sir alex ferguson
Sir Alex Ferguson en un Manchester United – Crawley Town. Fotografía de Andrea Sartorati. Licencia CC BY 2.0

“Bueno, me voy a casa, me voy con los míos, y quiero dar las gracias a todos en nombre de la familia Ferguson. Estan todos ahí de pie…Once nietos…gracias”

 

Estas fueron las últimas palabras que sir Alex Ferguson pronunció en Old Trafford como entrenador del Manchester United. El 12 de mayo de 2013, el técnico más laureado de la historia del fútbol inglés se despedía de una familia, la del United, a la que había dedicado con enorme éxito 27 años de su vida. Por entonces, a los 71, consideró que era momento de entregarse a Cathy, su consejera y fiel apoyo en la intimidad del hogar. Y a sus hijos y nietos. Y a sus aficiones más allá del fútbol: las carreras de caballos por ejemplo.

Ferguson, un año después, sufría con la marcha del club desde el palco de Old Trafford, al que acudía con regularidad. Viendo cómo el enésimo equipo campeón que tuvo en virtud moldear, cayó en desgracia en las manos de David Moyes. Y cómo ‘The chosen one’ Moyes agotó la paciencia de los Glazers hasta el punto de ser destituido en abril, antes de terminar la temporada. Los mismos gerentes a los que ‘sir’ Alex tendió la mano cuando gran parte de la afición los quería lejos del club de sus amores, invalidaron antes de tiempo la apuesta personal de ‘Fergie’, que se decantó por su compatriota, en contra de los pronósticos que situaban a José Mourinho o a Pep Guardiola en el banquillo red devil.

JUVENTUD Y COMPROMISO: “IN FERGUSON WE TRUST”

Los Glazer, accionistas mayoritarios del Manchester United desde 2005, no tuvieron la misma paciencia con Moyes que tuvo el anterior presidente del club, Martin Edwards, en los inicios de Ferguson en Manchester. Aunque todos recordamos al ‘sir’ como un absoluto ganador, lo cierto es que estuvo muy cuestionado por prensa y afición en el invierno de 1990. Tres años después de que el técnico escocés tomara las riendas, el club mancuniano no había ganado ni una copa. Pero un hombre ahora casi olvidado cambió la historia. Mark Robins, un producto de la fábrica ‘red devil’, fue promocionado al primer equipo. El delantero marcó el único gol del ‘replay’ de semifinales de la FA Cup que sirvió para derrotar al modesto Oldham Athletic. “Nunca me lo agradeció, pero fue un brillante entrenador… ¿salvé su puesto? ¡Sí!”, bromeaba el futbolista tiempo después. En la final, tras otro partido de desempate (3-3 en el primero), el United se impuso con un tanto de otro joven valor de la casa, Lee Martin. La apuesta por la cantera de Ferguson empezaba a dar sus frutos. El primer título, su tabla de salvación, había tenido como grandes exponentes a chicos criados en The Cliff, el obsoleto centro de entrenamiento del club. Al llegar, el ‘míster’ había apostado por remodelar el sistema de categorías inferiores del ManU, ampliando la red de ojeadores y entrenadores. Los primeros resultados no tardaron en llegar: los juveniles del Manchester United se proclamaron campeones de la FA Youth Cup de 1992, donde derrotaron al Crystal Palace y fueron finalistas en 1993, sólo superados por el Leeds.

Ryan Giggs fue el primer producto maduro y listo para dar el salto al primer equipo, de esa hornada de canteranos que habían crecido bajo el manto protector de Ferguson y Brian Kidd, nuevo director de la cantera. Después llegarían Paul Scholes, los hermanos Neville –Gary y Phill-, Nicky Butt y el glamouroso David Beckham. Un quinteto que aprovechó su ocasión y relevó a la perfección a pilares de temporadas anteriores como Ince, Kanchelskis y Hughes. Salvo Giggs, que se estableció en el primer equipo en la campaña 1991/92, todos se hicieron un hueco entre los mayores entre 1994 y 1996. Había nacido la generación de los ‘Fergie Fleedings’, reminiscencia de la malograda camada de los Busby Babes’ cuyos máximos exponentes fueron Duncan Edwards y Bobby Charlton.

