Montijo, Amadora y Almada son ciudades de la Región de Lisboa, todas a menos de media hora de la capital lusa. Las tres la guardan, como protegiéndola. La primera, al este. La segunda, al norte. La última, al sur. Y al oeste el Atlántico, con la bella Madeira en el horizonte. Y, lo que es la vida, como si de un capricho del destino se tratase, en todos estos lugares encontramos a los mayores exponentes del fútbol portugués.

En Lisboa, el más grande de todos: Eusébio, que desarrolló el cénit de su carrera en el club luso más importante de la historia, el Benfica. En el horizonte madeirense, Cristiano Ronaldo: el aspirante, el elegido. Y como guardianes apostados alrededor de la desembocadura del Tajo los tres mejores jugadores de la historia de Portugal, de no haber llegado a la península provenientes de ultramar la Perla Negra y el de Funchal. Ellos son Futre en Montijo, Rui Costa en Amadora, y Figo en Almada.

Allí se crió el pequeño Luís hasta ya bien entrada su adolescencia. Como todo futbolista en estas historias, Figo comenzó a jugar al fútbol de niño en un equipo de su zona: Os Pastilhas. De nuevo azares del destino, la entidad desapareció como club de fútbol cuando Figo tenía doce años, por lo que tuvo que buscar un nuevo destino. Así, en septiembre de 1984, fue a hacer las pruebas en una de las canteras con mayor proyección y fama de la época: la del Sporting Club de Portugal.

DE ‘LEÃOZINHO’ A ‘LEÃO’

Desde su debut con el equipo ‘Iniciados B’ del Sporting se hizo dueño de la banda derecha, progresando año tras año en una ascensión meteórica hacia el estrellato. Fue en categoría juvenil cuando Figo obtuvo los primeros frutos de su trabajo y talento. Era una pieza importante para Carlos Queiroz en las inferiores de Portugal. La selección sub-16, con la que fue campeón de Europa y sus buenos partidos, fueron aval para que a principios de 1990 el entonces entrenador del primer equipo sportinguista, Raúl Aguas, le convocase para entrenar con los mayores del Sporting. Un año y pocos meses después, la gran hornada portuguesa de los 90, los Rui Costa, Joao Pinto, Figo y compañía, se proclamaban campeones del Mundial juvenil con Portugal.  La generación dorada del fútbol portugués ya era un hecho.

El gran momento del extremo con su club fue el 1 de abril de 1990, en el Alvalade. Allí Luís Figo debutó con el primer equipo de Os Leões saliendo desde el banquillo. Poco antes de acabar la temporada, en su segundo partido con los mayores, fue titular. Así, y ya consolidado como uno más en la plantilla, año a año se hizo con Lisboa, y se convirtió en una de las golosinas más codiciadas por los grandes europeos. Fue al acabar la temporada 94/95 cuando el niño de Almada dejó Lisboa para embarcarse en nuevas aventuras, que le catapultarían a lo más alto.

Tras un lío de faldas en el que estampó la firma en un precontrato con la Juventus y en un contrato definitivo con el Parma, la Federación Italiana impidió a Luís jugar en el Calcio, por lo que tuvo que parar sus planes de mudanza a Italia. Pero no le faltaban pretendientes, así que después de coquetear de reojo con el Real Madrid, el entonces vicepresidente del FC Barcelona Joan Gaspart, llegó a un acuerdo con su representante. El club catalán pagó al Sporting alrededor de 325 millones de pesetas (una cifra cercana a los dos millones de euros) en concepto de formación, con lo que Luís Filipe Caeiro Madeira Figo ya era a todos los efectos jugador del FC Barcelona.

