vinnie jones
Vinnie Jones y Keith David. Fotografía de uncle_shoggoth. Licencia CC BY 2.0

Una madre disfruta viendo jugar a su hijo al fútbol. Todos los domingos por la mañana le toca ir a la grada y mostrarle su apoyo. Su sola presencia basta, las emociones quedan escondidas mientras aguarda quieta, mirando de reojo la pelota, pues su punto de interés está en otro lugar. Sólo realiza algún movimiento cuando su vástago recibe un golpe. Un ligero calambre recorre en ese momento su cuerpo, ya saben cómo son las madres. Pues bien, solo hay un hombre capaz de convertir ese calambre en una sacudida salvaje, sudores fríos y una explosión de histeria repleta de bramidos desencajados dirigidos a un único destinatario: Vincent Peter Jones, más conocido como Vinnie Jones.

“Estrujaba, escupía, soltaba los codos, machacaba rodillas, metía dedos en las costillas, sacudía cabezazos y aplicaba sus conocimientos de kárate”, resumió de forma magistral Rubén Uría las capacidades de Vinnie Jones. Un peón de obra de Watford convertido en capo sobre el verde, en líder de una pandilla que logró colarse en la élite del fútbol inglés e implantar su ley, la del más fuerte. El Crazy Gang ya es un mito en el fútbol británico, forjado a base de disciplina, sudor y malas artes sobre un terreno de juego.

Era la década de los 80. Estados Unidos y Rusia no hacían más que empeorar sus relaciones; el Papa Juan Pablo II sufrió un intento de asesinato frustrado, como el golpe de Estado en España; murió John Lennon y aparecieron Metallica y Thriller, de Michael Jackson. ¿Y en Inglaterra? Allí La Dama de Hierro afrontaba desde el número 10 de Downing Streeet una época de reformas y volantazos para evitar un derrumbamiento. Reforma de la Industria, combate contra el desempleo y la inflación o fórmulas para frenar la marginación social, verdadero origen del hooliganismo y del caos en las gradas. Así, al tiempo, acabaría por nacer la Premier League.

En ese ambiente vivió Vinnie Jones su época dorada como futbolista. Y se encontró muy cómodo. Tanto, que se convirtió en un auténtico fenómeno mediático en Inglaterra. Su destino estaba escrito: las grandes carteleras de cine le esperaban. Fue precisamente tras el estreno de su última obra cuando las cosas se torcieron. El 24 de noviembre, un mes después de la presentación de Vinnie Jones se la juega en Rusia, documental de National Geographic en el que se mide su dureza, el ya exfutbolista anunció que padece cáncer de piel. “Cuando el médico me dijo que tenía cáncer de piel, lo primero que pensé fue: ‘¿cuánto tiempo me queda?’. Voy a luchar con todo lo que tengo”, dijo en la rueda de prensa.

Pero no estamos aquí para lamentar las trágicas curvas a la que nos somete la vida. Sí para recordar con nostalgia el modo en que se desarrolló la carrera de uno de los jugadores más anti-fútbol que se han visto, capaz de amedrentar a quien se pusiera por delante con su aspecto rudo, de leñador cabreado (si no de oso), y sus casi 190 centímetros de altura.

REFORMATORIO DEL FÚTBOL

 

Dos años en el modesto Wealdstone FC y un año de aventura en Suecia propiciaron la llegada del centrocampista al Wimbledon FC. El equipo era novato en la primera división inglesa y su entrenador, Dave Basset, ya advirtió del temperamento de los suyos tras la invasión de campo que se produjo al lograr el ascenso: “En este equipo, los únicos hooligans son los jugadores”.

Jones se estrenó con la elástica del Wimbledon en competición el 22 de noviembre de 1986 frente al Nottingham Forest. Desde entonces, se convirtió en un fijo en el once de su técnico, con actuaciones meritorias de los siguientes halagos. “No sólo no ficharía a Vinnie Jones, sino que no le dejaría ni pasar al campo”, le piropeó Tommy Docherty. “El himno del Liverpool es ‘Nunca caminarás sólo’. El del Wimbledon es ‘Nunca volverás a caminar”, añadió en otra ocasión. Debió pensar lo mismo Gary Stevens. Como recuerda Miguel Gutiérrez en Frases del Fútbol, el jugador inglés tuvo que retirarse dos años después de que Vinnie Jones le lesionara de la rodilla. Nunca se recuperó.

Los dons recrudecieron el juego a su llegada en la temporada 86/87, un año después de la tragedia de Heysel. En aquel equipo se sobrevivía. A los novatos se les recibía pinchándoles las ruedas o quemando su ropa. La vida no era fácil en un vestuario que inspiraba miedo, una auténtica escuela de dureza y resistencia, pero en el que reinó el buen ambiente y la unidad.

“Nunca dan un balón por perdido ni una pierna por inalcanzable”, escribió Enric González en sus Historias de Londres. La dureza, sin embargo, no restó eficacia al colectivo, como se vio en el sorprendente sexto puesto de la primera campaña. Fue una ascensión meteórica; hacía nueve años competían en Cuarta División.

