franz beckenbauer

En la primera película de Matrix, Morfeo expresa, entre admiración y orgullo, “He’s the one!” (En España se dobló como “Es el elegido”) mientras Neo paraba las balas y era capaz de ver a sus enemigos desencriptados en ese mundo de ciencia-ficción. Los elegidos representan a esa clase de personas que sabes que existen, y que nunca podrás llegar a su nivel por más que te esfuerces. Se sabe que siempre se estará por debajo de ellos en todo lo relacionado con la personalidad; esos seres de los que se pueden sentir envidia, admiración, o ambas cosas al mismo tiempo.

Cuestiones como el carisma, el liderazgo, atreverse a romper con lo establecido, o arriesgarse con decisiones controvertidas para quienes le rodean, son propias de elegidos. No todo es bueno, puesto que hay un coste que pagar: a veces se pierde más de lo que se gana a nivel personal para poder conquistar un bien mayor. En el caso de Franz Anton Beckenbauer, lo de perder se le olvidó por el camino. Es de esos hombres que ganan guerras, pese a perder alguna que otra batalla; alguien de ese calibre siempre dejará una huella imborrable en los ojos de quienes lo vieron jugar en directo, Súper 8, o incluso VHS. En blanco y negro, a color, o en alta definición, el fútbol de Beckenbauer representa todo eso; tal vez ese sea el verdadero significado de la palabra Káiser traducida al español, más que el clásico significado de “emperador”.

DE DELANTERO A LÍBERO

Nacido una semana después de la capitulación, la evolución de una figura como el Káiser está inexorablemente unida a la evolución del balompié teutón. Oriundo de una Múnich destrozada por la guerra, Franz declaró su amor eterno a las pelotas de trapo y porterías de madera desde su infancia. Fue de esos niños que escucharon por la radio a Herbert Zimmermann emocionarse con el gol de Helmut Rahn que daba la (inesperada) victoria ante una de las mejores selecciones (¿de la historia?) injustamente premiadas con el sabor de la derrota: los magiares mágicos. Era jugar al fútbol o ir al norte a trabajar en la mina, así que se esforzó mucho por ser el mejor. Una personalidad de hierro que demostró cuando eligió irse al Bayern, en lugar de su soñado TSV Múnich 1860. Esa decisión es la que tomaría casi cualquier niño en la actualidad, pero a comienzos de los sesenta era una decisión valiente. El contexto era el siguiente: el fútbol base del SC Múnich 06 iba a desaparecer por sus problemas económicos, así pues, el 1860 Múnich se haría cargo de Beckenbauer para jugar en sus filiales. Era el sueño de un adolescente bávaro del barrio de Giesing, cuya mayoría de aficionados eran de los osos (casi como el resto de la región bávara, y Franz solo quería jugar con los mejores. Así que aceptaría de buen grado ingresar en su cadena de filiales, si el club aceptase de buen grado asumir a todos los chicos que formaban el SC Múnich. Estaba todo hecho…hasta una final disputada en el torneo juvenil local. Franz (que le había anotado un gol al Bayern en semifinales) jugaba de delantero, y en una acción de esas que se dan tanto en el fútbol, un defensa del 1860 Múnich le agredió con un bofetón. En ese golpe, todas las ilusiones que tenía por vestir la zamarra celeste del glorioso TSV, se esfumaron a una velocidad de vértigo: se ofreció a la cantera del FC Bayern porque no quería jugar en una camiseta que representara esos valores. Cambió el curso de la historia, porque el Bayern era un equipo segundón en la región bávara, espoleada no solo por el TSV 1860, sino por el Núremberg.

franz beckenbauer

En la cadena de filiales del FCB fue cuando fue retrasado al puesto de centrocampista. La visión de juego, el orden impuesto por su arrollador carácter, amén de sus condiciones técnicas, hicieron que Zlatko Celkojvski le alinease en el centro del centro del campo En ese entonces, el fútbol alemán era una copia similar al producto inglés: balones largos, fútbol físico, sin grandes dandis del balón. Los Morlock o Rahn quedaban atrás en el tiempo. Fue el momento en el que el entrenador croata (discípulo de Weisweiler en el Colonia durante los comienzos de la década anterior) le trasladó a la retaguardia. La innovación llegaba al fútbol del Bayern, que empezó a acumular progresivamente éxitos en la Bundesliga (de la cual no había sido equipo fundador).