Como ‘sir’ Matt Busby hiciera en 1967 de la mano de Best, Law y el propio Charlton, Ferguson recuperó el trono liguero para el Manchester United veintiséis años después, de la mano de Éric Cantona. El polémico a la par que genial francés, era la estrella que faltaba para apuntalar un proyecto que había crecido con incorporaciones de peso para el equipo como las de Bruce, Pallister, Parker, Ince, Schmeichel o Kanchelskis. El marsellés fue el golpe de efecto que el ‘boss’ necesitaba y su intución y astucia para los fichajes jugó a su favor. En noviembre de 1992, Éric cambió Leeds, al que había hecho campeón meses antes, por Manchester, un millón de libras mediante. El chollo del siglo, visto su rendimiento. Ferguson lidió a la perfección con su complicado carácter, dejándolo libertad para expresarse sobre el campo y liberando de su tradicional ‘secador de pelo’. Cuenta la leyenda que las broncas de Ferguson a escasos centímetros de la cara de sus ‘víctimas’ actuaba de invisible gel fijador para los peinados de sus futbolistas. Visto desde el lado positivo, ahorraban en gomina.

Bromas aparte, al firmar por el Manchester United en noviembre de 1986, Ferguson se encontró con un vestuario contaminado por la cultura alcohólica de figuras como Paul McGrath, Norman Whiteside y el ilustre capitán Bryan Robson.  El escocés no se amilanó y dejó claro quien mandaba en el vestuario. Autoridad, disciplina y profesionalidad. El control del vestuario era uno de sus principios básicos. Algo así como “aquí mando yo y quien desobedezca los códigos de vestuario sabe donde estaba la puerta de salida”.

GLORIA Y MISERIA 

Antes del ansiado título de First Division, los de Ferguson volvieron a saborear las mieles del éxito europeo en la Recopa de 1991, al derrotar al FC Barcelona. El incipiente Dream Team’ de Cruyff sería el enemigo del Manchester United en Rotterdam. Dos goles de Mark Hughes, que se quitó la espina de su frustrado paso por la ciudad condal, tumbaron a un Barça cuyo portero aquel día era Carlos Busquets, en ausencia de Zubizarreta. Koeman recortó distancias para el Barça pero no fue suficiente.

Ya en la Copa de Europa, renombrada como Champions League, el Manchester United se podría medir, por fin, a los mejores equipos del continente. La victoria de 1968 frente al Benfica vagaba en la memoria de los aficionados y en la cabeza de Ferguson empezó a extenderse la creencia de que ganar la  ‘Orejona’ era posible. La ambición y ética de trabajo del escocés no conocía fronteras. Tendría que esperar un lustro para poder tener en sus brazos la copa más deseada. Tras sucesivos intentos en vano, con la magia de Cantona como principal argumento, la gloria acabó abrazando al United en 1999. Tres minutos mágicos en Barcelona lo hicieron posible. Los goles de Sheringham y Solsjkaer conmocionaron al mundo del fútbol. El Manchester United era campeón de Europa. No sólo eso, el club hacía historia al conquistar el triplete en aquella memorable campaña 1998/99 (Premier, FA Cup y Champions) y de paso se convertía en la primera entidad inglesa de la historia en ganar la Liga de Campeones. No sería la última.

En casa, el matrimonio sir Alex Ferguson- United vivía un continuado idilio. Entre su primera participación en Champions y aquella victoria del 99, el Manchester se subió al tiovivo de los títulos. Dos dobletes Premier- FA Cup llegaron en las temporadas 1993/94 y 1995/96. La campaña posterior retuvieron la Premier, y aunque el equipo acusó la retirada del impredecible Cantona en el verano del 97 (un curso en blanco) la audacia y el carácter ganador regresaron con una fuerza inusitado en el histórico año 1999. 

