paolo rossi
Fotografía: LaPresse

Había nacido en la Toscana de Prato en 1956, y su padre Vittorio, un apasionado del fútbol, no dudará en llevar a su hijo Paolo a jugar en la Cattolica Virtus de Florencia, para poco tiempo después decidirse a que su hijo debía demostrar sus condiciones en las categorías inferiores de la Juventus. Sus reiteradas lesiones en las rodillas le obligarán a pasar tres veces por los quirófanos, y provocarán que los técnicos terminen creyendo que era “un jugador prácticamente acabado”, decidiéndose a cederlo inicialmente al Como, en donde tampoco logrará jugar con regularidad. Su última oportunidad le llegará con diecinueve años en el Lanerossi Vicenza, un equipo de segunda división al que la Juventus convenció para adquirir el 50 por ciento del jugador en coparticipación. El joven Rossi estaba convencido que si no conseguía superar sus continuas lesiones y jugar con un mínimo de frecuencia tendría que dejar el fútbol.

La fortuna le hará coincidir con Gian Battista Fabri, el entrenador del Lanerossi Vicenza quien le permitirá recobrar la ilusión por el fútbol y destaparse como goleador en la temporada 1976-77, llevando al equipo al ascenso a primera división y consiguiendo el galardón de capocannonieri de la Serie B con 21 tantos. Al año siguiente, el club seguirá su progresión imparable en la máxima categoría pese a un inicio irregular, logrando terminar la competición en segunda posición detrás de la Juventus. Nuestro protagonista se volverá a proclamar máximo goleador del campeonato con 24 goles. El seleccionador Enzo Bearzot ya se había fijado en un Rossi renacido y no dudará en llevarlo al Mundial de Argentina en 1978. Con los azzurri logrará marcar tres goles en el Mundial, dejando patente su enorme talento de cara a gol y colaborando a que la selección alcanzase el cuarto puesto tras caer derrotado con Brasil por 2-1.  

La Juventus y el Vicenza mantenían cada uno la mitad de los derechos del futbolista, y ambos clubes se enfrentaron en una agria polémica durante el verano de 1978 para conseguir el control total del jugador, obligando a los dos clubes a tener finalmente que “subastarse” la propiedad de Rossi. La escandalosa cifra que ofreció por la mitad de los derechos del jugador a la Juventus el presidente del Vicenza, Giuseppe Farina (concretamente 2 billones y 612 millones de liras), le terminará permitiendo poder controlar el futuro del goleador por las siguientes temporadas. Pero las rosas se convirtieron en espinas y al descenso del Vicenza a Serie B en la temporada 1978-79 se le unirá una nueva lesión de rodilla que le mantendrá apartado de los terrenos de juego durante varias jornadas. Pese al descenso de su club, Rossi logrará mantenerse en la máxima categoría al marcharse cedido por dos temporadas al Perugia. En la única temporada que terminará jugando en este club, logrará marcará 13 goles en 28 encuentros. Pero inesperadamente toda su carrera saltará por los aires cuando su nombre aparezca relacionado dentro de uno de los mayores escándalos del fútbol italiano.    

EL ESCÁNDALO DEL CALCIOSCOMMESSE

El caso del Totonero convulsionó el fútbol italiano pocos meses antes del inicio del Mundial de España. El comerciante romano Massimo Cruciani y su amigo Alvaro Trinca, propietario este último de un restaurante en la ciudad, se convirtieron en los instigadores de la estafa junto con varios jugadores del Lazio que acudían habitualmente a cenar al restaurante de Trinca. Posteriormente, se extenderá la red a futbolistas de todo el país que arreglaban los partidos en los que apostaba Cruciani y Trinca. Los rumores que a lo largo de la temporada 1979-80 comenzaron a escucharse, se terminarán confirmando con las declaraciones del jugador del Lazio, Maurizio Montesi, quien destapará todo el entramado de apuestas clandestinas y amaño de partidos que existía. Después del arresto de Cruciani y Trinca en marzo de 1980, también serán arrestados el presidente del Milán Felice Colombo junto con el portero del equipo Enrico Albertosi; los jugadores del Lazio, Bruno Giordano y Pino Wilson; y el espectacular delantero del Perugia, Paolo Rossi. Un mes más tarde, se conocerá que de los 38 encausados 33 de ellos eran futbolistas. La sentencia condenará inicialmente a Rossi a tres años de sanción, que posteriormente serán reducidos a dos, permitiéndole de esta manera poder acudir al Mundial.Paolo Rossi y su balon de oro

Rossi se llegó a plantear retirarse del fútbol e incluso dejar el país, hasta que el máximo dirigente de la Juventus, Giampiero Boniperti, se vuelva a interesar por el jugador toscano cuando le quedaban todavía doce meses de sanción. El club de Turín le ofrecerá entrenarse con el equipo hasta que la federación le permitiese volver a competir. A los tres días de concluirse el castigo el entrenador Trapatoni le hará debutar frente al Udinese en abril de 1982. Marcará, demostrando que pese a su paréntesis seguía siendo el mismo de siempre y ayudará al club a conseguir un nuevo scudetto.

