El laureado entrenador Matt Busby. The Telegraph
El laureado entrenador Matt Busby. The Telegraph

Pocos ubican Orbiston en el mapa cuando en alguna exótica conversación sale de forma imprevisible. Pero durante varias épocas, aquel poblado minero estuvo en boca de muchos, gracias a un hombre que, pasados más de veinte años desde su muerte, sigue siendo un ejemplo en su tierra y un ángel en el Teatro de los Sueños.

Matt Busby comenzó en el Denny Hibs, pequeño club de juveniles fundado a principios de siglo, en el que tras sus buenas actuaciones durante la temporada, provocó que un equipo de Second Division (a pesar de haber logrado una FA Cup años antes y un ascenso a First Division) acosado por varias crisis internas y un grave incendio en una de las secciones del estadio (el cual trajo consigo un traslado a Maine Road) se fijara en él. El Manchester City. Y aceptó. Aceptó comenzar una carrera de la que era perfectamente consciente que le iba a dar de comer durante una década, pero no la felicidad que él buscaba. Matt ya sabía cuál era su vocación: dirigir un equipo de fútbol.

Pero como cualquier puesto en este deporte, tan solo un selecto grupo de personas está al alcance de cumplir las expectativas de un trabajo con tanto peso a la espalda, en forma de presión que llega desde las exigentes aficiones. Matt Busby estaba capacitado en 1945, año en el que le dieron el timón del Manchester United tras haber rechazado a un Liverpool, en el que además de haber jugado, coincidió en el vestuario con otro manager (futbolista en aquel momento) que le dejó una pequeña herencia en su filosofía, Bob Paisley.

A su llegada, la situación del club era insostenible. Se necesitaban reformas internas con urgencia y una transición que llevara de nuevo al equipo a luchar por los títulos. Old Trafford estaba en ruinas tras la guerra, el dinero escaseaba en la identidad y la ilusión había sido declarada en peligro de extinción. Pero como muchos de los grandes capítulos en la historia del fútbol, los mejores equipos llegan cuando uno menos se lo espera. Y una vez más, así fue.

El escocés se puso manos a la obra y extendió su estilo a todos los rincones del club. Su marca de identidad presidía todos las secciones y la gente que le acompañó durante su estancia en Manchester no tuvo ningún reparo en tomar decisiones difíciles, a la vez que importantes por el bien del propio United. Con una filosofía que llevaba la palabra juventud entre sus cimientos –“Un jugador es lo bastante mayor siempre y cuando sea lo suficientemente bueno”-, comenzó paso a paso a construir una de las máquinas más asombrosas. Logró la FA Cup en 1948, la liga y la Community Shield en 1952. Pero aquella obra de arte era todavía un boceto.

A su duro y eficaz trabajo, se le sumó una excelente ronda de jóvenes talentos liderada por un chaval llamado Duncan Edwards, del cual podemos conocer su impacto y nivel gracias a una frase que dejó para la historia Sir Bobby Charlton:

Nunca he conocido a alguien tan dotado técnicamente, tan fuerte y con la presencia que él tenía. Era excelso con la derecha, excelso con la izquierda, gozaba de un extraordinario remate de cabeza y sólido en defensa. Es la única persona con la que realmente me sentía inferior. Recuerdo una anécdota de una semifinal ante el Chelsea. Murphy nos dijo que evitáramos la dependencia de Edwards. Que nos sobraba talento y teníamos que aprender otras vías para ganar. Al llegar 0-0 al descanso, nos gritó repetidamente: ‘¡Pasadle a Duncan!’. Ganamos el partido.

 

Tras estas alegrías tan necesitadas, llegó el primer antes y después en la etapa de Matt Busby. El equipo comenzó a alcanzar una edad media que al técnico -fiel a apostar por jóvenes promesas, como hemos comentado anteriormente- le parecía excesiva. Por ello, inició la transición de jugadores más importante y famosa en la historia del Manchester. La generación de jóvenes con Edwards como principal protagonista se dio a conocer al mundo. Entre ellos destacaban nombres como Bobby Charlton, Eddie Colman o David Pegg. El equipo comenzó a brillar y los elogios en los diarios eran continuos. Así, lograron dos ligas consecutivas en el 56 y 57, lo que se repitió en el caso de la Community Shield.

DRAMA AÉREO

Pero, cuando la euforia reinaba en el club y los objetivos se ampliaban a ganar una competición europea, sucedió el segundo antes y después. Aunque en este caso, las consecuencias fueron dramáticas. En el viaje de vuelta tras disputar un encuentro en Belgrado de Copa de Europa ante el Estrella Roja, el avión en el que viajaban plantilla y periodistas se estrelló. De la plantilla, fallecieron en el acto Roger Byrne, David Pegg, Eddie Colman, Geoff Bent, Mark Jones, Liam Whelan y Tommy Taylor, y 15 días más tarde, el jugador más prometedor en la historia de Inglaterra, al cual jamás pudimos ver madurar: Duncan Edwards. Pero aquello no fue todo, un gran número de futbolistas padeció secuelas del accidente. Algunos de ellos, como en el caso de Jackie Blanchflower, terminaron retirándose del fútbol profesional.

Aunque también hay historias rodeando esta tragedia con un final feliz. Jim Murphy, asistente de Matt Busby no viajaba en aquel avión. Y durante el periodo en el que el técnico tuvo que dejar el fútbol para recuperarse de sus lesiones, se dedicó a buscar futbolistas en un espacio de tiempo muy limitado, para poder competir aquella temporada. Y vaya si lo consiguió. Rozaron con las yemas de los dedos la FA Cup.

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Los capitanes de la final se saludan antes del choque. Iconic Photo Galleries

El resto de la historia fluye por sí sola. Las alegrías tras la recuperación definitiva de jugadores clave liderados por Bobby Charlton y la compra de Albert Quixall, Denis Law o George Best trajo consigo una lluvia de títulos en los años 60. Aunque uno de ellos reluce con especial brillo por encima de cualquier otro. En 1968, después de vencer a Hibernians, Sarajevo y a los polacos del Górnik Zabrze, se batieron en un duelo histórico con el Real Madrid de Gento. En la ida, un simple tanto de Best inclinó la balanza hacia los ingleses. Mientras que en la vuelta, tuvo lugar uno de los partidos con más auténtico sabor a Copa de Europa que jamás se haya visto. Para que finalmente, un 3-3 diera el pase a Busby y compañía a una final contra el Benfica de Eusebio. Un conjunto que aguantó a la apisonadora inglesa durante el tiempo reglamentario, hasta que la Santísima Trinidad -sin Denis Law, víctima de una lesión en la rodilla- con Brian Kidd como socio de lujo, se puso seria. En los primeros diez minutos de la prórroga marcaron un tanto cada uno que finiquitó la primera Copa de Europa en la historia del Manchester United.

Para terminar, como resumen de una filosofía, de un entrenador y de la historia de un equipo que dejó su huella grabada en oro, una frase de Bobby Charlton: “Matt Busby no hablaba mucho de tácticas. Hablaba con nosotros individualmente. Siempre esperaba que nos expresáramos y que le diéramos al público algo que no pudiera ver durante la semana. Algo emocionante”.

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La plantilla del Manchester United que conquistó su primera Copa de Europa. The Telegraph

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