marco van basten

El gol es un acto concreto, normalmente realizado de manera burocrática. Chut, remate o desvío y el balón hacia dentro. Sólo un puñado de elegidos pueden hacer de ese momento extasiante para los fans, una obra de arte. Magos que pueden hacerlo bello, que pueden agregar poesía en movimiento a la prosa y recordarnos que en la vida no sólo importa el fin sino también la forma. Admiramos lo bello, por inesperado, pero sobre todo por lo sugerente, lo evocador y por el deleite de los sentidos que supone. 

Sobre el altar de grandes delanteros de la historia se eleva Marco Van Basten. El Cisne de Utrecht se diferencia del resto –salvo contadas excepciones , como por ejemplo Romario— en que hace de la plasticidad una constante. Sus goles siempre saben al mejor de los vinos y el aroma de sus goles perdura con el paso de los años. Este bailarín de ballet con tobillos de cristal, duró poco. A sus 28 años, sus articulaciones se rompieron como un cristal de Bohemia. Pero su legado (3 Balones de Oro, 2 Copas de Europa, ligas en Holanda e Italia y la Euro 1988) y sus goles nos recuerdan que Marco Van Basten fue un genio, un Rembrandt del área, un Neruda del gol.

NACIDO PARA ‘BAILAR’ EN LA MEJOR ACADEMIA DE HOLANDA

Van Basten vino al mundo el 31 de octubre de 1964 en Utrecht y seis años después ya estaba moldeando sus excelsas condiciones técnicas en el EDO, un equipo local, donde duró un visto y no visto pues el UVV Utrech le captó para sus equipos inferiores. En este otro club estuvo desde los 7 años y con 15 pasó al USV Elinkwijk, conjunto amateur de la cuarta división holandesa. Entonces, fue detectado por el radar del Ajax, que lo reclutó para su cantera aún en etapa adolescente. Con 16 años estaba en el mejor sitio posible en Países Bajos para un jugador de su talento. En Amsterdam iba a aprender muchas cosas del fútbol y de la vida y sus entrenadores iban a terminar de esculpir su asombroso talento.

Tras unos meses de desarrollo en el juvenil, a Marcel le llegaba la oportunidad de debutar en la Eredivisie, el 3 de abril de 1982 frente al NEC. Como suele pasar con los genios, su leyenda comenzó a gestarse desde el mismo momento en que ingresó al campo. Sustituyendo al maestro, Johan Cruyff —que había vuelto al Ajax el verano anterior, tras su periplo hispano-estadounidense—, participó en la goleada (5-0) con un cabezazo picado marca de la casa.

No volvería a jugar hasta la temporada siguiente, la 1982-83, ya con su primera Eredivisie bajo el brazo, cuenta que aumentaría a dos al final del curso. La contribución de Van Basten fue notable con 9 goles en 20 partidos. Pero, Cruyff voló en el verano de 1983 al Feyenoord y con el eterno rival birló la gloria colectiva (doblete Liga-Copa) a los ajacied. En lo personal, sin embargo, fue un año brillante para el delantero de Utrecht, que a sus 19 añitos debutó en Copa de Europa. Eso sí, con derrota y eliminación en primera ronda frente al Olympiakos. Pese al fiasco colectivo, MVB se exhibió con 29 goles en 32 partidos, sumando todas las competiciones.

En la 1984-85 levantó su tercera y última Liga con el Ajax. Y Van Basten volvió a ser el hombre decisivo junto a Rijkaard con sus 22 dianas ligueras (29 en total). Cruyff, ya retirado y como Director Deportivo ajacied, gestaba su salto al banquillo, que se produciría en la campaña posterior, una 1985-86 decepcionante. Ningún rédito a un rendimiento espectacular. Un total de 120 goles a favor, 37 de ellos con la firma de Van Basten, para acabar ahogándose en la orilla. La Liga Holandesa fue a parar a manos del PSV de Hiddink y Gullit. En Copa de Europa, el Oporto de Madjer y Futre también les apeó en las rondas iniciales. Pese a negársele los metales, Marcel firmó exhibiciones antológicas como sus seis goles ante el Sparta de Rotterdam, y un repoker ante el Heracles Almelo para acabar como el mejor artillero europeo.

van basten balon de oro gol holanda1988: EN LA CIMA DE EUROPA

Antes de abandonar el Ajax tuvo tiempo de conquistar un título europeo con los rojiblancos y de lograr una marca impensable en la época: 43 goles en 43 partidos. Sin Koeman, vendido al PSV, pero con otro joven genio llamado Dennis Bergkamp a su lado, y con Rijkaard de director de orquesta, el Ajax por fin logró el laurel europeo. La Recopa de Europa del 87 fue una bonita despedida de Holanda para MVB. El Ajax, dirigido por el oráculo Johan, venció por la mínima al Lokomotiv de Leipzig, conjunto de la antigua República Democrática Alemana. El gol, quien si no, era obra del violinista de Utrecht, del ´9’ de Holanda. Inolvidable por cierto, su chilena en aquel curso ante el Den Bosch.