CONSOLIDACIÓN Y ETAPA DORADA

Por entonces el Dream Team de Cruyff se desintegraba poco a poco. Marchaba el héroe del 92, Koeman, y el ambiente en el vestuario, con el controvertido Hristo Stoichkov mediante, no era el deseado. De nuevo, como en su etapa de adolescente Leãozinho, Figo fue abriéndose paso poco a poco en el Barça. Tras una primera temporada desastrosa, en la que el Atlético de Madrid ganó El Doblete –final de Copa ante el Barça incluida-, el club catalán se fue de vacío. Pero ya Luís experimentó lo que era el Barça en estado puro cuando recibió un 10 de febrero la visita del Real Madrid. El partido lo ganaron los culés 3-0, con un gol del extremo luso. “Existen pocas recompensas tan grandes para un culé como ganarle al Madrid y encima marcarle un gol”, dijo Luís, que no sabía lo que le depararía el futuro. Al final de la temporada Johan Cruyff era sustituido por Sir Bobby Robson, con quien el portugués ya había compartido experiencias en Lisboa. A la vez que el técnico inglés, llegó desde Holanda un joven Ronaldo que hizo sus primeras grandes delicias en Europa

En el Barcelona, Figo se convirtió en el referente desde muy pronto. Capitán ya en su segunda temporada, debido al particular calvario de Guardiola con las lesiones durante ese año, Luís comprendió que debía asumir el rol de líder y llevó al equipo a conquistar un triplete balsámico: la Supercopa de España, la Recopa de Europa y la Copa del Rey. En esta última, dos goles de Figo, el definitivo a cinco minutos de llegar a los penaltis, dieron el título ante el Betis. El papel del portugués en todas las gestas con el Barcelona fue fundamental. Pero, aun con todo, el Barça no convencía con su juego. Hacer olvidar al mágico equipo que conquistó la Champions League en 1992 era misión casi imposible.

Pese a los buenos resultados en las demás competiciones la liga se le resiste al técnico inglés, quedando dos puntos por debajo del máximo rival. Robson es, probablemente de forma injusta, destituido. Al mismo tiempo, el boom económico debido a los derechos televisivos –especialmente notable en Italia- hacen que el Inter se lleve a Ronaldo del Barça, que logra mantener a Figo y Guardiola. Aterriza entonces en el club otro holandés, Louis Van Gaal, con el que Figo mantiene e incluso mejora su nivel. A la llegada del neerlandés se suma la de otro crack brasileño: Rivaldo, por el que el club catalán paga su cláusula a pocas horas del cierre de mercado, provocando que aún hoy Lendoiro tenga sudores fríos recordando esas fatídicas horas. El balance de la primera temporada de Van Gaal es positivo, ya que se consuma el doblete: el equipo gana por fin la ansiada Liga, con una holgada diferencia de puntos sobre el Athletic de Bilbao. Además, la Copa también cae en manos blaugranas. Esta vez ante el Mallorca y en la tanda de penaltis, en la que por cierto Figo falló el suyo. Un año más tarde, la Liga vuelve a caer en manos del FC Barcelona, con mayor diferencia que el año anterior. Luís, ya maduro, continúa creciendo, y se sitúa entre los mejores del mundo.

LA DECISIÓN DE SU VIDA. EL 10 BLANCO

Sin embargo, como venimos contando, la sombra de la desintegración del Dream Team era larga y oscura, y en la última temporada del primer milenio el Barça se vuelve a ir de vacío. Figo sigue a lo suyo y aunque el equipo no acompaña, hace sus mejores registros como culé, desplegando un juego nunca visto en el crack luso. Así, tras algunos desencuentros con el que dejaría de ser presidente ese mismo año, José Luis Núñez, el astro portugués toma una decisión drástica que hizo tambalear los cimientos del fútbol. Tras depositar los 60 millones de euros de la cláusula del de Almada, el Real Madrid del recién llegado Florentino Pérez se hace con los servicios de Figo. Se convierte así en el jugador más caro de la historia hasta ese momento, y el primero de la hornada de galácticos que llegó durante esos años al Bernabéu. 

