gianni rivera

“A menudo al jugador no se le permite pensar, si se pone a pensar podría demostrar que el fútbol en el fondo es una cosa sencilla, que todos pueden entender. Es una lástima que haya que llegar a estas conclusiones porque parece que es un privilegio de pocos el poder entender el fútbol”

 

De ese modo concluían las acusaciones de Gianni Rivera hacia el arbitraje y el sistema del fútbol italiano tras un dudoso penalti ante el Cagliari durante la temporada 71/72. Sus declaraciones le costaron nueve jornadas de suspensión en plena disputa por el Scudetto, que el Milan terminaría perdiendo. Además del revuelo de sus palabras, sale de lo común la referencia racional del fútbolista a la que hace mención. Eso es lo que era, un tipo racional antes que un futbolista de élite. ‘Il bambino d’oro’ fue uno de esos números ’10’ que transmitía calma con el balón, de personalidad tranquila y reflexiva, que hablaba poco pero cuando lo hacía dejaba huella.

LA INFANCIA EN LA POST GUERRA Y LOS INICIOS

Giovanni Rivera nace en Alessandria, al norte de Italia, el 18 de agosto de 1943. Año complicado en el que las grandes potencias mundiales se enfrentaban por la repartición del globo terráqueo. El país transalpino fue uno de las protagonistas de la Segunda Guerra Mundial y el joven Gianni, al igual que tantos otros niños, creció con las secuelas del terrible choque bélico. Afortunadamente descubrió su afinidad con el balón desde pequeño y pasaría a ser una relación que le redituaría bastante con el paso de los años.

A pesar de la coyuntura, la infancia del joven de Alessandria transcurrió con la tranquilidad necesaria: “Mi familia era muy normal, mi madre era ama de casa y mi padre trabajaba en la estación de trenes. No había grandes posibilidades pero vivíamos bien y aceptábamos lo que se tenía. Crecí en un ambiente sano y correcto”, cuenta el propio jugador en una entrevista para una cadena italiana en el año 2000. También relata que comenzó en este deporte por la diversión que supone jugarlo: “De pequeño jugaba al fútbol porque me gustaba, no para ser un profesional”, y terminó siendo todo un emblema del fútbol italiano.

Su debut es con la Unione Sportiva Alessandria Calcio 1912 y con tan solo 15 años viviría sus primeros encuentros en la Serie A. Al año siguiente, la temporada 1959/60, el club descendería a la Serie B. Sin embargo las primeras campañas ayudaron mucho a Rivera en su formación como futbolista y como persona, él mismo destaca que le enseñaron a mejorar cosas fundamentales como el carácter o hacer hincapíe en sus fallos y deficiencias aunque también admite, como buen crack, que los entrenadores pocas veces tuvieron que decirle qué hacer con el balón.

Ante el descenso del Alessandria, el Milan no permitiría que la calidad del joven centrocampista bajara a la segunda italiana y se hizo con sus servicios por 60 millones de liras y tres jugadores a cambio. En su llegada al club lombardo, el físico del adolescente Rivera generaba dudas. Demasiado delgado y de apariencia frágil pero tardaría poco en convencer a los escépticos que tenía madera de jugador del AC Milan. Incluso en los primeros meses, durante el invierno italiano, se le llegó a confundir con Juan Alberto Schiaffino, jugador rossonero campeón del mundo en Brasil en 1950 con Uruguay.

LA PRIMERA ÉPOCA DORADA DEL MILÁN

La aventura en Milanello coincidió con la presencia del entrenador Nereo Rocco. La incertidumbre inicial fue tan solo el embrión de una relación que sobrepasaría lo deportivo. Así definió el extravagente técnico italiano a su pupilo: “No corre mucho, pero si quiero tener el juego, si quiero tener la fantasía, si quiero tener siempre, desde el primer hasta el último minuto la posibilidad de dar la vuelta a cualquier situación… todo ésto solamente me lo da Rivera con sus ideas. No quiero exagerar pero es un genio como jugador”. Al margen de los piropos futbolísticos, el respeto y la admiración personal fue mutua.

Este binomio sería clave para la consecución del octavo título de liga del Milan en la temporada 1961/62. Rivera conseguiría diez anotaciones en aquel curso y su presencia en el once empezaba a ser indiscutible. Al año siguiente la Serie A se resistió pero la escuadra de Rocco se plantaría en la final de la Copa de Europa contra el poderoso Benfica en Wembley. Eusebio se adelantaría pero dos goles de Altafini le darían al club milanés su primer gran título europeo, arrebatando así la hegemonía continental que Real Madrid y Benfica ostentaban. Con 20 años, ‘il Bambino’ quedaría segundo en las votaciones del Balón de Oro, tan solo por detrás del portero soviético Lev Yashin.

