Fotografía de Pep Amengual para Librería Rafael Alberti
Fotografía de Pep Amengual para Librería Rafael Alberti

Los escritores Ramón Lobo y Jacobo Rivero se dieron cita este miércoles en la librería Rafael Alberti para presentar los libros que publicaron recientemente. Por un lado, El autoestopista de Grozni y otras historias de fútbol y guerra. Su autor no es otro que el periodista que durante algo más de veinte años se sumergió en los diferentes conflictos que acuciaban el mundo, Ramón Lobo, afectado por el ERE al que recurrió El País en noviembre. El libro pertenece a la colección Hooligans Ilustrados y es muestra de cómo “el fútbol te permite llegar a gente que no conoces, bajar murallas y fronteras”, como reconoce el periodista nacido en Venezuela. Por otro lado, El ritmo de la cancha, historias del mundo alrededor del baloncesto del entrenador y periodista Jacobo Rivero, donde baloncesto y jazz ayudan a “contar historias reales que no vemos”, afirma el madrileño.

De este modo, los abundantes libros que rellenaban las blancas estanterías de la librería aislaron a los allí presentes, que contemplaron en silencio el discurso de los autores. Un discurso en el que entretejieron las historias de sus libros y experiencias personales para tomar una radiografía del estado del periodismo –incluido el deportivo-, en el que cada vez hay menos espacio para la investigación. Junto a ellos, ocuparon una silla Lourdes Lucía, de la editorial Clave Intelectual, y Emilio Sánchez, de Libros del KO. “Ambos tienen en común la lectura peculiar del deporte como hilo conductor de escenarios de guerra y del recorrido por diferentes lugares del mundo”, dijo para presentar el acto el último ellos. El resto de la planta baja se completaba con sillas de madera alrededor de los protagonistas.

“Las historias de los libros deberían estar en periódicos, pero no tienen espacio. Hice pequeñas historias, cuadernos de la gente colateral que encontraba. Les dediqué un espacio de seiscientas palabras. Descubres personajes con los que, sin escribir de guerra, ves la temperatura que coge el conflicto”, afirmó Ramón Lobo, descubriendo esa realidad que escapa de los medios de comunicación y cada vez tiene más hueco en la literatura. No hay lugar para esas historias en las que se da a conocer de manera más exhausta la situación social de un país por las ataduras con el tiempo y la falta de culto por escribir bien. “El problema es de paciencia y talento, que se han perdido en el periodismo. En los periódicos no cabe el reportaje, sino recortaje”, explicó.

Sosegado e intercambiando miradas de admiración con el peso pesado con quien compartía escenario, Jacobo Rivero también opinó sobre las carencias actuales de la prensa. Una prensa que consume de forma adictiva ya que sigue siendo una fuente de ideas para él, aunque haya que rebuscar cada vez con más ímpetu. “Hay una circunstancia dramática. Los medios no tienen paciencia y los periodistas la pierden”, reconoció antes de evidenciar la dificultad existente para informar desde el extranjero. “No vas a poder dedicarle espacio a una historia porque no te pagan o no cabe. A un periodista le pagan 30 euros por cada pieza de Estambul”, agregó con cierta indignación el autor de Sputnik basket blog.

Con la firme convicción de que el periodismo sigue siendo una profesión maravillosa, Ramón Lobo quiso ahondar algo más en lo que el considera una crisis de la “industria periodística”. “Al dividir las corbatas entre las páginas que aparecen en un periódico resulta su índice de aburrimiento. No falla, es periodismo declarativo”, aseguró con el respaldo de la risa cómplice de los asistentes, exhibiendo empatía y destacando la falta de capacidad para contar historias de otras personas que existe.

Entre reflexión y reflexión, en plena lluvia de ideas, aparecieron anécdotas en las que el deporte ocupaba de nuevo la primera plana. Así, Jacobo Rivero pudo sincerarse y acercar a los que escuchaban el día en que un niño le preguntó cómo era que las chicas de Palestina no llevaban burka mientras entrenaban en la cancha del Estudiantes; o cómo mantuvo entrevistas mientras los estruendos de los bombardeos inundaban la habitación.  También el madridista Ramón Lobo confesó su actuación como portero, suplantando a Iker Casillas, para detener un penalti a un chaval que hacía apenas unos días estaba en medio de la guerrilla. O sus charlas en Yugoslavia sobre los jugadores nacionales que militaban en la Liga, donde no convenía confundir nacionalidades.

Sin embargo, el sueño de un buen periodismo se resistió a abandonar la sala. El deporte volvía a servir de hilo para analizar otro aspecto de nuestra vida, de la cultura, del periodismo. Fue entonces cuando el monólogo se transformó en diálogo, con varias intervenciones de los hasta entonces oyentes. Intervenciones, no preguntas, que ayudaban a construir una utopía con la que todos se sentían cómodos, flanqueados por los publicaciones de Rafael Alberti y José Luis Sampedro. Rota, sin embargo con el miedo por el peligro de extinción del papel y la falta de lectores comprometidos, como señalaron los representantes de las editoriales. “Hay que hacer reivindicación por el papel, por el olor, por el tacto”, comentó Jacobo Rivero. “Los libros son nuestra memoria, esencia de nuestro pensamiento. Si el leer pausado desaparece, como sociedad perdemos mucho”, concluyó Ramón Lobo.

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Periodista y Community Manager. Cofundador de Football Citizens. Ahora me encargo de la dirección, diseño web y edición. Jugando el balón con criterio.

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