Jean-Pierre Papin

Nadie se había percatado de que estaba ahí cuando Jean-Pierre Papin fue convocado por Henri Michel para el Mundial de México 86. Era un chaval que caminaba hacia los 23 años y un tanto menudo para ser delantero: 1’76 metros. Para llegar hasta allí fue clave el aval de la gran estrella de la selección: Michel Platini. “Me gusta porque me recuerda a Boniek, con el que me entendía a la perfección en la Juventus”, había comentado el astro galo a su seleccionador en el mes de febrero, después de un amistoso. En junio, Papin estaba en la lista de los elegidos, y en el primer partido, anotó el tanto de la victoria frente a Canadá, el gol 1.200 en la historia de la Copa del Mundo.

Pocos franceses sabían quién era su delantero, ese al que Platini servía más balones que a Dominique Rocheteau, goleador del PSG. Seguramente fuera porque nació en Boulogne-sur-Mer, una localidad del norte de Francia muy cercana a Bélgica, país que percibió antes el talento de Jean-Pierre. Fue Raul Lambert, un exfutbolista belga el que le preguntó si le interesaba ir a jugar al Brujas. Su desempeño en el Valenciennes de la segunda división francesa, con 15 goles en 33 partidos, fue su carta de presentación.

En el club belga, uno de los más antiguos de Europa, Papin dejó muestras de su calidad y olfato goleador. No era alto pero cabeceaba a la perfección. Su formidable físico le permitía elevarse sobre los defensores. Además sabía estar en el lugar y en el momento preciso. Pero si hay algo que terminó de conquistar a los aficionados de la capital del Viejo Continente fue su carácter. Lo peleaba todo, era implacable y su espléndido golpeo con ambas piernas le catapultó en su año en Brujas: 20 goles en 31 partidos.

Si algo podía perderle era su boca, hablaba demasiado. “Menos mal que llega mi mujer, porque es muy bueno tener a la familia en unos momentos en que se necesita el apoyo de todos. Siempre es necesario tener una relación sexual, eso del abstencionismo es para los que no saben administrarse físicamente”, declaró en la cita de México aludiendo un tema tabú en el mundo del fútbol. Cada quien tiene su receta, eso sí.

MARSELLA, ÉPOCA DORADA

En aquel verano, el quinto máximo goleador histórico de la selección francesa (30 dianas, empatado con Just Fontaine) vivió su primer y único Mundial. En su etapa como internacional no tuvo la fortuna de ser coetáneo de una gran generación. Fue el punto intermedio entre las gloriosas épocas de Platini y de Zinedine Zidane. Francia no pudo defender su corona en la Eurocopa de la RFA en 1988 ni viajar a Italia en 1990. No clasificó para ninguna de las dos competiciones.

La alegría de la selección, que alcanzó el bronce en el Mundial de Maradona, se agrandó aun más con su traspaso al Olympique de Marsella, a pesar de la polvareda que levantó una carta previa que envió destino Mónaco. Hacía un año que se había comprometido a fichar por el club del principado, pero la llegada a Marsella del magnate Bernard Tapie (más tarde condenado por corrupción)  le hizo cambiar de opinión. El club espetó que lo que tenía el Mónaco era “una carta de intenciones, pero no un contrato”. Papin hizo las maletas junto a su esposa y sus dos hijos y se embarcó en un viaje hacia la gloria.

En Marsella conquistó cuatro ligas consecutivas (1989-1992) y fue el máximo goleador de la Ligue 1 en cinco de las seis temporadas que duró su andadura por Les Olympiens. Golpeaba duro el balón, y consiguió goles que hicieron soñar a un renacido Olympique. Muchos de ellos fueron de volea, en semitijereta, acrobacias que la afición acabó denominando ‘Papinades’.

Anotó 134 goles en 215 partidos. Era uno de esos delanteros en especie en extinción, devorador del área, capaz de meter con cualquier parte del cuerpo, un genio con talento que no se preocupaba por sus defensas, si no más bien al contrario, aunque siempre procuró mejorar.

Yo no estudio ni a los defensas ni a los porteros. Mi juego es instantáneo, improvisado. Estoy convencido de que uno nace goleador o no es goleador. Tenemos algo que los demás no tienen. Pero esto es tan sólo un punto de partida. Primero hay que reconocer y agradecer este don natural. Después trabajarlo, aprovecharlo y pulirlo. Si tienes esta cualidad no es para relajarte y felicitarte sino para ponerla en práctica a base de mucho trabajo. Yo ensayo y aprendo todos los días. Paso media hora al final de cada entrenamiento practicando el remate desde toda clase de posturas y posiciones. Es posible que seamos una raza en peligro de extinción. Muchos entrenadores ya han variado sus sistemas precisamente porque faltan delanteros en el fútbol de hoy.