Rocco se marchó el siguiente curso y con el binomio roto las cosas se complicaron, además de que el rival de en frente, el Inter de Milán formó un gran conjunto liderado por Helenio Herrera y por el ‘némesis’ de Rivera, Sandro Mazzola. Tras cinco largos años de sequía para los rossoneri, Nereo volvió al banquillo de San Siro después de consultar a Gianni sí estaba de acuerdo. Con todo en orden otra vez, repitieron la dinámica del principio de década, Scudetto en la 67/68 y Copa de Europa la 68/69.

MEJOR JUGADOR DE EUROPA

El partido de la final de 1969 enfrentó a dos medios ofensivos de físonomía y características similares, un joven Johan Cruyff empezaba a dar destellos de su grandeza en el Ajax mientras que Rivera ya era la estrella de su club. El estadio Santiago Bernabéu fue testigo aquella noche del recital de asistencias del italiano a Pierino Prati, una de tacón y una carrera en la que sacó al portero y espero el tiempo justo para que llegara su compañero a cerrar la jugada. Un contundente 4-1 grabaría por segunda vez el nombre del Milan en la deseada Orejona.

“Rivera no era un jugador cualquiera, Rivera era un jugador fuera de lo común, extraordinario, tenía ojos hasta detrás de la cabeza. Miraba a la derecha pero ya había visto lo que pasaba a la izquierda”, afirma Prati, el goleador de la noche. Gracias a esa final y a su genial temporada pasó a ser el primer italiano elegido como mejor jugador europeo del año. Con 83 votos fue galardonado con el Balón de Oro.

Más allá de los premios, la manera de comprender el fútbol de Gianni Rivera era distinto. Conducía el esférico pegado al pie con ambas piernas y leía a la perfección cuando había que pausar el juego o cuando  cambiar de ritmo. Pero lo que realmente disfrutaba era la esencia de todo número ’10’: “A veces marcaba un gol, pero la mayoría de las veces trabajaba para que el gol lo marcará quien estaba más cerca de la portería”.

LA ANÉCDOTA DEL PARTIDO DEL SIGLO 

Con la selección italiana ganó la Eurocopa de 1968 y disputó cuatro Mundiales (1962, 1966, 1970 y 1974) para un total de 60 partidos y 14 goles. Antes del mundial de México 70, el jugador alejandrino cargó contra los técnicos de la Nazionale y parte de la prensa por una supuesta preferencia por jugadores del Inter. El técnico Valcareggi era reacio a alinear a Rivera y Mazzola en el mismo once y en esa decisión el rossonero fue el principal afectado. El debate dividió a todo el país antes y durante la competición.

Lo que no se discutía era la calidad de esa selección que se plantó en las semifinales contra Alemania en el Estadio Azteca. El partido se recordará como uno de los mejores encuentros en la historia del fútbol. El denominado ‘Partido del siglo’ dejó una prórroga irrepetible en la que Gianni Rivera influyó bastante .

Con el marcador a favor en el tiempo extra, el ‘Bambino’ defendía el segundo palo por donde terminaría colándose lentamente un cabezazo de Müller para firmar el 3-3. El arquero italiano de la semifinal, Enrico Albertosi, cuenta la anécdota que terminaría de forjar a la leyenda. Tras el empate de Alemania, Rivera maldecía mientras se abrazaba al poste hasta que en cierto punto miró a su compañero y le dijo: “Para remediarlo, solo puedo ir a hacer gol”. Un minuto después, iba a aparecer en el área contraria para rematar con la zurda un centro por la izquierda y sellar el resultado definitivo.

El gol del empate aleman que dio origen a la anecdota de Gianni Rivera
El gol del empate aleman que dio origen a la anecdota de Gianni Rivera

Años después y en un ambiente más distendido, Rivera reflexiona sobre esos minutos de locura en los que se balanceó en la delgada línea entre el éxito y el fracaso: “Cuando marqué el 4-3 a Alemania me quité un peso de encima ya que en parte me sentía responsable por ser el más cercano al palo en el empate aunque no se podía hacer mucho más que meter la mano. Marcar rápidamente el gol de la ventaja me tranquilizó”

A pesar del gol del triunfo, se quedó en el banquillo en la final contra Brasil disputando tan solo los últimos seis minutos del encuentro, cuando la victoria verde-amarela era un hecho y las gradas un carnaval.

El astro transalpino fue adelantando con los años su posición y elevando su cuota goleadora hasta el punto de ganar el título de ‘Capocannionere‘ en 1973 con 17 goles. La temporada 1978/79 fue la de su retiro en la que alzó su tercer Scudetto y cerró así su epoca como futbolista para convertirse inmediatamente Vicepresidente del Milán. Sería el inicio de un futuro político en el que llegó a ser Vicesecretario de Defensa.

La figura del ‘Bambino d’oro’ llenó de ilusión a muchos jóvenes que se enamoraron del calcio gracias a su juego y a los momentos inolvidables que les hizo vivir. Junto a astros como Giuseppe Meazza, Paolo Maldini o Roberto Baggio, está sentado en el Olimpo del fútbol italiano.

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Periodista, Co-fundador y co-director de Football Citizens con un grupo de amigos que comparten la pasión por el balón.

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