peter schmeichel
Peter Schmeiche en un anuncio de Carlsberg. Licencia CC BY 2.5 SE

Decía Albert Camus, que “tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que sé con mayor certeza respecto a la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”. Camus, además de reputado hombre de letras, fue portero amateur. Sabe bien de lo que habla. Peter Schmeichel podría suscribir esta frase. El “Gigante Imbatible”, como Camus, tuvo una vida más allá del fútbol. Trabajó duro para ser quien fue, no sólo sobre el césped, también fuera de él. Hasta recalar en el Brondby allá por 1987, no tuvo muy claro si viviría de ello y tuvo que ganarse el pan con trabajos de todo tipo. Pero, gracias a su constancia y talento, ahora se le reconoce como uno de los mejores guardarredes de la historia tras dejar huella portando el escudo del Manchester United.

Alejado del césped desde hace una década, ahora disfruta de este maravilloso deporte desde el otro lado de la barrera y actúa de comentarista para medios ingleses y daneses. Schmeichel ama el fútbol. Y el fútbol le ama. Amores correspondidos.

Todo empezó hace ahora 50 años, cuando Peter Schmeichel saludó al mundo en Gladsaxe, municipio próximo a Copenhague. Su padre era polaco y por ese motivo no adquirió la nacionalidad danesa hasta los 7 años. En agosto de 1972 (con 8 años) se puso por primera vez bajo los palos para defender los colores del Hoje Gladsaxe y gracias a sus innatas condiciones, a los 12 fue reclutado por el club más potente de la ciudad, el Gladsaxe Hero. En sus equipos de base fue creciendo hasta que, cumplida la mayoría de edad, le llegó su oportunidad con los mayores en un duelo frente al Birkerod. Aquel día mostró sus dotes y captó la atención de periodistas y ojeadores daneses.

A los 20, firmó su primer contrato profesional con el Hvidovre y en su tercera y última temporada allí, su mujer Bente dio a luz a Kasper. El futuro familiar en la portería quedaba asegurado. Entonces llegó el Brondby, el trampolín hacia el éxito, la plataforma de lanzamiento hacia la realización de su sueño infantil: jugar para el Manchester United. Desde 1987 a 1991 defendió los tres palos del equipo más potente de Dinamarca y la UEFA 1990-1991 fue el escaparate para darse a conocer al mundo. Parada tras parada, se le iban abriendo las puertas de “El Teatro de los Sueños”.

PETER SCHMEICHEL: LA GANGA DEL SIGLO

Tras levantar cinco títulos en cuatro temporadas, llegó el momento de arribar a Old Trafford. Sir Alex Ferguson acudió al mercado de rebajas y se llevó una ganga. 550.000 libras pagó al club danés para hacerse con un proyecto de gran portero. Una vez más, la intuición del manager escocés fue extraordinaria. El guardián nórdico debutó el 17 de agosto de 1991 en un Manchester United- Notts County (2-0) y acaparó titulares por primera vez el 14 de marzo del año siguiente, gracias a un saque con la mano que ha quedado prendido en la memoria colectiva. En el minuto 81 del Sheffield United 0-2 Man Utd, Peter observó la carrera de Brian McClair por el costado izquierdo y le entregó la pelota medida, limpia, al pie, a unos 50 metros. El ángel danés había extendido su ala derecha para hacer volar el balón hacia la tierra prometida: la red.

Pese a sus grandes registros defensivos, los red devils fueron subcampeones. Una espina que Schmeichel se quitó durante aquel verano en la Eurocopa de 1992, celebrada en Suecia. La dinamita roja, tutelada por Richard M. Nielsen, asombró a Europa conquistándola con medios humildes. Acudió a la cita de rebote, tras la renuncia de la antigua Yugoslavia por su implicación en la Guerra de los Balcanes. Allí parada a parada, gol a gol, los vikingos fueron creciendo hasta plantarse en la final tras batir a Holanda en la tanda de penaltis del partido de semis. Peter, leyó la mente de Van Basten y detuvo el lanzamiento decisivo al delantero del momento. En la final, hizo dos fabulosas paradas a remates de Jurgen Klinsman, otro delantero top, que a la postre resultaron decisivas para la victoria final de Dinamarca (2-0) frente a Alemania (goles de Jensen y Vilfort).

