No hubo nadie entre los 55.000 aficionados que llenaban el ‘Stade Velódrome’ de Marsella capaz de prever un cierre tan poético para aquellos cuartos de final de la Copa del Mundo de 1998. Una Argentina postmaradoniana acudía en busca su tercer Mundial. Hombres como Batistuta, Zanetti, Verón o Simeone escoltaban al Piojo López en punta.

No contaban, en cambio, con que en el combinado de Guus Hiddink militaba un hombre que veía más que el resto, como fue Dennis Bergkamp. Suyo fue el tanto que dio el pase a los Orange en el minuto 90, cuando el choque parecía condenado al tiempo extra. Un gol que el coautor de Leyendas de la Premier, Juan Estaban Rodríguez, define del siguiente modo:

Un balón vuela propulsado por el pie izquierdo de Frank de Boer, viaja con prisa, no queda tiempo, va buscando una última ocasión de evitar la prórroga. Desde abajo, siguiendo su vuelo, Dennis Bergkamp va imaginando, calibrando distancias y posibilidades, ángulos y efectos. Le acompaña Ayala, uno de los mejores centrales de la época, cuya condición es menos retórica, un tipo con pocas ganas de poesía. Un toque, tac, y el balón pichado en la bota derecha de Dennis. Segundo toque, tic, recorte por detrás a Fabián, que no puede creer lo que está ocurriendo. El Velodrome se incorpora, degustando ya lo que está por venir. Tercer toque, toc, seda y estoque, exterior y palo largo, gol. Dennis lo había hecho”

 

Espléndido partido que les dejamos para que su paladar recuerde el regusto de la fase final de un Mundial. La historia ya la conoce: Zidane guió a Francia al trono en su Mundial. 

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