Tras la conquista del ´trébol’ todo eran halagos y felicidad, pero de puertas para dentro , en el interior del vestuario, se habían vivido varias confrontaciones entre el viejo zorro escocés y algunos pesos pesados del vestuario años atrás. Sonados fueron los ‘enganchones’ con Schmeichel y Paul Ince. Según medios ingleses, Ferguson amenazó con lanzarle al portero una taza de té a la cabeza, envueltos los dos en un cruce de acusaciones posterior al empate a tres goles en Anfield. Era un choque liguero del curso 1993/94 disputado entre Liverpool y Manchester United (del 0-3 parcial al 3-3 final). Aunque pensó en traspasar al gigante danés, dio marcha atrás dada la enorme categoría de Schmeichel como líder bajo los palos. Ince no corrió tanta suerte. El mediocentro de Ilford firmó su sentencia de muerte en el club cuando estuvo a punto de llegar a las manos con el preparador escocés tras recibir uno de sus tradicionales ‘rapapolvos’ en público. Ocurrió durante el descanso de un Barcelona- Manchester United (4-0) de la Liga de Campeones 1994/95 que asistió a una exhibición de Romario y Stoichkov, goleadores por partida doble aquella noche.

La furia del veterano técnico la pagó en 2003 David Beckham ,tras un duelo de Copa de la Liga perdido frente al Arsenal. Vino hacia mí y yo me acerqué, le di una patada a una bota. La bota le dio cerca del ojo. Iba (Beckham) hacia mí y los jugadores le pararon. ‘¡Siéntate!, le dije’. ‘Has decepcionado al equipo así que puedes argumentar lo que quieras”, confiesa Ferguson en su reciente autobiografía que vio la luz el pasado mes de octubre. ‘Desde que se casó con Victoria todo cambió’, remarca. Sonadas también fueron sus discrepancias con otras figuras del equipo que en algún momento u otro se revelaron contra la jerarquía impuesta por el técnico. O así lo creía sir Alex Ferguson al menos. Keane, Van Nistelrooy y Jaap Stam también salieron del Manchester United por divergencias con el preparador. En el caso del irlandés, fue definitiva la falta de respeto demostrada hacia sus compañeros en 2005, cuando criticó con dureza en MUTV a varios de los integrantes del vestuario. De nuevo, Ferguson aplicó mano dura con los díscolos. No hubo excepción con el ‘temible jefe’ irlandés, del que Ferguson también se despachó a gusto en sus recientes memorias. “La parte más dura de su cuerpo es la lengua. Puede debilitar a la persona con más confianza del mundo en cuestión de segundos. Intimidaba, un tipo feroz”.

Con Rooney su relación también pasó por momentos de tempestad pero tanto entrenador como jugador supieron reconducir la situación. Ferguson actuó como figura paternal, otorgándole la comprensión que el ‘bad boy’ demandaba cuando en 2011 a punto estuvo de dejar el ‘Teatro de los Sueños’ rumbo, dicen, al Manchester City o al Real Madrid. Aunque el acuerdo exigiese una notable inversión al club, pues la firma de la renovación vino de la mano de una estimable mejora de ficha para el delantero de Croxteth. Sin embargo, hacia Cristiano, “el jugador con más talento” al que ha entrenado, se deshace en elogios. En las páginas de su libro, ‘Fergie’ confiesa que le maravilló el día que le vio jugar por primera vez en directo: “No nos vamos de este campo sin que este chaval haya firmado un contrato con nosotros”, le dijo a David Gill, el director ejecutivo, aquel 6 de agosto de 2003 en el Estadio Da Luz.