«DE PETER ME FÍO»

Con la resaca del éxito continental comenzó la 1992-93, primera temporada de la era Premier, cuyo título recaló en las vitrinas de Old Trafford, tras 26 años de larga ausencia. Schmeichel registró 22 ‘clean sheets’ (portería imbatida) en 42 partidos. Un récord difícilmente superable. Sus inmejorables números y soberbias actuaciones le situaron como el mejor portero del mundo según la IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol) en 1992 y 1993. Con Peter, podías estar tranquilo. Vale que a veces no había quien le aguantase. Las discusiones con sus compañeros de defensa (con Pallister se las tenía ‘tiesas’), con Ferguson (un día amenazó con tirar una taza de té a la cabeza del portero) o con rivales (con Ian Wright casi llega a las manos) están ahí. Pero Peter era un buen tío. Todo quedaba en el campo. Uno sabía que si el equipo fallaba él estaría allí para salvar los muebles. ¿Qué te llevarías a una isla desierta? Una bella mujer, un balón, comida, vino… y a Schmeichel. Ya no falta nada.

Tras este momento de delirio, vuelvo a recuperar la cordura, lo prometo. Otro título de Premier en la 1993-94, sumado a la conquista de la FA Cup, empezaba a consolidar a los diablos rojos como la fuerza dominante en Inglaterra y Peter ponía su granito de arena desde la portería. Los elogios recaían en el rebelde francés Éric Cantona pero detrás estaba el ‘gigante danés’ para transmitir tranquilidad a todas las estrellas. El curso 1994-1995 fue decepcionante pero entre las nubes asomó un rayo de sol. David Beckham, Paul Scholes, los hermanos Neville y Nicky Butt se empezaban a asentar en el primer equipo. Los ‘Fergie Boys’ eran la versión moderna de los malogrados ‘Busby Babes’. Y Schmeichel tuvo un instante para recordar: el 26 de septiembre, anotó su primer gol en Inglaterra, que no de su carrera, para dar el empate al Manchester United frente al Rotor (2-2) en Old Trafford. No fue suficiente para avanzar a la segunda ronda de la UEFA Cup ya que el 0-0 de la ida en Volgogrado dejaba fuera de la competición europea a los ingleses.

Más impactante fue el rendimiento de Peter en la campaña 1995-1996 cuando llegó a conceder únicamente cuatro goles en 21 encuentros como local en liga. Además protagonizó un partido memorable a domicilio el 4 de marzo del 96. El Man Utd.  visitaba St James’ Park, feudo del Newcastle, con cuatro puntos de desventaja sobre las urracas. Era un duelo vital por la Premier. Para los visitantes era fundamental, al menos puntuar. La primera mitad y gran parte de la segunda fue un acoso a la portería del gigante rubio. Les Ferdinand, Bardsley, Ginola, Asprilla… Los delanteros ‘magpie’ se iban estrellando una vez tras otra contra el guardameta danés. Hasta media docena de paradas espectaculares hizo para mantener en el partido a los suyos. Al final Cantona logró el tanto de la victoria y los de Ferguson se llevaron los tres puntos. El United acabó conquistando la liga. Gracias Peter.

EL ÁNGEL EXTIENDE SUS ALAS 

En la temporada 1996-97 volvió a ocupar portadas de periódicos por una intervención antológica. En una fría noche de diciembre, en Viena, a Schmeichel le cabecearon a bocajarro, a la altura del área pequeña. René Wagner conectó con la testa el centro de un compañero y su remate picado botó delante de Peter. Era gol cantado, el balón estaba demasiado cerca como para que pudiera reaccionar a tiempo. Pero no, el cancerbero danés dobló de formo felina su pesado cuerpo (1.91m, 105 kg) para evocar la parada de Gordon Banks a Pelé en el Mundial de México 1970. Peter durmió en el aire la pelota, le susurró unas palabras y la convenció de chocarse con su mano derecha para salir despedida por encima del tejado de su residencia. Aquel día el Manchester United necesitaba ganar para avanzar a cuartos de final de la Champions League. Todo salió bien, el United venció aquel partido frente al Rapid Viena. Y Schmeichel estaba allí para sentar las bases del triunfo. Como siempre. En semifinales el Borussia Dortmund acabó con  las esperanzas inglesas en la competición. Pero cayó la Liga. El United seguía marcando el camino en Inglaterra. God save Peter Schmeichel.

