitriona terminó llevándose la Copa del Mundo.

La segunda mitad les daba otra oportunidad a los europeos. Alemania recibió el mensaje, y a los tres minutos estuvo a punto de marcar el mejor de los germanos: Oliver Neuville. El jugador del Bayer Leverkusen, en una falta lejanísima, disparó con violencia por encima de la barrera. Sólo las yemas de los dedos de Marcos y el poste evitaron el gol de Alemania. Brasil seguía intentándolo pero Alemania ya había avisado y se acercaba con peligro a la portería de la tetracampeona, pero los disparos acababan yéndose desviados.

Hasta que apareció Ronaldo. Mediado el segundo tiempo le robó un balón a Hamann a pocos metros de la frontal. Se la dio fácil a Rivaldo y tiró el desmarque. El jugador del Barcelona disparó desde fuera con potencia, pero Kahn detuvo el disparo. Lamentablemente para él, el balón no lo blocó y quedó muerto a dos metros de distancia; ahí fue cuando un atento Ronaldo Nazario apareció y sólo tuvo que rematar a portería para hacer el 0-1 de Brasil. Éxtasis en la Canarinha y golpe anímico a Alemania del que ya no se recuperaría. Con el gol, los de Scolari reafirmaban su planteamiento, mientras que Las Águilas parecían haberse quedado sin fe de lograr el que sería su cuarto cetro mundial.

Los minutos pasaban y los de Völler seguían inoperantes. La cara de Neuville reflejaba la oportunidad que se estaba marchando; sabía que la Historia no la escribirían los perdedores. Era la final de Ronaldo y de Brasil, y todo acabó cuando R9 aprovechó un pase de Kleberson desde la derecha que Rivaldo dejó pasar de manera brillante. Ronaldo, desde la frontal, controló y clavó el balón a la izquierda de Oliver Kahn, junto a la cepa del poste. Aún quedaban diez minutos, pero ahí acabó todo.

Con Alemania volcada, Bierhoff tuvo una ocasión clara que desbarató Marcos y pudo haber metido a los blanquinegros en el partido, pero no era el día. Scolari terminó sustituyendo a Ronaldinho y Ronaldo por Juninho y Denilson. Este último demostró su enorme talento con espacios, pero el protagonista no era él. Brasil levantó la Copa gracias a Ronaldo y a sus ayudantes de lujo.

Ese célebre Mundial llevó a Ronaldo Nazario a vivir su segunda época dorada. Como no podía ser de otra forma, fue elegido Bota de Oro del Mundial y Balón de Oro en 2002. Aquel verano le llevó al Real Madrid: fue el tercer ‘galáctico’ de Florentino Pérez, tras haber fichado a Luís Figo y Zinedine Zidane en las dos temporadas anteriores. Pese a acabar pasado de peso seguía marcando diferencias: con los blancos estuvo cuatro temporadas y media, metiendo 104 goles en 177 partidos. El Mundial de Corea y Japón estuvo marcado, sin lugar a dudas, por el resurgir de una estrella que devolvió a la selección más gloriosa de la Historia a los altares del fútbol.


FICHA TÉCNICA

Mundial Corea y Japón 2002 (Final): Alemania 0 – 2 Brasil

Estadio: Internacional, Yokohama (Japón). 69.029 espectadores.

Árbitros: Pierluigi Collina –ITA- (principal), Leif Lindberg –SUE- y Philip Sharp –ING- (auxiliares).

Incidencias: Amonestó a Miroslav Klose (min. 9) por parte de Alemania y a Roque Júnior (min. 6) por parte de Brasil.

ALINEACIONES

ALEMANIA: Oliver Kahn; Thomas Linke, Christoph Metzelder, Carsten Ramelow; Dietmar Hamann, Jens Jeremies (Gerald Asamoah 77’), Marco Bode (Christian Ziege 84’), Torsten Frings, Bernd Schneider; Miroslav Klose (Oliver Bierhoff 74’) y Oliver Neuville. Director Técnico: Rudi Völler.

BRASIL: Marcos; Lúcio, Edmilson, Roque Júnior; Cafú, Roberto Carlos; Gilberto Silva, Kléberson, Ronaldinho (Juninho Paulista 85’); Rivaldo y Ronaldo (Denilson 90’). Director Técnico: Luiz Felipe Scolari.

GOLES

Ronaldo (0-1, min. 67), Ronaldo (0-2, min. 79).

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