El Deportivo Alavés llevaba únicamente dos años en primera división, en la temporada 1999/2000, cuando consiguió un meritorio sexto puesto que le daba acceso a la segunda competición europea de clubes para la campaña siguiente. El Alavés era un equipo sin grandes nombres pero con mucha solidez defensiva y descaro al ataque. Así llegó a la final de la Copa de la UEFA de 2001.

En frente, el Liverpool de Gérard Houllier. Un equipo que llegaba con muchas ganas de volver a ser un grande de Europa; era su primera gran final en 16 años, tras aquel fatídico día de la tragedia de Heysel.

Partido inverosímil y frenético, no hubo lugar para las especulaciones ni para las apuestas seguras. La grandeza del fútbol reside en este tipo de partidos, el humilde contra el poderoso que se igualan durante noventa minutos por razones extrañas. 

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