Tras una temporada de transición, llegó la mejor temporada en la historia del club y el mejor año en la vida de Schmeichel, un 1999 mágico en la orilla roja de Manchester. El 14 de abril comenzaba la fiesta en Villa Park (Birmingham). Dennis Bergkamp no quería mirar a la cara al gigante que tenía enfrente, que clavaba sus ojos azules en la pelota. Pura intimidación. Y el hombre que tenía miedo a los aviones falló desde los 11 metros. Mejor dicho, paró Peter. El Man Utd seguía con vida en el ‘replay’ de semifinales de la FA Cup. En el minuto 90, el portero de los red devils extendía el partido a la prórroga. Giggs hizo el resto en el tiempo extra con su gol de fábula. Pocos días después cayó el primer título, la Premier, tras una sufrida victoria casera ante el Tottenham (2-1). Y el 22 de mayo, Schmeichel besaba ‘la copa’ por excelencia. La FA Cup iba a parar a sus manos. Ya van dos títulos. Faltaba la guinda del pastel: la orejona.

Sobre la mítica final en Barcelona entre Bayern de Múnich y Manchester United está todo dicho. Aquello fue un frenesí de dos minutos que llevó el trofeo más deseado a manos inglesas. Schmeichel, como acostumbraba, subió a rematar el que parecía el último córner, la última bala. Sheringham empató y «el asesino con cara de niño» Solsjkaer, logró el 1-2 final ante el delirio de 40.000 hinchas emborrachados de éxtasis. En la Ciudad Condal Peter dejó dos imágenes para la posteridad: su pirueta de celebración en el tanto de la victoria y el momento en que levanta al cielo la orejona junto a Ferguson y sus compañeros. Era su último partido con los diablos rojos. La vie en rose.

¿RETIRO DORADO? NO, APETECE VOLVER A LA PREMIER

A sus 35 años Peter optaba por lo que parecía una jubilación tranquila en Portugal, residencia habitual de verano para la familia Schmeichel. En dos temporadas allí le dio tiempo a ganar una liga que satisfacía el espíritu competitivo del portero. Ya con 37, todo el mundo apuntaba a su retirada tras decidir que no renovaría su contrato con el Sporting Club. Nada más lejos de la realidad. Peter añoraba la Premier y quería pasar otro añito jugando al fútbol en las Islas. Lo hizo en las filas del Aston Villa, donde el 20 de octubre de 2001 volvió a pasar a los anales de la historia por ser el primer guardameta que marcaba un gol en la Premier. En Goodison Park voleó un balón dentro del área que traspasó la línea de meta de la portería del Everton.

Schmeichel se sentía fuerte para jugar una última temporada. Bombazo: lo haría en Manchester. ¿Volvía al Teatro de los Sueños? No. ¿Entonces? Pensó: “¿Por qué no al City?”. Su hijo Kasper encajaría bien en la cantera citizen y él podría jugar los dos últimos derbis de su carrera. Tras doblegar a su antiguo equipo (3-1) el día de clausura de Maine Road, esperaba el partido de vuelta, disputado en Old Trafford el 9 de febrero de 2003. Allí el City ‘rascó’ un punto a su odiado vecino. De esta forma Peter mantenía la estadística: 19 derbis disputados a lo largo de 9 temporadas y ninguna derrota. “¿Perder yo? Ni en broma”.

Entonces sí, al final de la campaña 2002-2003, Peter Schmeichel decía adiós al fútbol feliz y henchido de orgullo por una carrera plagada de éxitos y reconocimientos tanto colectivos como individuales. El arco del «Teatro de los Sueños» quedo huérfano. Decía adiós el ángel de Old Trafford. Se iba el guardián de los sueños. Ya nada volverá a ser como antes.

Comparte
Autor de Leyendas de la Premier y de Ivan Rakitic. Análisis e historia NBA en @EspacioDeBasket y @RDTNBA. Periodismo y Literatura.

DEJA UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here