SIR ALEX FERGUSON: EL ‘PATRIARCA’

Estatua de sir Alex Ferguson en Old Trafford esculpida por Philip Jackson. Fotografía de David Dixon. Licencia CC BY-SA 2.0

Es justo decir que Ferguson siempre dio la cara por los suyos. Siempre y cuando, eso sí,  que estuvieran de su lado, del lado del club y sometidos a la disciplina de grupo. Defendió en público y en privado a David Beckham tras el acoso indiscriminado que sufrió en el verano de 1998 por su infantil expulsión frente a Argentina en octavos de final del Mundial de Francia. El ‘7’ reaccionó de forma equivocada a una provocación de Diego Pablo Simeone y pagó las consecuencias, puesto que soportó la ira de todo un país. Sir Alex volvió a proteger a otro de sus ‘ninos bonitos’, esta vez a Cristiano en 2006. La prensa y aficionados ingleses le usaron de chivo expiatorio para justificar la eliminación de los ‘three lions’ a manos de Portugal en cuartos del Mundial disputado en Alemania. ¿Su ‘delito’? Presionar al colegiado del partido Horacio Elizondo para provocar la expulsión de Rooney, cuando en realidad la roja directa mostrada fue producto de un pisotón injustificado del delantero sobre Ricardo Carvalho. En aquellos delicados momentos, apareció el ‘patriarca’ Ferguson para defender a capa y espada a los suyos. 

El estratega escocés también era un gran motivador del vestuario, como en su día lo fue una de sus referencias, Jock Stein, en el Celtic. Su mensaje no era elaborado pero sí directo y transparente. Tampoco era un obseso de la táctica ni del estudio del oponente. Siempre prefirió centrarse en explotar las virtudes de sus jugadores, en atacar y ser más agresivo y contundente que el adversario. Una de las grandes virtudes de Ferguson fue apostar por el fútbol de ataque y el juego por las bandas. Aunque también optó por rodear a su arsenal ofensivo de tipos rocosos y con capacidad de mando. Líderes que equilibrasen y protegiesen al equipo como Keane, Ince, Bruce, Pallister, Gary Neville, Stam, Ferdinand o Vidic. Sus equipos ganadores se caracterizaban por un perfecto empaste entre jóvenes promesas y veteranos de guerra, tipos curtidos en mil batallas, gente con la que ir a la guerra con garantías de triunfo.

‘MIND GAMES’ Y REINVENCIÓN

Pero Sir Alex Ferguson también ganaba los partidos fuera del terreno de juego. Con sus característicos ‘Mind Games’ (Juegos psicológicos), sus críticas constantes hacia árbitros – o presiones al cuarto árbitro para añadir el máximo tiempo posible, en el característico ‘Fergie Time’– miembros de la Federación Inglesa… o sus tretas para desestabilizar a entrenadores rivales. Famosas fueron los dardos que lanzó hacia Keegan, Wenger o Benítez, sus principales enemigos en los banquillos de Inglaterra. Un arma del que pronto tuvo conocimiento y que ha tratado de imitar a lo largo de su carrera en los banquillos José Mourinho, un tipo con el que hizo buenas migas, o eso parecía, ‘sir’ Alex.

Con Arsène Wenger la relación fue tensa desde el principio, al menos públicamente. En 1998, el renovado Arsenal del alsaciano le arrebató la Premier al United, de la mano de un genial David Bergkamp y la solidez imprimida por la pareja Vieira- Petit y el impenetrable ‘back four’. Cuatro años después, el conjunto de Wenger volvió a impedir a los de Ferguson conquistar su cuarta Premier consecutiva (campeones desde 1999 a 2001). Al excelso fútbol desplegado por el ángel rubio, se añadían la inspiración de Henry y Pires en un equipo de lujo, completado con figuras como Kanú, Ljungberg, Lauren o Ashley Cole. Tras un curso en el que el trofeo regresó a Old Trafford, fueron los mágicos ‘Invencibles gunners’ quienes asombraron al mundo con su moderna versión de fútbol total.