Con 19 años debuta en el primer equipo obteniendo el único ascenso hasta el momento en toda su historia, formada por una camada de jóvenes futbolistas, que junto a la generación dorada del Borussia Mónchengladbach, formaría la base de la selección alemana setentera. Fue el comienzo de una era, con Beckenbauer como defensa y, por extensión, líbero.

LA MEJOR ÉPOCA 

El Bayern München no se entiende sin la figura de Beckenbauer, como tampoco sin Sepp Maier o Gerd Müller. Encontraron en el Bayern un equipo campeón que no dejaría de levantar título alguno desde durante ocho años (1968-1976). Bundesliga, DFB Pokal, Copas de Europa (tres veces consecutivas) y Recopa. El Bayern no paró de crecer con Celkojvski primero, y Udo Lattek después. Hasta la marcha del técnico a su máximo rival (Gladbach), no había momento en que no levantara el título, siendo el mejor año 1974. Su elegancia, clase, técnica, así como su liderazgo desde la sala de máquinas, convirtieron a Beckenbauer en todo un emperador en el campo. Sus 181 centímetros de altura, rostro serio y potente conducción, hicieron del Bayern un equipo campeón; igual que no se comprendería un Real Madrid sin Di Stéfano, tampoco se entendería un Bayern sin el Káiser. Gracias a él, se inventó la posición de líbero, y un nuevo concepto de futbolista: el jugador total. Algo que rivalizó con otro grande de la época: Johann Cruyff.

franz beckenbauer cruyff alemania holanda mundial 1974 En la selección alemana no fue menos. Tras la marcha de Sepp Herberger, Helmut Schön se hizo cargo e inmediatamente cambió al mítico Willie Schulz por Franz en la defensa. Con 22 años, Franz ya era un auténtico líder en la selección alemana con la que anotó 4 goles en el Mundial de Inglaterra, el único ganado por los anfitriones. Tras eso, llegó el cambio al centro de la defensa, merced a la estadía de Zebec en el banquillo bávaro. Allí mejoró las prestaciones del Káiser. ¿La consecuencia de que Schön copiase a Zebec? Campeonato de Europa en 1972 y Mundial de 1974. Sus éxitos en la selección, aunados a una década en auge con el Bayern, hicieron a Beckenbauer ganar el Balón de Oro dos veces: 1972 y 1976.

DECLIVE EN NUEVA YORK Y HAMBURGO

Fue a partir de 1977, con 32 años, cuando el emperador fue a conquistar tierras americanas. La NASL reclutaba estrellas mundiales en sus declives profesionales para así vender su liga. Algo curioso, dado que no se sostuvo en un país sin apenas tradición futbolística; el “soccer” llevó a crear a un equipo mítico: el New York Cosmos. La ciudad de los rascacielos juntó a la estrella teutona y Pelé en un mismo escudo. Allí tampoco dejó de levantar títulos hasta 1983, cuando llega al Hamburgo y contribuye (de forma esporádica, eso sí) a levantar la ensaladera. Se retiraría un año después en Nueva York, dejando una huella imborrable en aquellas gradas del Grünwalder primero, y Olympiastadion después.

Lo que ocurrió después está más presente en la memoria de todos: finalista en el Mundial “del Diego”, campeón en Italia ante el mismo rival, entrenador del Bayern, presidente del Bayern y directivo de la federación alemana de fútbol. Todo lo que dice Beckenbauer tiene repercusión, aunque lo que diga sea nimio. Miles de interpretaciones posibles, la mayoría de ellas con un sentido respeto. Es lógico, sólo los elegidos trasciende a cualquier nivel, como cuando Morfeo visualizó a Neo en Matrix; ellos trascienden la realidad, como cualquier tipo de ficción.

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Escribo sobre fútbol (alemán). A veces tuiteo sobre política, cine y series. Grancanario de nacimiento; alemán de adopción.

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