Jean-Pierre Papin, en una entrevista en El País, a 11 de octubre de 1991

Papin condujo a su equipo hasta la final de la Liga de Campeones de 1991, de la que fue máximo goleador (6), al igual que ocurrió en 1990. Era el capitán y el 10, la auténtica estrella del equipo de Raymond Goethals. Pero tras el 0-0 en el tiempo reglamentario, el Estrella Roja de un joven Prosinečki y de Darko Pančev y Dejan Savićević conquistó su única Champions League. No pudieron, en cambio, estos dos últimos jugadores yugoslavos arrebatar a Papin su preciado Balón de Oro.

Al año siguiente viajaría a Italia a probar fortuna en el Milan, a enfrentarse a las duras defensas de la Serie A, a compartir vestuario con otro pistolero como Van Basten. Dejaría 14 millones y medio de euros por su traspaso, una cifra elevadísima para la época.

PAPIN DISPARA CONTRA LOS SUYOS

Dos años después, en 1993, ya vestido de rossoneri, Jean-Pierre volvió a la final de la máxima competición europea. Precisamente contra su ex equipo, y la suerte volvió a darle la espalda. Los de Fabio Capello fueron incapaces de remontar el tanto de Basile Boli en la primera mitad. Años después, cuando militaba en las filas del Bayern de Munich, aparecieron unas declaraciones de Papin en las que arremetía contra el Marsella acusándole de haber comprado a dos de sus compañeros para dejarse perder en la final. Era la época en la que estalló un caso de amaño de partidos contra el mencionado presidente Bernard Tapie.

“Dos jugadores del Milan tocaron dinero por perder la final. Yo he jugado seis años en Marsella y sé qué cosas pasan. Previne a Adriano Galliani y Silvio Berlusconi del Milan. Les dije: ‘Estad preparados para todo, estad atentos…’. Pero no fue posible impedir este proyecto. El OM compró a dos jugadores contrarios. Con uno no basta, con 10 contra 11 no estás seguro de amañar el partido. Con dos menos ya se hace muy cuesta arriba ganar”, estas fueron las palabras que aparecieron publicadas en Il Corriere dello Sport, La Gazzetta dello Sport, Il Corriere della Sera y Tuttosport tras una entrevista en el Hotel Intercontinental de Berlín con motivo de un amistoso que disputaron Milan y Bayern en 1995.

“No tengo que hacer ninguna confirmación. Es una invención y una manipulación. Sólo comenté a los periodistas italianos algunos rumores al respecto que circulaban en Marsella, pero nunca di nombres”, respondió el internacional francés para desmentir lo que publicado. Afirmó estar dispuesto incluso a declarar ante la UEFA, como así sucedió finalmente. Al tiempo, y quizás arrepentido, admitió que cometió un error.

CHAMPIONS, TRAVESÍA ALEMANA Y REGRESO A FRANCIA

La caída del Dream Team de Johan Cruyff comenzó en la final de la Liga de Campeones en Atenas en 1994. Un contundente 4-0 frente al Milán anticipó el fin de ciclo en la Liga que se vino al año siguiente. Esta vez sí, el Milán y Papin consiguieron la ‘Orejona’, aunque el francés no disputó ni un solo minuto.  Un sabor de boca similar al que se llevó Michael Laudrup de la capital griega. En el caso del francés se debió al límite de extranjeros permitidos por la UEFA en las convocatorias. Curiosamente un extranjero que sí jugó con el Milan fue el yugoslavo Savićević.

Entonces llegó el momento probar fortuna en la Bundesliga con el Bayern. Estuvo dos temporadas y las polémicas fueron continuas. A la ya citada sobre el amaño de la final, tuvo sus más y sus menos con Franz Beckenbauer“Parece que se toman el juego a la ligera”, acuso el ‘Kaiser’, presidente del club bávaro, a Klinsmann y Papin, sus dos delanteros.

El francés no estaba cómodo y disparó contra sus compañeros: “Nunca he experimentado esto anteriormente. En este club todo el mundo habla de todo el mundo. No hay solidaridad. En Francia nadie habla mal de un compañero y en Italia está prohibido. En el Milan te echarían del club por algo así”, comentó en una temporada en la que, tras ser operado del menisco, no llegó a encontrar su estado óptimo. En realidad no lo encontró en todo su periplo germano. Tres goles en 27 partidos fueron su pobre bagaje, para nada comparable a los 18 tantos en 41 partidos de Italia, o a los 22/55 que consiguió en las dos próximas campañas con el Girondins de Burdeos.

Una nueva generación nacía en Francia al tiempo que Jean-Pierre Papin daba sus últimos coletazos sobre los terrenos de juego. Con la selección disputó su último encuentro en 1996. Antes había viajado sin suerte a la Euro de Suecia 1992, donde Francia cayó en fase de grupos. En 1998 fichó por el En Avant Guingamp, su último club de cierta relevancia antes de perderse por los equipos amateur de Francia. Durante un tiempo también entrenó a equipos franceses, hasta que se despidió del fútbol. Lo hizo sin ruido, tal y como había llegado, en silencio, algo de lo que no hizo uso mientras duró su travesía.

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Periodista y Community Manager. Cofundador de Football Citizens. Ahora me encargo de la dirección, diseño web y edición. Jugando el balón con criterio.

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