Durante esta época y pese ser el máximo exponente de esa generación dorada, con la selección de Portugal no había conseguido absolutamente nada. Unos cuartos de final en la Eurocopa de 1996 era el mejor registro de la selección de Figo y compañía, hasta ese verano de 2000, en la que Portugal cae honrosamente en las semifinales de la Eurocopa a tres minutos del final.

En su primer año en el club blanco Figo recibe el Balón de Oro, que le acredita como mejor jugador del momento. El premio se debe a su anterior campaña, vestido de blaugrana, por lo que aumenta aún más el escozor culé. El lisboeta recoge así el testigo del monumental Eusébio, único portugués hasta la fecha en conseguir el máximo galardón individual. Durante esa temporada, continúa a un nivel espectacular, y el club blanco se hace con la Liga. En su primera visita al Camp Nou, la parroquia culé le recibió con ira, y se vivió una de las mayores pitadas que se recuerdan.

En el Real Madrid consigue el FIFA World Player 2001, y el título más importante de su carrera: la Champions League de 2002. La de Zidane. La de Glasgow. La novena. Ese mismo año, que es el del cien cumpleaños del club, se produce el famoso Centenariazo, en el que el Deportivo de la Coruña arrebata al Madrid la Copa del Rey en el Bernabéu. Figo sigue creciendo a las órdenes de Vicente del Bosque, y ya en la temporada 2002/2003 alcanza su mejor nivel como merengue. A principios de temporada, consigue la Supercopa de Europa, a mediados la Intercontinental y a finales, la Liga. Merece un capítulo aparte el deplorable episodio vivido ese año durante la visita al Camp Nou, en la que Figo comprobó que la herida abierta aún seguía sangrando. Cada vez que se acercaba a un córner, el luso era recibido con el lanzamiento de todo tipo de objetos. Desde papeles hasta botellas de cristal, pasando por mecheros y hasta una cabeza de cochinillo

ESTA VEZ SÍ, ITALIA. LLEGA EL FINAL

En la temporada 2003/2004 sigue acumulando grandeza, y con la selección consigue un importante, aunque amargo, segundo puesto en la Eurocopa celebrada en su país, en la que se empieza a dar a conocer un tal Cristiano Ronaldo. A pesar de ganar una nueva Liga, Del Bosque es destituido, y llega al banquillo el principal valedor de Figo en sus inicios como futbolista: Carlos Queiroz. Sin embargo, pese a que Luís continúa en la cima, el equipo no responde y se va de vacío. El entrenador luso no continúa en el club, y un baile de técnicos durante la temporada 2004/2005, provocan la llegada de Vanderlei Luxemburgo al banquillo blanco. Con el brasileño, Figo empieza a verse incomprensiblemente relegado en un segundo plano, hasta el punto de dejar de ser titular indiscutible. Este año, Luís vivió su momento más negro: lesionó de por vida con una fea entrada a la rodilla, al defensa del Zaragoza, César. Nuevos desplantes del presidente, según el propio jugador, hacen que el magnífico extremo deje el club por la puerta de atrás, para fichar por el Inter italiano.

Durante sus dos primeras temporadas en el club transalpino, Figo continúa siendo top, y con asistencias y una ampliada visión de juego (esta época es la menos goleadora), logra una etapa que aún se recuerda en el club neroazurro: cuatro ligas consecutivas. También coincide su marcha de Madrid con el mejor momento de la selección portuguesa: un cuarto puesto en el Mundial de Alemania 2006 ponía de nuevo a los ibéricos en el mapa. Algo tarde para Figo, que viviría en aquel partido por el tercer y cuarto puesto su último encuentro vistiendo la casaca lusa. Aún hoy es el jugador que más veces  ha jugado para la selección Portuguesa (127 veces). El ocaso del astro portugués empieza a vislumbrarse cuando, durante su tercera temporada en Italia el impresionante jugador checo de la Juventus, Pavel Nedved, le rompió la pierna, frenando ya en seco la vida de Figo como futbolista. Luís volvió el año siguiente para ganar la Liga, despidiéndose del fútbol como él sabía: con un nuevo título en su impresionante palmarés.

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