Su destino era el norte de Italia. En Milan, Silvio Berlusconi le esperaba con los brazos abiertos. Allí formaría una pareja letal con Gullit. Sólo faltaba Rijkaard para juntar al trío de oro del fútbol tulipán. Para Silvio, nada era imposible. Por dinero no iba a ser. Antes de reunir a su clan de holandeses en San Siro, el Milan arrebató el título al vigente campeón, el Napoli de Maradona y Careca. Van Basten, ahora Marco para los tiffosi, debutó a lo grande con gol de penalti ante el Pisa. Pero semanas después se lesionó en el tobillo y tuvo que de baja hasta abril. Sólo jugó 11 partidos y marcó 3 goles, todos ellos decisivos para lograr el scudetto.

Al término de su primera temporada como rossonero, Marco viajó a Alemania para disputar la Euro 1988. El 9 del momento en Europa ya estaba consolidado en la Oranje con la que se había estrenado cinco años antes ante Islandia (3-0). Tras un par de sinsabores (no clasificados para la Euro 84 y el Mundial 86, en ambos casos por un gol de diferencia a favor de España y Bélgica respectivamente), esta vez sí, la gran generación holandesa de los 80 iba a poder demostrar su talento en el gran escaparate europeo de selecciones. Los de Rinus Michel llegaban como uno de los favoritos. Y cumplieron con los pronósticos. A pesar del patinazo inicial contra la URSS (0-1), avanzaron a la siguiente ronda gracias a la victoria frente a Inglaterra (3-1, hat-trick de Van Basten) y el empate in extremis ante Eire, con gol salvador de Kieft.

En semis, un hueso duro de roer, la Alemania Federal, que para añadir dificultad a la de por sí complicada empresa ejercía de anfitriona. En Hamburgo, sin embargo, la ‘Naranja Mecánica’ de Rinus Michel bordó el fútbol y fue capaz de remontar el gol de Matthäus a los 55 minutos. Koeman igualó de penalti y Van Basten certificó el pase con un tanto a pocos minutos del final. MVB fue el protagonista absoluto puesto que también había forzado el penalti del empate con un piscinazo que engañó al colegiado.

La final es historia del fútbol. Aquella volea mágica que batió a Dassaev, y el posterior gol de Gullit a dejada con la cabeza del Cisne de Utrecht, dieron el primer y único titulo de su historia a Holanda. Y pese a estar varios meses lesionado, a final de 1988, Marco Van Basten se hacía con el primero de sus tres Balones de Oro.

VAN BASTEN Y MILAN, ENVIDIA DE EUROPA, PESADILLA DEL MADRID

Ese mismo verano llega Rijkaard para que Arrigo Sacchi pueda contar con su terceto mágico de holandeses. La temporada iba a ser curiosa. El Milan mostró desinterés por los torneos nacionales y se volcó en recuperar la Copa de Europa, tras 20 años sin tenerla en las manos. Van Basten fue con 19 goles el segundo máximo goleador de la Serie A, sólo por detrás de Aldo Serena. En Europa, Marco también pintó obras de arte por doquier. Llegó hasta los diez goles en 9 partidos. Nueve encuentros con un objetivo final: alzar la Orejona al cielo de Barcelona. En el camino, hubo un duelo de leyenda: la vuelta de la eliminatoria contra el Real Madrid, un partido que cualquier aficionado blanco prefiere olvidar. Aquel 5-0 en San Siro, vino precedido de un 1-1 en el Bernabéu. Si en el coliseo madridista Van Basten había sido protagonista con su precioso cabezazo en escorzo, en Italia, el poeta del gol fue simplemente imparable. Dentro de una actuación coral soberbia, Marco sobresalió junto a Gullit. Ambos aportaron un gol y volvieron locos a los hombres de Beenhakker. Ancelotti, Donadoni y Rijkaard completaron la manita en una noche de infausto recuerdo para el madridismo.

marco van basten balon de oro milanEn la final llegó otra exhibición milanista, un 4-0 frente al Steaua en el Camp Nou, con doblete de MVB. No había dudas. El Balón de Oro de 1989 iba para el delantero centro holandés. Y el Milan acaparaba el podio del trofeo por segundo año consecutivo, con Baresi y Rijkaard.

En la 1989-1990 vuelven a eliminar al Real Madrid en octavos y en la Serie A van como un tiro hasta la primavera. Por entonces bajan un poco su rendimiento y llegan a la penúltima jornada empatados a puntos con el Nápoles. Van Basten corona sus 19 goles en 26 partidos con otra Copa de Europa. Pero esta vez el periplo hasta la final no fue especialmente brillante y pasaron apuros en determinados encuentros muy comprometidos. El gol de Rijkaard vale para derrotar al Benfica en Viena. Por el camino, también levantaron otros dos trofeos, la Supercopa Europea y la Intercontinental.

