karl-heinz rummenigge
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Rummenigge no siempre fue el presidente de la Junta Directiva del Bayern. Hubo fútbol antes de las reuniones, las medidas institucionales y la controversia de los micrófonos. Hace algunos años metía goles en lugar de vaticinar el incendio de los árboles de Munich. Antes de enfundarse en trajes y corbatas, Karl Heinz Rummenigge (Lippstadt, 1955) marcó una época como futbolista en Alemania y rivalizó con Maradona por ser el mejor jugador del mundo.

Nació en una familia abocada al deporte rey; sus hermanos Michael y Wolfgang también se dedicaron al fútbol. Pero ‘Kalle’, como se le apodaba a Karl-Heinz, destacaba por encima del resto. La violencia de sus disparos, su espectacular zancada y su talento natural para hacer goles le acompañaron desde sus inicios en el césped, cuando militaba en el Borussia Lippstadt de manera amateur. El salto al fútbol profesional no tardó mucho en llegar, ya que en 1974 el Bayern de Munich se fijó en él y lo fichó cuando apenas contaba con dieciocho años de edad.

Fue una señal. El año del Mundial de Müller y Beckenbauer, de la Alemania campeona, un prometedor y talentoso delantero llegaba al Bayern. Kalle estuvo a punto de prolongar el legado de aquellas estrellas mundiales. La Alemania del Oeste de Rummenigge logró llegar en dos ocasiones a la final de la Copa del Mundo, sin embargo, nunca se alzó con el campeonato. Irónicamente, este título finalmente llegó en 1990, poco después de que Karl-Heinz anunciara su retirada de la selección.

De hecho, el Mundial es, probablemente, el único título que le faltó a Rummenigge. En Munich jugó una década entera, donde los títulos colectivos arroparon su progresión personal como futbolista. En el club bávaro logró dos Bundesligas (1980 y 1981), dos Copas de Europa (1975 y 1976) y una Copa Intercontinental (1976). Además, también fue galardonado con el Balón de Oro en dos ocasiones (1980 y 1981) y consiguió ser el máximo goleador de la Bundesliga en tres (1980, 1981 y 1984). En estos años anotó un total de 162 goles en 310 partidos.

ALEGRÍA EN MÚNICH, DOLOR EN EL AZTECA

Karl-Heinze Rummenigge derrochaba calidad con el balón en los pies. Era capaz de combinar la envergadura y fuerza de un delantero clásico con una habilidad impactante en el regate. Todo ello no le restaba potencia, la cual demostraba cada vez que disparaba a portería. Sus destrezas se combinaron en el club bávaro con las de ‘Torpedo’ Müller primero y con las de Paul Breitner después. De hecho, la temible dupla que formó con este último acabó siendo una de las señas de identidad del Bayern de principios de los ochenta, bajo el apelativo de “Breitnigge”.

Fue el éxtasis de la carrera del jugador de Lippstad. En estos años Kalle llevó a Alemania a ganar la Eurocopa de Italia y recibió sus Balones de Oro de manera consecutiva. Nadie dudaba de que el alemán sería una de las sensaciones del Mundial del 82, donde estaba llamado a confirmar su buena actuación en Argentina 1978 . De hecho, la cita de España se presentaba como un duelo directo entre Maradona.

Finalmente ninguno de los dos se llevó el trofeo. Aunque el delantero del Bayern realizó una gran actuación en la semifinal contra Francia (gol providencial incluido), fue Italia la que se llevó el torneo en el duelo decisivo. Rummenigge jugó aquella final lesionado. Argentina, por su parte, ni siquiera pasó la segunda ronda. 

Todavía más doloroso fue el desarrollo del siguiente Mundial, el de México 86. Con su calidad un tanto mermada por las lesiones y el paso de los años, el capitán de Alemania Occidental era consciente de que aquella sería su última oportunidad de alzarse con la Copa del Mundo, ya que tras el final del torneo anunció que se retiraba de la selección. 

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Fotografía de Imago

En esta ocasión, tanto Alemania como Argentina llegaron a la final, donde Rumenigge incluso logró marcar un gol. Pero el fútbol se había encaprichado con Maradona y finalmente el Mundial se lo llevó la albiceleste. Karl-Heinze se despidió del fútbol de selección con una nueva final perdida. La venganza alemana llegó cuatro años más tarde, cuando Rummenigge ya no estaba en el campo para alzar la Copa del Mundo. 

Entre medias de las dos últimas participaciones mundiales, el jugador cambió Alemania por Italia. En 1984 protagonizó uno de los operaciones más caras de la época y fue traspasado al Inter de Milán, donde llegó bajo la vitola de estrella. Rummenigge contaba aún con 28 años y todo hacía prever que su leyenda se agrandaría en Italia, pero las lesiones se cruzaron en su camino.

Las complicaciones físicas impidieron que el alemán tuviera continuidad en Italia y demostrara toda su valía. Aún con todo, su calidad salió a relucir y logró un total de 24 goles en 64 partidos, una cifra nada desechable. Para el recuerdo queda su acrobático gol frente al Torino en la temporada 85-86. 

Tras su paso por el Calcio, el ocaso de su carrera se localizó en Suiza. Con casi 32 años y después de tres temporadas en el Inter ,Rummenigge firmó un contrato con el Servette de Ginebra. Un nuevo país donde continuar marcando goles. En concreto, Kalle logró anotar un total de 34 tantos en el país helvético antes de su retirada en 1989, en un partido que desgraciadamente solo convocó a 2.200 personas.

Dos años más tarde, Rummenigge volvió al Bayer… como vicepresidente. Durante los últimos 23 años su gestión en los despachos ha sido impoluta, pero la cosa ha cambiado delante de los medios de comunicación. Sus declaraciones han ido dirigidas contra distintos aspectos, como los altos salarios de los futbolistas en España, la emisión de vídeos del Bayern de Munich en Youtube o entrenadores como Klopp o Van Gaal. A pesar de su gran labor al frente de uno de los mejores clubes de Europa, sus palabras han dejado mucho que desear en varios momentos. Dejemos el recuerdo de Kalle donde realmente demostró todo su potencial, en los campos de fútbol.

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