Bearzot tampoco le había olvidado durante todos estos meses, y enfrentándose a gran parte de la prensa que consideraba un riesgo el convocar a un jugador que había estado parado durante dos años para dejar fuera al delantero de la AS Roma, Roberto Pruzo, seguirá confiando nuevamente en Rossi y él le pagará al Vecio con goles. 

EL MUNDIAL DE ESPAÑA Y EL PUNTO DE NO RETORNO

Italia había pasado la segunda fase del Mundial con grandes dificultades y sin haber ganado un solo partido de los tres que había disputado. Su juego especulativo, acumulando jugadores en su campo y dejando todas las esperanzas ofensivas en algún contragolpe milagroso que terminase en gol, le convertían en el rival más débil de un grupo que en la segunda fase compartía con Argentina y Brasil. Parecía imposible que Italia pudiera vencer algún partido frente a estos rivales, sobre todo si Paolo Rossi, el que se suponía que debía ser el “héroe” del equipo italiano, seguía estando muy lejos de su mejor forma, sin compenetrarse con el resto de sus compañeros, lento, perdido y sin su clásico oportunismo de cara al gol. Pero Italia sorprenderá a todos al imponerse a los argentinos por 2-1, en un encuentro que supondrá un claro punto de inflexión en la autoestima de los jugadores italianos mientras que seguía sin haber noticias de Rossi.

Todo cambio una calurosa tarde de julio en el estadio de Sarriá. Doce años después de la inolvidable final entre italianos y brasileños en el Mundial de México´70, otra vez las dos selecciones iban a enfrentarse en un duelo inolvidable. La táctica de contención italiana cerró desde el primer minuto los espacios al contrario, y permitió que las incorporaciones constantes de los jugadores brasileños en ataque, fueran aprovechadas por los hombres de Bearzot lanzando sus habituales contragolpes mortales. A estas alturas de campeonato ya nadie contaba con Paolo Rossi, pero el “bambino” renació para llevar a su equipo a la gloria. Después de cuatro partidos sin marcar y bajo la ansiedad que esta situación genera en todo delantero, a los cinco minutos de iniciarse el partido Cabrini profundiza por la banda izquierda y decide cruzar un balón templado al segundo palo.

El propio Rossi reconocía años después que había tenido “la intuición de arrancar una décima antes” que su defensor, consiguiendo llegar antes al balón y coger “a contrapié al portero”. Italia se adelantaba en el marcador y Rossi conseguía por fin desbloquearse: “Creo que el primer gol de ese partido fue quizá el más importante de mi carrera. Este fue el gol que me abrió, como diría, las puertas del paraíso”. Minutos después, un pase defectuoso de Cerezo a Luizinho es adivinado inteligentemente por Rossi, que no duda en encarar velozmente la portería brasileña conectando un disparo a la izquierda de Waldir y poniendo en el marcador el 2-1. Brasil volverá a igualar el resultado pero Rossi todavía tenía algo que decir. A los 74 minutos un córner sacado por Conti desde la derecha es tímidamente despejado por la defensa brasileña, Tardelli muy atento logra empalmar de volea y Rossi, que se había quedado libre de marca desvía el disparo de su compañero logrando el tercer gol.

Después de cuatro partidos sin marcar, “Pablito” había renacido respondiendo con goles a todos los que desde su vuelta a la selección le habían criticado. A los que aseguraban que nunca volvería a ser el mismo que había deslumbrado antes de su suspensión, Rossi les había reservado tres goles que le proyectarán con letras de oro en la historia de los mundiales. Nada volvió a ser igual para él a partir de ese día. Volverá a marcar por partida doble en la semifinal contra Polonia y en la misma final del Bernabéu frente a los alemanes, proclamándose máximo goleador del Mundial con seis tantos. Jugará hasta 1985 en su querida Juventus, para posteriormente terminar su carrera profesional en el Milan (1985-86) y el Verona (1986-87). Su palmarés se nutre de grandes triunfos como los dos campeonatos italianos (1981-82 y 1983-84), una Copa de Europa (1985), junto con una Copa de la UEFA (1984) y la Supercopa de 1984, a los que no podemos olvidar el Balón de Oro conseguido en 1982.

Pese a todos sus éxitos el Mundial de España marcó para siempre su vida, desde que una tarde de julio “Paolo” se convirtió para todos los italianos en su adorado “Pablito”.


Juan Antonio Simón (@jasimonsanjurjo) es Autor de España´82: La historia de nuestro Mundial (T&B Editores) y Effetto Mundial (Absolutely Free Editore)

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Profesor de historia del deporte en la Universidad Europea de Madrid. Autor de los libros 'España´82: la historia de nuestro Mundial' y 'Effetto Mundial. Spagna´82'.

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