Todo eran alegrías para Marco hasta la primavera del 90 pero el verano llegó y con él, la decepción en el Mundial de Italia. Superada por los pelos la Fase de Grupos (con tres empates en otros tantos partidos) la posterior campeona del mundo, Alemania, les apeó en octavos con goles de Klinsmann y Brehme. El tanto de Koeman no fue suficiente y Van Basten se despidió del torneo sin ver portería. Consecuentemente decía adiós al Balón de Oro.

EL LENTO DECLIVE DE MARCO

En la temporada 1990-91 sus molestias en las articulaciones comienzan a hacerse crónicas. No puede tener continuidad y su cuenta goleadora se para en 11 goles. Además, el Milan claudica en Italia frente a la Sampdoria de Vialli y Mancini. Para más inri, los lombardos son eliminados en cuartos de Copa de Europa ante el Marsella de Tapie y Martín Vázquez, debido al escándalo del apagón de luces en el Velodrome. La negativa de los italianos a reanudar el partido tras irse la luz en el estadio, será castigada con una sanción dura para el conjunto milanés, que se queda sin participar en competiciones europeas la siguiente campaña.

En ese momento, las cosas se empiezan a torcer en todos los sentidos. Los problemas de Sacchi con la plantilla se hacen notorios y el mal feeling del preparador con algunos pesos pesados del vestuario, empujan a su salida del club en el verano del 92. Arrigo asume el cargo de seleccionador italiano y en su lugar llega Capello. Enrique Julián Gómez, editor de @CalcioSphera profundiza en la complicada convivencia del ‘9’ con el técnico de Fusignano:

Conocidas fueron sus confrontaciones con Arrigo Sacchi, dos personalidades absolutamente antagónicas, el espítitu libre contra el rigor maniático. Aunque posiblemente el uno sin el otro nunca habrían alcanzado las cotas de excelencia a las que llegaron en el Milan”. Enrique Julián también revela que: “tras un empate sin goles en Bremen en los cuartos de final de Copa de Europa, Sacchi le comentó al periodista Bruno Pizzul que Ciccio La Rosa —un goleador que destacaba en el modestísimo Licata equipo siciliano de Serie B—, encajaría mejor en su sistema que Van Basten. El holandés, unas semanas después, destrozaba al Real Madrid en semifinales y anotaba un doblete en la final de 1989 contra el Steaua. Afortunadamente, en este caso la historia siguió su curso más lógico”

 

Para sorpresa de muchos, el ex internacional transalpino recupera la moral de las tropas y lleva al Milan a su máxima expresión. Recupera conceptos de Sacchi y le añade matices tanto defensivos como ofensivos para jugar bien y ganar. En la 1991/92 se ve una gran versión de Van Basten, que con 25 goles en liga fue el capo cannonieri del país de la bota. Así las cosas, pese a fallar en semifinales de la Eurocopa 1992 el penalti decisivo ante Dinamarca, se adjudicó el tercer y último Balón de Oro de su carrera.

Es ahí donde comienza el descenso abrupto de Marco, que no del Milan. En la 1992-93 los rossoneri sigue invencibles y acumulan 50 partidos de Liga sin perder. Berlusconi hace fichajes de renombre buscando recuperar la Copa de Europa. El conjunto lombardo arrasa en Liga y en Europa (23 goles a favor y 1 en contra hasta la Final). Pero la llama de Van Basten se apaga, su brillo otrora deslumbrante se pierde. Sus rodillas están tocadas y sus tobillos al límite. En un acto de gallardía firma 20 goles en 22 partidos hasta que e un choque contra el Ancona, uno de sus tobillos hace crack. Tiene que parar. Los médicos le mandan al quirófano por cuarta vez en su carrera. Estará 4 o 5 meses fuera. Ese es el pronóstico. Pese a las recomendaciones en contra, se exprime para poder jugar la final europea ante el Marsella. A duras penas reaparece en abril pero en la final, perdida por el Milan con un cabezazo de MBoli, se resiente. Entonces comienza el vía crucis de Marco. Dos años tratando de recuperarse sin éxito. Se pierde Mundial 1994 y harto de sufrir dolores y no poder volver a disfrutar del fútbol se tiene que retirar en agosto de 1995. Con 30 años recibe un emotivo y triste partido de homenaje. Y así, entre lágrimas del respetable, se nos fue un delantero irrepetible.

Su prematura retirada agigantó su leyenda y elevó sus genialidades al Olimpo del Fútbol. Pero en nuestras mentes Marco sigue bailando con el balón, Van Basten da un pase a la red, o logra el imposible. La pelota siempre obedece y acaba besando la red. De volea, de cabeza o de chilena, cualquier cosa es posible con el 9 más versátil y elegante de todos los tiempos. Qué pena que te fuiste, maestro.

Comparte
Autor de Leyendas de la Premier y de Ivan Rakitic. Análisis e historia NBA en @EspacioDeBasket y @RDTNBA. Periodismo y Literatura.

DEJA UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here