Matthias Sammer
Matthias Sammer dando órdenes con la elástica del Borussia Dortmund. Foto: Sven Simon

“Matthias Sammer siempre fue un tío rebelde”, desliza Miguel Gutiérrez, especialista en fútbol alemán de Canal Plus. El periodista, originario de Dortmund, sigue diseccionando de manera certera la personalidad de un futbolista infravalorado por el gran público y del que se tiene una percepción errónea. Porque Sammer “era un pedazo de futbolista, la gente está muy equivocada con él”, explica Gutiérrez. “Era un tío con mucha personalidad, que gritaba, que se quejaba pero quien le conoce bien sabe que fuera del campo es una persona tranquila, tiene dos caras”, agrega.

Matthias Sammer, nacido en Dresde hace 47 años (1967), vivió su infancia, adolescencia y juventud en la Alemania del Este. Su padre Klaus, entrenador del Dynamo Dresden, intuyó en él condiciones para ser futbolista y su retoño ingresó en las categorías inferiores del club a los 9 años. Allí fue subiendo peldaños hasta que ‘papá Klaus’ le dio la alternativa en 1985. Con 18 años empezó a instalarse en el primer equipo del conjunto controlado por la Stasi, aparato policial del régimen comunista de la RDA. En este club se inició como centrocampista goleador, recolectando 16 goles en 28 partidos durante la temporada 1985-1986 . En las siguientes cuatro campañas acumuló 38 goles y su palmarés fue reseñable. En el Dynamo ganó 2 Oberligas, una Copa y una Supercopa de Alemania.

Pero, pese al brillo individual y a los triunfos colectivos, Matthias no era feliz. Se sentía vigilado, controlado y sometido por el régimen de la RDA. Motzki (protestón en alemán), sabía que estaba siendo espiado por las autoridades de la Alemania comunista, una práctica habitual con sus mejores deportistas. “Un año antes de la caída del muro coincide en un hotel con Arie Haan (mundialista con Holanda) y empiezan a hablar. Una hora más tarde se presenta la Stasi en su casa y le llevan a interrogarle durante varias horas. Sammer no sabía que la Stasi en determinados hoteles tenía micrófonos escondidos debajo de las mesas y en esa conversación habían hablado de la posibilidad de jugar en la Bundesliga”, relata Gutiérrez, quien aclara que “si hubiera sido a otra futbolista le hubieran encarcelado, pero él era el mejor futbolista de la RDA”.

El 9 de noviembre de 1989, Sammer vio la luz. El muro de Berlín fue derribado. Él terminó aquella campaña con el Dynamo y partió rumbo a Stuttgart donde conquistó su primera Bundesliga en su segundo y último curso. Ya por entonces era un jugador con inquietudes intelectuales que necesitaba ampliar fronteras. Por eso 63 partidos y 20 goles después de fichar por el conjunto de Baden-Württemberg, aceptó la propuesta del Inter para viajar a Italia. Aunque no se adaptó al Calcio –sólo jugó 11 partidos en la 1992-93– incorporó matices a su juego en su breve periplo por la Lombardía. También desarrolló inquietudes que mantiene a día de hoy. “Sammer es culto, inteligente, con cabeza, se sabe expresar y tiene carisma”, expone Miguel Gutiérrez.

LAS DOS ALEMANIAS Y ANÉCDOTAS EN DORTMUND

Matthias Sammer debutó con la Alemania del Este en 1986, a los 19 añitos. Allí estuvo hasta la caída del ‘muro de la vergüenza’. Desde 1990 a 1997 defendió a la Alemania unificada, logrando un gran éxito, la conquista de la Eurocopa de 1996, disputada en Inglaterra. Los teutones se impusieron en una final apretada a la mejor generación checa de la historia (Poborsky, Nedved, Bejbl, Bergel), con un gol de oro en la prórroga de Oliver Bierhoff. Cuatro años antes había sido subcampeón de la edición anterior, al caer derrotados en la final por la sorprendente Dinamarca de Schmeichel y los hermanos Laudrup.

El Borussia Dortmund le propuso regresar a Alemania en el verano de 1993. No lo dudó. Y en Westfalia vivió sus días más gloriosos como futbolista. Permaneció seis temporadas vestido de amarillo y negro, en las que conquistó otros tantos títulos, dos de ellos a nivel europeo. Su botín está compuesto de 2 Bundesligas, 2 Supercopas de Alemania, y el doblete Champions- Intercontinental de 1997. “Allí tuvo sus más y sus menos con Paulo Sousa, Julio César, Jurgen Köhler pero fue realmente porque lo daba todo por el éxito”. Antes de aquella final, disputada en el Olympiastadion de Múnich dio un discurso motivador, “de los que ponen la piel de gallina”, prosigue Gutiérrez. Aquella orejona conquistada ante la gran Juventus de Zidane, Del Piero y cia, fue merecida ya que los borussers completaron un torneo impecable, liderados por Sammer desde la posición de líbero o defensa central, en una reconversión que se había iniciado unos años antes. “Era el gran líder de aquel Dortmund”, remacha Gutiérrez quien asegura que su carrera y la de Toni Kroos presentan muchas similitudes.

Un año antes había sido elegido mejor jugador de Europa por los periodistas de la revista France Football. Justo dos décadas antes, otro alemán que jugaba de defensa, el kaiser Franz Beckenbauer había sido el último Balón de Oro en su posición. Fue un premio discutido por algunos y que dejó una anécdota curiosa desvelada por Miguel Gutiérrez. “Se enteró de que había recibido el premio echando gasolina”, comenta. “Era la época en que empezaban los móviles, aquellos Nokia que parecían ladrillos”. Sin duda original forma de coronarse como mejor futbolista europeo del momento, la de un líder con mando y jerarquía, dotado de un carácter muy alemán. El pelirrojo era un jugador completo, versátil, con visión de juego y virtudes técnicas y físicas. Era y es Matthias Sammer, el ‘Motzki de oro’, el ‘cacique’ de las dos Alemanias.


Alberto Fernández (@Alberto_PREMIER) es periodista especializado en fútbol inglés. Coautor del libro“Leyendas de la Premier”

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Autor de Leyendas de la Premier y de Ivan Rakitic. Análisis e historia NBA en @EspacioDeBasket y @RDTNBA. Periodismo y Literatura.

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