michael owenLo mejor del fútbol, y del deporte, es que no hace falta levantar la copa para ser recordado. Hay cosas que nunca ocurrieron en un terreno de juego, ni tan siquiera en una entrega de premios, pero la memoria se empeña en modificar la realidad para hacer justicia con aquel que quedó segundo. Para hacer justicia por su estética, por su forma de entender el juego, por su valentía, por su afán de hacer merecer la pena el precio de la entrada. De cualquier manera, pero se trata de recompensar a aquel jugador o aquel equipo que acarició la gloria pero no pudo salir en la foto. ¿Por qué entonces pasó a la historia la Holanda de Johann Cruyff? ¿O por qué siempre se recordará al reciente Athletic Club de Marcelo Bielsa? La victoria no es correlativa al éxito, nunca en la vida; y menos todavía para aquellos cuyo techo nada sabe de diamantes y premios hollywoodienses. Así de sabia es la memoria.

En este sentido, existe un comentario extendido entre los más futboleros y, sobre todo, entre los seguidores del Real Madrid respecto al Balón de Oro del año 2001, después de varias décadas en las que era una osadía encontrar un pretendiente español a tan codiciado galardón, Raúl surgió como el principal exponente nacional, urdido en el Madrid doblemente campeón de Europa entre 1998 y 2000, la bandera del mejor club del siglo XX y el ‘Ferrari’ de la selección. El excelente momento de los merengues otorgó al delantero de Villaverde todas las papeletas para levantar el Balón de Oro y poder dar relevo, 41 años después, a Luis Suárez, el último español en ganarlo.

Owen y Almeida durante el Mundial de Francia 1998. El Clarin
Owen y Almeida durante el Mundial de Francia 1998. Foto: El Clarin

Raúl fue ‘Pichichi’ con 24 goles, un año en el que el Real Madrid se proclamó campeón de Liga con autoridad y rozó la final de la ‘Champions’ tras ganarla un año antes, apeado –en esta ocasión– por el Bayern en las semifinales. En cualquier caso, el expediente de Raúl no podía ser más inmaculado, más allá del habitual tropiezo copero de los madridistas, ese año con sorna en Toledo, ante un rival de Segunda B. Los méritos estaban ahí, de igual forma que sus desdenes con la selección, un lastre histórico que tenían muy en cuenta los miembros del jurado en aquella edición. En su favor, Raúl había levantado la Copa de Europa la temporada anterior, siendo decisivo en aquella final de París. La enorme trayectoria que había acumulado a sus 23 años era uno de los puntos favorables para el madrileño.

El problema para Raúl es que sus contrincantes más directos empequeñecían sus virtudes. Era el caso del portero alemán Oliver Kahn, el guardián del Bayern de Múnich, otro de los favoritos en las quinielas para ganar el Balón de Oro de 2001 y salvar la eterna deuda de los cancerberos con este premio. Y también David Beckham y Francesco Totti, otros que pegaban fuerte en la prensa de sus países, convirtiendo las semanas previas a la entrega del premio en una absurda batalla entre países, entre clubes y, en algunos casos, entre compañeros del mismo equipo. Nada tan asqueroso como el tufo que desprende la actualidad, pero se trataba de un comienzo suave que anunciaba la banalización del dichoso balón. Mucho más, cuando terminó por unificarse con el FIFA World Player.

Sin embargo, en esta nómina de ilustres de comienzos de siglo falta uno, el principal rival de Raúl para conseguir el Balón de Oro: el inglés Michael Owen. El menudo delantero del Liverpool, quién años más tarde pasó a ser su compañero en el Bernabéu, entregó una tarjeta de visita impecable. Owen ‘acudió’ a aquella votación habiendo ganado un triplete: la Copa de la UEFA, la Copa de la Liga y la Copa de Inglaterra. A sus 21 años, su timidez era directamente proporcional a su talento. Resolutivo, limpio, veloz, extremadamente ágil, así era Michael Owen, que alcanzó la cifra de 16 goles en la Premier, ocho menos que Raúl en la Liga española.

Owen y su balon de oro en 2001. Foto: Mundo Deportivo
Owen y su balon de oro en 2001. Foto: Mundo Deportivo

Para aquel 17 de diciembre de 2001, el triunfo del ‘7’ blanco era tan probable como el del ‘10’ de los ‘reds’. Todo dependería del capricho de aquellos periodistas que ya habían emitido sus deseos. Ese año, la elección del Balón de Oro todavía recaía –únicamente– en las votaciones realizadas por 140 periodistas que elaboraban una lista preferencial de cinco nombres. El primero sumaba cinco puntos, el segundo cuatro, el tercero tres, el cuarto dos y el quinto sumaba un punto. Bajo este sistema, cuando la revista francesa L’Equipe anunció los resultados, el jugador nacido en Chester se proclamó campeón. Owen totalizó 176 puntos por los 140 que obtuvo Raúl, mientras que Kahn completó el podio honorífico con 114 designios.

Un inglés había vuelto a ganar un Balón de Oro después de que Kevin Keegan lo hiciese en 1979, toda una proeza en las islas y un manto de aire fresco para la hinchada inglesa, que ya se emocionaba con el futuro de su selección. Owen, el segundo jugador más joven en ganar el Balón de Oro, y Beckham, formaban un tándem demasiado atractivo como para no ilusionarse de cara al Mundial de Corea y Japón en 2002.

Al final, ni Mundiales ni perdices en la carrera de Michael Owen como internacional. En lo personal, todo fue bien distinto. Tres años después de su premio cambió el Liverpool de toda su vida por el Real Madrid, donde marcó un buen puñado de goles, pero no terminó por asentarse. De ahí, tras cuatro exitosas campañas en el Newcastle, Owen fichó por el Manchester United, donde amplió su currículo e incluso pudo ganar la Premier, algo que se le había resistido con la camiseta del Liverpool. La 2012/13 fue su última temporada en activo, en la filas del Stoke City, allí consiguió cinco goles en 11 presencias.

Un prolífica carrera que recibió un gran empujón aquellas Navidades de 2001. Nada cambiará aquella votación, Owen no perderá su galardón, pero para muchos aficionados aquel Balón de Oro se lo arrebató sin merecimiento a Raúl. Uno de los más conflictivos a lo largo de la historia, una decisión que, sin embargo, no privó para que la memoria de muchos aficionados guarde el brillo dorado de un balón que –en realidad– no desprende ninguna de las estanterías del salón de Raúl. El Balón de Oro que ganó Owen también lo ganó Raúl.

1 Comentario

  1. Raul merecia ganarlo esta claro! Pero yo queria saber algo mas sobre Owen….. Si no fuera por las lesiones creo que habria sido de los mas grandes

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