edu celta betisEra casi verano pero llovía de forma insistente. De todos modos, ni el más abrasador rayo de sol podría haber iluminado la ciudad aquella tarde. Corría el día 17 de junio de 2007, y el Celta de Vigo se jugaba la permanencia en la última jornada. Lo hacía en Balaídos, ante su afición, y con el incipiente EuroGeta de Bernd Schuster como adversario.

Las opciones de salvación no pasaban únicamente por lograr la victoria. Con el Gimnástic de Tarragona ya descendido, cuatro equipos se jugaban los otros dos billetes al más oscuro pozo de la Segunda División. Al Celta lo acompañaban Athletic de Bilbao y Real Betis, ambos con un punto más que los gallegos, y la Real Sociedad, que contaba con dos menos y reducidas posibilidades de salvarse de la quema.

Ni Athletic ni Betis lograron mover sus respectivos marcadores ante Levante y Racing de Santander hasta el descanso. Mientras, en Mestalla, la Real Sociedad empataba a dos goles con el Valencia de Quique Sánchez Flores, confirmando momentáneamente su descenso. El Celta, en Vigo, lograba establecer las tablas en el marcador después de que Habib Bamogo igualase el tanto anotado por Pablo Redondo en el minuto 26 de la primera mitad.

Con cuatro empates en cuatro encuentros, las segundas partes comenzaban con todo por dilucidarse. El primero en mover ficha fue el Athletic de Bilbao, que se adelantaba en el viejo San Mamés, certificando su permanencia de forma virtual. Apenas cinco minutos más tarde, Matías Lequi remataba un córner con rabia y enviaba al Real Betis a Segunda. En El Sardinero, los verdiblancos estaban bloqueados. Sus continuas tentativas por batir la meta defendida por Juan Calatayud se frustraban, y el electrónico no cesaba en su avance.

Para comprender lo que ocurrió a continuación y su impacto emocional en el seno del Celta de Vigo, es necesario remontarse al verano del año 2000, es decir, siete años antes del acontecimiento tratado. Corría el mes de julio cuando el equipo, por aquel entonces comandado por Víctor Fernández (actual entrenador del Deportivo de La Coruña), se hacía con los servicios de un joven delantero brasileño llamado Luís Eduardo Schmidt, más conocido como Edu. Llegaba desde el Sao Paulo sin apenas experiencia profesional, con 21 años y como una apuesta personal de la dirección deportiva celtista. Y no fracasó.

Durante las cuatro temporadas en las que vistió la camiseta celeste, Edu se convirtió en un referente ofensivo para el equipo, colaborando de forma directa con sus doce goles en la histórica clasificación del equipo para la UEFA Champions League en la temporada 2002/03. Sin embargo, en su última campaña en el Celta de Vigo, una lesión lo mantuvo apartado de los terrenos de juego durante media temporada, disputando únicamente 18 partidos de liga y afectando con ello a la fuerza atacante del equipo. Pese a todo, Edu tuvo tiempo para anotar dos goles en la máxima competición europea, el primero en la fase previa ante el Slavia de Praga y el último en octavos de final ante el Arsenal, ambos en Balaídos.

Al término de esa temporada, el Celta descendió a Segunda División y Edu hizo las maletas hacia Sevilla, donde el Real Betis Balompié le permitía continuar su carrera en la máxima competición española. Su anterior equipo, sin embargo, no tardaría en recuperar la categoría, con lo que, a partir de la temporada 2005/06, debía volver a Balaídos enfundado en una elástica de distinto color.

Volviendo a aquella tarde del 17 de junio de 2007, Edu saltaba al Sardinero con el objetivo de mantener al Betis en Primera División en detrimento del equipo que había apostado por él en un inicio. O caía él o caía el Celta. No había otra vuelta de tuerca. Llegados al minuto 80 de partido, el equipo en propiedad de Manuel Ruiz de Lopera estaba destinado, ante las victorias de Athletic y Celta, a consumar su descenso. Pero Edu no estaba de acuerdo.

En los últimos diez minutos del encuentro, el delantero brasileño se salió por sus fueros, anotando un doblete ante el Racing de Santander que, a la postre, daría la salvación a su equipo. Todo aquello caía como un jarro de agua fría en Balaídos, donde la frecuencia modulada no hacía otra cosa que transmitir malas noticias. Los jugadores vigueses, impotentes pese a su victoria, se veían obligados a despedirse de la élite del fútbol español, a la que no volverían por un largo periodo de cinco años.

Aquel día, aquella tarde lluviosa de verano, Gustavo López se despidió de la afición viguesa con amargas lágrimas en sus ojos. Lo mismo hicieron clásicos celestes como José Manuel Pinto, Ángel López o Borja Oubiña, a quien, a la postre, las lesiones devolverían a su hogar. Aquel día el Celta y la Real Sociedad volaron hacia el pozo de la Segunda División, mientras que Athletic Club de Bilbao y Real Betis lograban mantener la categoría. Aquel día, Edu envió al infierno al equipo que le permitió acariciar el cielo.

DEJA UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here