todos los santos dias hay futbol
Graffiti de Paulo Ito en São Paulo (Brasil). Fotografía de Jo Lorib. Licencia CC BY-SA 3.0

“No me gusta el fútbol porque tengo cerebro”, “Hay racismo y violencia en los estadios”, “Cientos de jóvenes sobrevalorados”, “Los de ahora son más modelos que futbolistas”, “Se dan premios por todo”, “Nada es más corrupto que la FIFA”, “Todos los santos días hay fútbol”… son algunas frases de “los anti”; aquellos que no comprenden un estilo de vida que busca la felicidad en 90 minutos. No hay nada escrito en cuestiones de gustos; pero si un partido puede tener hasta 650 millones de telespectadores ¿qué miran? ¿será posible que tanta gente esté equivocada?

Se avecina un año mundialista: un mes entero de gente mostrando su “falso nacionalismo”. Faltan nueve meses y ya empiezan a inquietarse: cómo pagar el viaje a Rusia, cuánto cuestan las entradas, dónde ver los partidos, quién ganará… Ya se respira fútbol en calles, parques, escuelas, restaurantes, oficinas… el próximo verano no habrá refugio para “los anti”; al menos tendrán que leer un titular deportivo o esperar a que se cobre un tiro libre para que le sirvan una taza de café.

No se equivocan al decir que el fútbol ha perdido su esencia. Hoy, más que nunca, existen mil motivos para despreciar a la FIFA. ¿Pero esta antipatía es protesta o moda?

Entre los haters más célebres hay un argentino que decía “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”. Su nombre era Jorge Luis Borges. Sus frases son buen argumento para legitimar el odio por este deporte. En una entrevista publicada en el diario La Razón, le preguntaron si alguna vez fue a ver un partido. Borges respondió que una vez fue a un encuentro Uruguay vs Argentina y que con eso “le bastó”. Él y su amigo se aburrieron y abandonaron el estadio antes de que iniciara el segundo tiempo.

Dicen que por este partido, Borges se quedó ciego; pero esto es pura leyenda popular. Lo cierto es que le sobraban adjetivos, incluso para describir aquello que aborrecía: “Yo no entiendo cómo se hizo tan popular el fútbol. Un deporte innoble, agresivo, desagradable y meramente comercial. Además es un juego convencional, meramente convencional, que interesa menos como deporte que como generador de fanatismo. Lo único que interesa es el resultado final; yo creo que nadie disfruta con el juego en sí, que también es estéticamente horrible, horrible y zonzo. Son creo que 11 jugadores que corren detrás de una pelota para tratar de meterla en un arco. Algo absurdo, pueril, y esa calamidad, esta estupidez, apasiona a la gente. A mí me parece ridículo”, dijo.

Fuera del mérito literario, Borges fue un argentino excepcional. Su bronca con el fútbol venía (en buena parte) del nacionalismo que despertaba en su tierra. “El nacionalismo es una forma de fanatismo y estupidez”, decía. Entonces, lo que realmente le molestaba era la masa y su reacción al deporte: “Nunca la gente dice ‘Qué linda tarde pasé, qué lindo partido vi, claro que perdió mi equipo’. No lo dice porque lo único que interesa es el resultado final”. Pensaba que la gente iba al estadio por inercia, por sentirse ganadora; mas no por disfrutar del juego. La dependencia al gol, a eso se refería.

jose luis borges futbolActualmente, existe la tendencia de grabar y viralizar las reacciones que provoca el fútbol. Para los hinchas es una manera de transparentar los sentimientos y legitimar la pasión. Se trata de videos de personas frente a la televisión, alocándose con un partido “caliente” como la final de la Champions League. O de imágenes en los estadios que se popularizan cada vez más: hace unas semanas, una niña conmocionó las redes sociales con su festejo a lo CR7, en la tribuna del Signal Iduna Park. La prensa la llamó “verdadera fanática”.

A partir de los comentarios de Borges sobre el fútbol, vale preguntarse ¿cómo es que algo tan “estúpido” puede provocar tantas reacciones en tantas personas? Si el fútbol es una estupidez ¿debemos asumir que a la gente le gusta lo estúpido y, por tanto, que los estadios están llenos de estúpidos y estúpidas?

“Qué raro que nunca se les haya echado en cara a los ingleses, injustamente odiados, haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol, que es uno de sus mayores crímenes”, aseguró el escritor argentino. Evidentemente, Borges no era un admirador de la estética del juego. Lo más sarcástico es que murió días antes del gol de Maradona a los ingleses. Un “suceso” tan grande y mágico en la historia argentina como el Aleph. Sería muy ocurrente imaginar su enfado ante lo que vemos en estos días: sumas escandalosas en sueldos y fichajes; premio al Mejor Jugador del Partido; gente que paga hasta 150 euros por una camiseta y hasta 35 mil dólares por una entrada, gente exigiéndole más a los futbolistas que los políticos, estadios de última generación rodeados de escuelas y hospitales maltrechos… Y si retrocedemos un poco más, el fútbol es su versión más desgarradora: Heysel y Hillsborough.

Juan Esteban Constaín, autor de ¡Calcio!, dijo: “Para algunos escritores el balompié llega a tal adoración que se vuelve tema de sus creaciones. El fútbol es cultura y menospreciarlo sería también menospreciar a la cultura”. Cuesta creer que los escritores y cronistas le dediquen tantas páginas a algo “innoble” y “agresivo”. Por más estúpido que parezca, el fútbol, además de cultura, es historia. Los hinchas cuentan la vida en capítulos: Brasil 50, México 86, Italia 90, Francia 98, etc; “los anti” solo anotan 1950, 1986, 1990, 1998, etc.

El próximo verano promete una fiesta esnobista, millonaria e histórica. Una opción para “los anti” es emigrar, porque el Mundial a pesar de su nombre no es tan mundial: “Hay zonas de Groenlandia en las que apenas se ve el fútbol y cabañas de Siberia en las que prefieren cazar osos con sus propias manos antes que perder el tiempo con niñerías”, recomienda la revista GQ. Y si no pueden emigrar… quedan las frases de Borges para que los haters no se sientan tan solos.

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