oleg blokhin
Fotografía de la revista cтapт

Nacido en Kiev en 1952 en el seno de una familia con tradición deportiva, no en vano su madre, Ekhaterina Adamenko fue una reconocida atleta mientras su padre trabajó en una sociedad deportiva de la capital ucraniana. El pequeño Oleg Vladímirovich Blojín empezó pronto a darle al balón.

Inició su carrera futbolística en el equipo juvenil del Dinamo de Kiev. Allí entrenó bajo las órdenes de Alexander Leónidas Vasilievich, un veterano de la Segunda Guerra Mundial ex jugador del Lokomotiv. Ya entonces destacó por su habilidad, velocidad y potente disparo.

Debutó el 25 de noviembre de 1969 en el estadio del Lokomotiv de Tblisi, el equipo de los ferroviarios georgianos. Sus actuaciones pronto le valieron la internacionalidad en el seleccionado juvenil soviético. En 1972 disputó los Juegos Olímpicos de Múnich representando a la URSS logrando la medalla de bronce en la competición de fútbol. Durante la misma logró anotar seis goles, incluyendo un hat trick ante México y el tanto que abrió el marcador en el partido por el tercer puesto que la URSS empató a dos ante la República Democrática Alemana.

Un año después fue elegido como Mejor jugador de la Unión Soviética. Galardón que le volvería a ser concedido en 1974 y 1975, coincidiendo con la edad dorada del Dinamo de Kiev. Liderado por Blojín en el campo y dirigido desde el banquillo por la dupla formada por el coronel Valery Lobanovsky y el ex delantero del club Oleg Bazylevych, el Dinamo ucraniano vivió sus mejores años de gloria. En 1974 el conjunto de Kiev firmó un doblete tras ganar la liga y la Copa de la URSS. El año siguiente, además de volver a imponerse en el campeonato regular local ganó en Basilea su primera Recopa de Europa tras derrotar en la final al Ferencváros húngaro por un contundente 3 a 0. Ese día, por cierto, Blojín cerró el marcador con un tanto en el minuto 67.

El conjunto bilo-syni obtuvo también en 1975 su única Supercopa de Europa al vencer al todopoderoso Bayern de Múnich de Sepp Maier, Karl-Heinz Rummenigge y Franz Beckenbauer gracias a tres goles de, quién sino, Oleg Blojín (uno marcado en la ida jugada en el Olympiastadion de Múnich y otro en el partido de vuelta disputado en el Estadio de la República de Kiev ante 110.000 espectadores). Aún hoy en día es recordado el gol que metió en Múnich en el que después de recibir el balón en su campo sorteó a cinco defensas rivales y batió al mítico guardameta alemán. 1975 fue, sin duda, el año de consagración del delantero soviético. El reconocimiento internacional no tardó en llegar. La revista France Football le eligió Mejor jugador europeo de 1975. De esta forma, con tan sólo 23 años y tras arrasar en la votación (122 votos de 130 posibles) consiguió el Balón de Oro. En aquella edición el podio de lujo lo completaron Cruyff y Beckenbauer. Nada mal ¿no?oleg blojin

Blojín también rompió todos los récords y estadísticas del fútbol soviético. Fue cinco veces máximo artillero del campeonato (1972-75 y 1977). No en vano, en los 432 partidos que jugó con el Dinamo llegó a marcar 211 tantos. Como internacional su registro alcanzó los 42 goles en 112 encuentros. De hecho, integrando la selección soviética llegó a disputar dos mundiales (España’82 y México’86) en los que la URSS cayó en cuartos y octavos de final respectivamente. En este último, Blojín anotó su único gol en una Copa del Mundo, su víctima fue el combinado canadiense entrenado por Tony Waiters.

