hristo stoichkovDicen, los que saben de esto, que todo equipo tiene sus momentos, que unas veces sube y otras baja, que unas veces va y otras viene. El protagonista de esta entrega tuvo su momento en 1992 cuando se erigió como una de las piedras angulares del mítico Dream Team de Johan Cruyff que se coronó en Wembley ante la Sampdoria. Fueron 21 goles en total los que anotó además de la ‘orejona’, la Liga y la Supercopa pero no fue suficiente para un jurado, que otorgó el tercer galardón de su carrera al holandés Marco Van Basten que marcó 25 goles en el A.C. Milan, se plantó en las semifinales de la Eurocopa de Suecia con Holanda y sobre todo, marcó 4 goles un 25 de noviembre del 92 en fase de grupos frente al IFK Göteborg sueco. Para el genio búlgaro no hacerse con el galardón no supuso más que una motivación añadida para seguir destrozando cinturas, defensas y redes rivales. De los 21 goles de la 91-92 a los 23 anotados en la 92-93 pero con tres cocos en el horizonte del premio situados en otra división: Roberto Baggio, Dennis Bergkamp y Éric Cantona.

EL SUEÑO AMERICANO

Sin embargo llega la 93-94, temporada de Mundial donde Estados Unidos se prepara para su ‘World Cup’ y su ‘soccer’ y donde Hristo Stoichkov lo tiene claro: para que llegue el Balón de Oro, Bulgaria debe llegar a la cita mundialista. Y llegó, ‘in extremis’ pero llegó, gracias a un gol de Emil Kostadinov en el minuto 90 en el Parque de los Príncipes ante la Francia de Desailly, Blanc, Petit, Deschamps, Papin o Cantona. Sin embargo, una vez en Estados Unidos el primer revés fue importante a manos de la Nigeria de Amunike que endosó un severo 3-0 a Bulgaria. Tras aquella derrota el equipo reaccionó y, como no podía ser de otra manera, con Stoichkov a la cabeza. Grecia fue la primera en caer por 4-0 y la Argentina de Maradona la siguiente por 0-2. Bulgaria estaba en octavos de final y México esperaba. Como no, nuestro protagonista abrió el marcador y batió al mítico Jorge Campos. Ya en la tanda de penaltis, Mihailov se vistió de héroe para afianzar el pase a cuartos frente a Alemania. Los Lothar Matthäus, Matthias Sammer, Rudi Völler o Jürgen Klinsmann, pese a adelantarse en el marcador, no fueron argumentos suficientemente potentes para detener a una selección búlgara que, contra todo pronóstico, se plantó en semifinales tras una gran remontada iniciada por Stoichkov en un gran lanzamiento de falta directo. Solo restaban dos partidos para ser campeones pero delante la Italia de Baggio, entonces actual Balón de Oro. Bulgaria cayó, pese al último gol de Stoichkov en la competición, no sin antes dejar aquel poso que dejan los grandes equipos que pierden, el amargo sabor de un equipo que fue vencido pero que será recordado a lo largo de la historia. El sueño americano había finalizado para Bulgaria pero el sueño del Balón de Oro no, porque el ‘8’ sabía que para acceder al preciado galardón, debía estar en el Mundial y no tan solo estuvo sino que brilló con la misma luz que brilla el Balón de Oro.

Hristo Stoichkov y su Balon de Oro. Foto: AFP
Hristo Stoichkov y su Balon de Oro. Foto: AFP

Era el máximo goleador del Mundial pero esta vez no era su momento, su compañero de equipo Romario, que ganó el FIFA World Player ese año, había hecho mejor campaña que él pero el hecho de no poder optar al premio, al no ser europeo, puso en bandeja el galardón para el búlgaro.

 

UNA CARRERA DE IDAS Y VENIDAS

Hristo Stoichkov inició su carrera en la segunda división búlgara con el Zhevros Harmanli y el Maritza Plovdiv, de su ciudad natal. Tras despuntar en estos dos pequeños clubes dio el salto a uno de los grandes del país, el CSKA Sofía donde empezó a marcar registros de auténtica figura: 77 goles en 6 temporadas. Unas semifinales de la ya desaparecida Recopa de Europa, le pusieron en el punto de mira de Johan Cruyff tras dos goles en Barcelona y uno en Sofia. Cinco temporadas y 9 títulos después, el búlgaro fue vendido al Parma italiano tras desavenencias con Johan Cruyff. Sin embargo, la aventura italiana tan solo duró un año y el búlgaro, ya sin Cruyff en el banquillo, volvió al club catalán por la mitad de lo que lo vendió en su día. Dos temporadas, 6 títulos y tan solo 7 goles después, Stoichkov, por deseo expreso de Louis Van Gaal, era vendido y volvía al CSKA Sofía para preparar el Mundial de Francia 98. De 1998 hasta 2004, cuando se convirtió en entrenador, el búlgaro inicio un periplo por Arabi Saudi con el Al-Nasr, por Japón con el Kashima Reysol y finalmente en Estados Unidos con los Chicago Fire y el D.C. United. Stoichkov puso punto y final a su carrera en el mismo país que puso en sus manos el Balón de Oro.

“RAUXA” EN MEDIO DEL “SENY”

Hristo, además de por sus goles, destacó por su velocidad con y sin balón, su capacidad para romper defensas con un desmarque a su espalda, su lucha incesante a cada minuto que disputaba, su picardía en el campo gracias a las horas que jugó en las calles de su Plovdiv natal y sobre todo por su temperamental carácter. Su forma de ser enamoró a unos e irritó a otros a partes iguales. El ‘8’ personificaba, como dicen en Catalunya, la “rauxa” en un equipo donde prevalecía el “seny”, algo así como el arrebato y el carácter del búlgaro frente a la sensatez del equipo. Una zurda despiadada que perforó las porterías de la Liga una y otra vez para hacer enloquecer a una afición blaugrana entre la cual fue, es y será un ídolo. Un jugador de aquellos que en España llamamos pillo, de aquellos futbolistas listos que no necesariamente son inteligentes, de los que si hubiese nacido en Argentina habría crecido y forjado en cualquier potrero y que si fuese brasileño, su nombre acabaría en –“inho”. Sin duda el ‘8’ blaugrana no dejó a nadie indiferente con sus acciones y con sus palabras y de hecho, sigue haciendo lo mismo ahora porque cuando Hristo Stoichkov habla, todos escuchan. Hoy en día, siguen amándole en un sitio y odiándole en otro pero así es el búlgaro, alguien que no deja indiferente a nadie. Alguien que nunca encontró su momento pero siempre estuvo ahí.

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1991. Graduado en Historia (UB) y Máster en Periodismo Deportivo (UPF). Antes en deportes de TV3 y en Primer Toc de RAC1. Ahora redactor en Estudio Editorial.

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