En la 2004/05, la Premier se quedaría en Londres. Pero no en el añejo Highbury, sino en la parte ‘posh’ de la ciudad. Al Manchester le había salido otro duro competidor. Ferguson debía reinventarse para seguir coleccionado títulos.Y es que el Chelsea dirigido por el autoproclamado ‘Special One’, provocó un terremoto que afectó a los cimientos del ‘status quo’ inglés. Los blues de Mourinho irrumpieron con fuerza a golpe de talonario. Roman Abrahamovic extendió a Mourinho un cheque sin fin para traer a Stamford Bridge lo mejor de cada casa: Carvalho, Robben, Drogba, Tiago, Makelele… el Chelsea campeón en dos cursos consecutivos: 2004/05 y 2005/06. Tres años sin conquistar la Premier habían herido el orgullo de Ferguson y de sus jugadores. Desde que comenzó el siglo XXI los mancunianos ‘sólo’ habían ganado dos campeonatos de seis posibles. Demasiado poco para un animal competitivo como el Manchester United. Desde que ganara su primera Premier, Ferguson casi siempre había acudido con éxito al mercado de traspasos: Cantona, Keane, Solskjaer, Sheringham,  Stam, Yorke, Cole, Stam, Heinze, Van Nistelrooy… Y por encima de todos estos grandes nombres, uno: Cristiano Ronaldo. El joven astro de Madeira llegó en el verano de 2003 junto a Djemba Djemba, Kéberson y David Bellión, auténticas decepciones. Hubo fichajes que no funcionaron bien es cierto, ahí están los casos ilustres de Poborsky, estrella de la Euro 96, un joven Diego Forlán, un veterano Blanc (un elegante , Verón (misterioso su caso dada su enorme calidad), Alan Smith, Saha…  Todas esas contrataciones frustradas, quedaron redimidas por el ojo clínico que tuvo sir Alex Ferguson, con el inestimable consejo de Carlos Queiroz, su ayudante por entonces, para contratarle antes de que las garras de otros grandes europeos cayeran sobre el portugués. Para armar otro equipo campeón faltaban varias piezas que completarían el puzzle. La principal: Wayne Rooney.También fueron importantes las contrataciones de Evra, Vidic y Ferdinand en la zaga, que junto a Gary Neville formaron una pareja de zagueros insuperable. Y detrás, protegiendo la fortaleza, el brillante guardameta Edwin Van Der Sar, garantía de seguridad y buen juego con los pies. Después llegarían otros futbolistas que mejorarían a la plantilla como el magnífico Carlos Tévez, que tras una temporada cedido en Old Trafford cruzaría de orilla y jugaría en el lado celeste de la ciudad, Carrick o Park.

El resultado fueron tres campañas consecutivas de dominio incontestable en el campeonato (Desde 2007 hasta 2009) local. Y aunque el Chelsea reconquistó el cetro en la 2009/10 con Ancelotti al mando (hace tiempo que Mourinho ya no andaba por allí), el triunfo en la 2010/11 hacia presagiar otra nueva hornada de campeones en Old Trafford. Los jóvenes Valencia, Chicharito, Nani, Anderson (que decepción la suya)… apuntaban a una regeneración exitosa del club. La enésima reconstrucción que Ferguson hacía. Veinticinco años después, el ‘gaffer’ mantenía viva la llama de la ilusión y la pasión por su trabajo. Y disfrutaba como el primer día de las victorias de los suyos, entre ellas de la legendaria final de la Champions disputada en Moscú (2008) frente al Chelsea. La historia de ese partido es sabida por todos. Parecía que no llegaría nunca la jubilación, que veríamos al ‘sir’ mascar su eterno chicle pasados los 70 años. Y así fue. Su ‘reloj competitivo’ todavía tenía dos años más de cuerda.