Pero su máximo logro llegaría una temporada después. “La banda de los locos (traducción de Crazy Gang) gana al club de la cultura”, pronunció el comentarista de la BBC, John Motson, cuando el Wimbledon se alzó con la FA Cup en la final de Wembley . Se impusieron por 1-0 al Liverpool. Es el único título futbolístico que reside en las vitrinas de Vinnie Jones. La juerga de algunos jugadores del equipo la noche anterior no impidió la victoria.

LA FOTO MÁS VISTA DE VINNIE JONES

Todas las carreras tienen un punto que destaca sobre el resto, un momento que es capaz de condensar y ser fiel reflejo de la esencia del protagonista. En el caso de Vinnie Jones, una imagen se ha perpetuado para reflejar su carácter indomable. La víctima fue Paul Gascoigne. La fotografía en que Vinnie aparece agarrando con violencia los testículos del joven Gazza se ha convertido en un ‘must’ del ‘British Football’.

Me llamo Vinnie Jones, soy gitano, gano mucho dinero y te voy a arrancar la oreja con los dientes y luego la voy a escupir en la hierba. ¡Estás solo, gordo, solo conmigo!”, le susurró al oído. Cuentan que, tras el encuentro, el delantero envió una rosa al vestuario del Wimbledon destinada a Vinnie, y que éste respondería con la escobilla del váter. Imposible contar su historia sin incluir este episodio.

Viéndola, no es de extrañar que tenga en su haber el segundo mejor registro de expulsiones de la liga inglesa por detrás de otro incomprendido de la talla de Roy Keane. Se fue 12 veces al vestuario antes de tiempo en 386 encuentros. Casi cuatro centenas de encuentros con los que Vinnie también tuvo tiempo de vestir la camiseta del Leeds United, donde logró un ascenso, Sheffield United o Chelsea. Con los blues consiguió un nuevo record: la expulsión más rápida de la Premier a los tres segundos.

DE GALES A LAS CARTELERAS

Vinnie Jones logró jugar con la selección, incluso fue capitán, pero no con su país, sino con el de su padre: Gales. Aprovechó su nacionalidad para defender los colores de los Dragones. En 1992 regresó a su antiguo correccional: el Wimbledon. Al mismo tiempo protagonizó el documental Soccer’s Hard Men, que le valió una sanción récord de 20.000 libras por parte de la Federación Inglesa. Una más de las 40 sanciones disciplinarias que le llegaron.

La publicación de su autobiografía, Vinnie: The autobiography, llegó el mismo año de su retirada (1998) como jugador-entrenador del Queens Park Rangers. Para entonces, el rocambolesco director de cine Guy Ritchie se había cruzado en su camino. Él llevó al Asesino de Gales al estrellato con Lock, Stock and The Two Smooking Barrels. Su interpretación como Big Chris mereció un Premio Empire como mejor actor debutante.

Desde entonces, su repertorio ha crecido de manera exponencial. “Cada vez que estreno una película, los críticos me dicen que será la última, pero ya llevo 30”, se enorgullece al recordarlo. Tampoco miente, pues su paso por otras películas como Snatch: cerdos y diamantes, también de Guy  Ritchie, o X-Men 3, así como Mean Machine, en la que es protagonista, acreditan su calidad como actor. En la actualidad, figuran en su filmografía más de media centena de títulos.

El séptimo arte no trajo un gran cambio en su carácter, por lo que sus habituales conflictos se mezclaron con los rodajes. En plena grabación en 1998, fue condenado a 100 horas de trabajos sociales por una trifulca vecinal. Cinco años después, en un vuelo comercial, una amenaza de muerte a la tripulación rescindió de manera automática su contrato publicitario con la empresa anunciante.

“Si viniera el apocalipsis, sobrevivirían algunas cosas. Entre ellas Vinnie Jones”, comentó un día Ritchie. Con su lado artístico despierto y desarrollado, probó suerte en la música con el lanzamiento de su disco Respect. Ya ven, una vida digna de película. Quizás algún día alguien se decida a hacerla. Vinnie podrá verla desde su casa de Los Ángeles, aquella en cuya puerta hay un cartel colgado que reza: “No tengas cuidado con el perro, pero sí con el dueño”.

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Periodista y Community Manager. Cofundador de Football Citizens. Ahora me encargo de la dirección, diseño web y edición. Jugando el balón con criterio.

1 Comentario

  1. Excelente artículo. Bien escrito y documentado. He pasado un rato muy agradable leyéndolo. Enhorabuena, Sergio.

    • Leí también que participó en un reality show, Celebrity Big Brother, en el que quedó tercero. Desde luego, siempre demostró que le atraían los focos, pero su calidad como actor ha quedado clara. También es cierto que nadie le exigió hacer un papel de tipo corriente 😛 Gracias por comentar

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