Más allá de los galardones individuales su palmarés también está repleto de títulos colectivos. Sin embargo nada de ello le valió para poder cruzar el Telón de acero. Los intentos de clubes como el Real Madrid o el Bayern de Múnich para ficharle fueron en balde, los dirigentes deportivos, políticos y militares del país se resistieron a perder a uno de sus máximos emblemas. A pesar de haber ofrecido grandes servicios a la causa comunista no autorizaron su salida del país. Tampoco él forzó la situación por temor a que sus padres sufrieran represalias. Finalmente, su marcha del fútbol soviético fue posible con 35 años. Antes aún tuvo tiempo de dar un último recital en la final de la Recopa que el conjunto ucraniano jugó contra el Atlético de Madrid en 1986 en el estadio Gerland de Lyon. En aquella ocasión, Blojín fue el artífice del segundo gol, el que sentenció el partido, tras batir con una vaselina la salida desesperada del meta argentino Fillol. Y todo ello después de haber sufrido un accidente de tráfico y una lesión de rodilla que habían mermado su endiablada velocidad.

Dos años más tarde, en 1988, abandonó la disciplina del conjunto ucraniano para ingresar en las filas del Sportklub Vorwärts Steyr austriaco donde jugó una única temporada. Con su fichaje por el Aris Limassol chipriota el delantero ucraniano cerró su prolífica etapa como jugador, colgando las botas en 1990.

ETAPA DE ENTRENADOR

Una vez retirado inició su singladura como entrenador en el Olympiakos. Durante una década deambuló por los banquillos de distintos clubes griegos, como el PAOK, el Ionikos o el AEK de Atenas hasta que en el 2003 se hizo cargo de la selección ucraniana. Bajo su dirección el equipo nacional logró clasificarse por primera vez en su historia para una fase final de la Copa del Mundo, la que se jugó en Alemania en el 2006. Un torneo en el que cayó eliminado en cuartos de final ante Italia. A pesar del éxito Blojín decidió abandonar el cargo de seleccionador ucraniano en diciembre del 2007 envuelto en la polémica tras unas manifestaciones en las que se mostraba reacio a fichar futbolistas africanos y harto de que le compararan con Lobanovsky.

Durante esos años Blojín compaginó su tarea al frente de la selección con la política. Nada nuevo si tenemos en cuenta como en el pasado había sido miembro del PCUS. En 2002 fue elegido miembro de la Rada Suprema (Parlamento ucraniano) en representación del Partido Social Demócrata de Ucrania- Unido (SDPU-o) liderado por el magnate pro- ruso Víktor Medvedchuk, una formación que se convirtió en marginal tras la revuelta del Maidán y el conflicto del Dombás. En el año 2003 Blojín se convirtió en miembro del consejo político del SDPU-o.

De hecho, el ex futbolista nunca había rehuido de la política. Nacionalista confeso, no dudó en fotografiarse en plena era soviética junto al monumento erigido en Kiev en recuerdo de los jugadores del Start, aquel conjunto ucraniano que jugó un célebre partido contra los ocupantes nazis en 1942.

Reuters
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Lejos de abandonar su vinculación con el fútbol en el 2008 Blojín fichó por el FC Moscú aunque tras una temporada irregular acabó rescindiendo su contrato tras diversos desencuentros con la prensa. El año siguiente volvió a su país para ejercer como director deportivo del FC Chernomorets Odessa. Se mantuvo en el cargo hasta que en abril del 2011 fue designado nuevo seleccionador de Ucrania. Tan sólo un año después pasó a entrenar al Dinamo de Kiev, el equipo de su vida. De esta forma, Blojín cerraba un círculo de éxitos deportivos y logros personales. Volvía a casa, a su amada ciudad. Aquella que siempre recordará a aquel alto delantero ambidiestro que caía en la banda derecha y con su regate desarmaba la defensa adversaria para perforar con potencia la portería rival. Clase, estilo, personalidad y elegancia. Blojín, el último icono del fútbol soviético. El considerado mejor jugador de la URSS desde Lev Yashin, aquel que en 1975 se consagró logrando el Balón de Oro.

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Doctor en Historia Contemporánea por la Universitat de Barcelona (UB). Colabora en ARA, Panenka o L'Esportiu.

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