MISIÓN FINAL

Pero antes de retirarse, tuvo que enfrentarse a la que consideró la derrota “más dura de su vida” y, en palabras de su mujer al “peor día” de su trayectoria deportiva.  Hablamos de la humillante derrota sufrida en la 2011-12 a manos del pujante rival ciudadano. El Manchester City era un nuevo gigante económico y en camino de serlo deportivamente, gracias a los petrodólares inyectados desde Oriente Medio. El 1-6 logrado por el Manchester City de Balotelli, Agüero, Silva, Nasri, Touré y cia frente al Manchester United (octubre de 2011) fue un golpe anímico muy fuerte para Ferguson. Ya defendía por entonces la portería de los ‘red devils’ el español David De Gea, fichado ese mismo verano del Atlético de Madrid. Y también estaban sobre el campo Ashley Young y Phil Jones, las jóvenes promesas firmadas por Ferguson durante el periodo estival. He aquí otra prueba irrefutable del convencimiento del técnico escocés en el talento joven, hasta los últimos días de servicio al club. Al final de esa temporada, el City acabó alzando la primera Premier de su historia en un dramático partido final frente al QPR, gracias a un gol de Agüero en la última jugada del partido. Fergie ya celebraba el título cuando llegó el ‘milagro’ del Kun. Esta vez el ‘Fergie Time’, funcionó en la otra dirección. Abatido, se fue a casa y se entregó a los brazos de su mujer.

Ferguson estaba cansado, su corazón le pedía tregua (le tuvieron que implantar un marcapasos) y Cathy le reclamaba tiempo. Ese que le ‘robó’ el Manchester United, el otro gran amor de su vida. Pero antes de marcharse, eso sí con el futuro del club y su estabilidad deportiva en la mente, se fijó un último reto, una última demostración de fortaleza, de genialidad. Hacer de nuevo campeón al Manchester United, y vengar la ‘afrenta’ sufrida a manos de los vecinos del City el curso anterior.

Para lograrlo se hizo con una de las piezas más codiciadas del mercado veraniego, el fabuloso a la par que frágil, Robin Van Persie. El delantero holandés devolvió con goles la confianza depositada por sir Alex Ferguson para convertirle en piedra angular del enésimo proyecto que tenía entre mano. Esta vez el último. Cierto que en 2001 ya había amenazado con una marcha del club y dio marcha atrás, pero esta vez sí sabía que era el final. Aunque la decisión, se la guardó para los más allegados. Muchos goles, hasta 24 en Liga marcó Robin, dianas que fueron clave para devolver a las vitrinas de Old Trafford un título que era especial. El vigésimo trofeo liguero de la institución y la duodécima Premier (en 21 años). Números irrepetibles. Su pareja con Rooney resultó determinante para arrebatarle el campeonato a sus perseguidores, City y, en menor medida, el Chelsea de Benítez, (Di Matteo había sido cesado en noviembre). Entonces sí, 27 temporadas y después de coleccionar 38 títulos, se marchaba sir Alex. Se marchó pronunciando estas palabras ante un público que le adora: “Mi retirada no significa el fin de mi relación con el club. Ahora podré disfrutar viendo jugar al equipo en lugar de sufrir en cada partido. Si lo pensáis, todos esos goles en el último instante, incluso las derrotas, todo forma parte de este nuestro gran club de fútbol. Ha sido una experiencia increíble para todos nosotros, gracias por ello…Me gustaría también recordar que cuando tuvimos malos momentos el club estuvo a mi lado, todo mi equipo estuvo a mi lado, los jugadores estuvieron a mi lado. Vuestra tarea ahora es estar al lado del nuevo manager. Es importante…. Quiero desear a los jugadores todo lo mejor para el futuro. Sabéis lo buenos que sois, sabéis la camiseta que lleváis, sabéis lo que significa para la gente. No os dejéis llevar nunca. La esperanza siempre está ahí.

Bueno, me voy a casa, me voy con los míos, y quiero dar las gracias a todos en nombre de la familia Ferguson. Están todos ahí de pie… Once nietos. Gracias”.

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Autor de Leyendas de la Premier y de Ivan Rakitic. Análisis e historia NBA en @EspacioDeBasket y @RDTNBA. Periodismo y Literatura.

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