Lev Yashin
Lev Yashin pegado a su palo atento a la jugada. Diario Centinela

Los porteros están al margen del fútbol, su labor es destruir lo que otros construyen. Tienen sus propias leyes, sus propias camisetas, sus propias motivaciones. Evitar el gol. Que el marcador no pase del cero. Difícil premiar al aguafiestas. Salvo a Lev Yashin, claro, el único portero que ganó el Balón de Oro. El único portero al que premiaron por encima de los fantasiosos. Un premio al que vive para frustrar a los demás.

Este año se habla de Neuer. Estará en el podio, como lo estuvieron Zoff, Kahn o Buffon. Pero sólo Lev Yashin ha podido llevarse el galardón a casa. Los tiempos han cambiado, para peor. El portero soviético fue capaz de dar a la portería una trascendencia que nunca antes tuvo. Dejó de ser el clásico muñeco de futbolín para ampliar sus dominios en el resto del área. Su anticipación era tan importante como sus reflejos. Salir a balón parado, buscar el mano a mano con el delantero… hasta en llevar guantes fue uno de los pioneros.

Yashin no salió del fútbol soviético. Más de veinte años defendiendo la portería del Dinamo de Moscú. Un puñado de copas y ligas para una trayectoria que por local perdió brillo. No eran tiempos de fútbol globalizado, Puskas y Kubala huyeron del magma comunista para disfrutar de carreras más internacionales –ambos en España- y aquí se convirtieron en leyenda. Pero Yashin se quedó allí, sin más interés que su equipo de siempre. Igual que a otros balones de oro como Masopust o Florian Albert, fue durante los Mundiales y las Eurocopas donde tuvieron al universo futbolístico pendiente de ellos.

En el Parc des Princes de París, un diez de julio, se disputó la final de la primera Eurocopa de la historia. Dos países que ya no existen, URSS y Yugoslavia, se jugaban el primer cetro internacional del continente. En los últimos minutos de la prorroga, el delantero soviético Podeleknik marcó el gol de la victoria. Yashin defendió la portería como siempre lo hizo, vestido de negro. Dos años más tarde la Unión Soviética hizo un buen campeonato mundial en Chile. Yashin volvió a ser la estrella de su equipo. Para la historia el 4 a 4 frente a Colombia donde el portero moscovita recibió un gol olímpico de Marcos Coll.

El nombre de Yashin pasa definitivamente a la historia del fútbol cuando en 1963 la revista France Football le concede el Balón de Oro. Le acompañan en el podio el italiano Rivera y el inglés Greaves. Han pasado cincuenta años y aún no se ha vuelto a premiar a ningún otro portero. Tras el premio aún vinieron un subcampeonato europeo –que URSS perdió contra España-, una semifinal en el Mundial del 66 –derrotados contra Alemania Federal tras un partido endiablado- y otra semifinal en la Eurocopa del 68 –que empataron con Italia y cuyo ganador lo decidió una moneda lanzada al aire-. Aún fue Yashin al Mundial del 70 en México, aunque no jugó ni un solo minuto, siendo titular el Anzor Kavazashvili, que era portero del Spartak Moscú.

Los premios individuales son inapropiados en los deportes colectivos. La trascendencia del individuo que se sustenta en la manada. En el caso de los porteros la injusticia es mayor. No sólo son elementos del conjunto sino que actúan de forma diferente a los demás. La trayectoria de Yashin tuvo mucho de leyenda, del fútbol opaco, no televisado, cuyos encuentros eran verdaderas revelaciones futbolísticas. Cuando los rivales se cruzaban con Yashin veían algo nuevo, sorprendente, desarmante. Fue la clave de su éxito. Su falta de academicismo –tuvo una carrera extraña, con altibajos, con una base más centrada en el Hockey que en el propio fútbol- o su misticismo –esa camiseta negra, el rostro impenetrable, ser parte de un equipo como la URSS, desconocido y temido en el resto del planeta futbolístico-. En Yashin se premiaba un buen portero pero también un jugador diferente en una posición que hasta entonces había sido intrascendente.

Hoy el debate es otro. Pensamos si un portero merece un premio al talento. También se cuestionó cuando se premió a Cannavaro. El axioma es siempre el mismo: los goles son el fútbol, se premia a los goleadores. Hay parte de razón, pero qué sería del fútbol sin las ocasiones falladas, sin unas yemas de los dedos que sacan la pelota en el minuto último. Qué sería del fútbol sin una defensa ordenada, sin los milagros, sin los penaltis parados –de eso Yashin pudo escribir una tesis-. Quizá la solución al dilema sea simplemente pensar que Casillas, Buffon, Kahn o Valdés merecieron el premio porque fueron decisivos en equipos ganadores. Porque el fútbol es un deporte de equipo en el que, como demostró Yashin, los porteros también son personajes decisivos. Yashin murió en marzo del 1990. Tras unos Juegos Olímpicos, cuatro Mundiales, tres Eurocopas y más de trescientos partidos con sus club; con él se fue un pionero entre los infernarles palos de una portería.


Antonio Agredano (@antonioagredano) es escritor (“En lo Mudable” en Libros del KO), músico (The Buzz Lovers, Deneuve, Catenaccio) y redactor de Diarios de Fútbol.

1 Comentario

  1. Muy buena estructura para un artículo que, siendo tan cortito, contiene errores de esos que desvirtúan un trabajo:

    1. Yashin jugó la final de la Euro 60 de VERDE. Su icónica vestimenta negra no se convirtió en habitual hasta después de esa Euro. Antes alternaba colores.

    2. Yashin para nada fue la estrella de la URSS en Chile 62. De hecho, 1962 es, seguramente, el peor año de su carrera e incluso se consideraba que era su gran rival, Vladimir Maslachenko, del Lokomotiv de Moscú, el que debería haber sido el titular en el Mundial. Ya allí, la Araña juega un partido lamentable contra Colombia y no está especialmente brillante en los demás. De hecho, es señalado como uno de los principales culpables de la eliminación ante Chile. Y L’Equipe declara que su carrera está acabada.
    Eso sí, nos deja una mítica parada en un uno contra uno, donde demostró sus tremendos reflejos a pesar de ser un hombre tan corpulento.

    3. Yashin no es que tuviera la mala suerte de la moneda contra Italia, es que ni siguiera fue convocador para la Euro 68.

    4. ¿Rostro impenetrable? Yashin era de los más abiertos de esos equipos de la URSS. Todas las imagenes que hay de él cuando viajaba a occidente son vacilando con otros jugadores. Era un personaje muy amable y acojedor, como atestiguan casi todos sus compañeros.

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