hijos del nilo xavier aldekoa

El periodista español Xavier Aldekoa (Barcelona, 1981), corresponsal de La Vanguardia en África, publicó en abril de 2017 su segundo libro: Hijos del Nilo (Editorial Península). Un viaje desde el origen del Nilo hasta su desembocadura, en el que acerca al lector la mística del mayor de los ríos africanos y las distintas realidades de los países, tribus, paisajes y gentes que se encuentra a su paso. Uganda, Sudán del Sur, Etiopía, Sudán y Egipto son los países que beben de sus aguas.

El fútbol en África es de lo más variado. De él surgen diferentes talentos que destacan por su potente físico, su velocidad o, en algunos casos, su depurada técnica. También es caótico, como legado de la historia y estructura de sus estados. En ese clima ya hemos visto cómo el fútbol puede suponer luz de esperanza, ser un medicamento o convertirse de forma peligrosa en un modelo de desarrollo. Muchos de sus rincones respiran fútbol con pasión e inocencia. Aldekoa, como cronista, deja constancia de ello:

Casa de Grace (Sudán del Sur).- Páginas 37 y 38

Salí al jardín, a echar unos toques con una pelota hecha de bolsas de plástico con Malith, el benjamín de la familia. Nos enfrascamos en uno de esos partidillos interminables donde las porterías son dos pedruscos y el marcador termina con empate a veintiséis. Y hay gol de oro, claro. El atardecer nos pilló jugando y acabamos a oscuras porque en la casa no había luz. A veces sí había, juraba Malith, pero otros días no. Al final se veía tan poco que cualquier árbitro serio había dado por nulo el resultado, especialmente el gol de oro, muy discutido y con una clarísima previa al chut…

… sí, el muy mocoso me ganó. 

Restaurante con las mejores vistas al Nilo, según Baghdadi (Egipto).- Página 289

Antes de subir, justo delante del edificio, había un campo de fútbol sala popular y dos equipos decidían la victoria a penaltis. Detrás de las rejas, una decena de hombres se habían parado a mirar, curiosos por saber el ganador. Nosotros también lo hicimos. El terreno de juego estaba lleno de gente y antes de cada chut el árbitro tenía que pedir que dejaran sitio al lanzador. Los goles o las paradas se celebran a lo grande, con los seguidores saltando sobre su héroe, ante la desesperación del trencilla, que tenía que volver a poner orden. 

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