Jean-Marc Bosman era un futbolista profesional belga que militaba en el Lieja (R.F.C. Liège), de la Primera División de Bélgica. En 1990 el club belga le ofreció la renovación de su contrato por una temporada, reduciendo su salario hasta el mínimo establecido por el Reglamento de la federación belga de fútbol. Después de no aceptar la bajada de sueldo el jugador fue declarado transferible. Así comenzó su caso, que terminaría con lo que se ha denominado Caso o Ley Bosman.

En julio de ese mismo año el Lieja y el club francés de Dunquerque, de segunda división, llegaron a un acuerdo para la cesión del futbolista por un año a cambio de 1.200.000 francos belgas (BFR)  – en torno a 34.000 euros –, conservando el club francés una opción de compra al finalizar la temporada por 4.800.000 BFR. El traspaso quedaría pendiente de que la Federación belga de fútbol  enviara el certificado de transferencia a la Federación francesa antes del primer partido de la temporada.

El club belga al que pertenecía el jugador dudaba de la solvencia del club de Dunquerque, por lo que no solicitó a la federación que remitiera el informe del traspaso, dejándolo de este modo sin efecto. El Lieja tambien suspendió a Bosman, impidiendo así que jugara durante toda la temporada.

Así las cosas el jugador decidió interponer una demanda frente al club belga, argumentando que este había obstaculizado su libertad de contratación, exigiendo por ello una indemnización de 100.000 BFR mensuales hasta que encontrase un nuevo equipo.

LIBRE CIRCULACIÓN DE TRABAJADORES EN LA UE

Ante estos hechos el Tribunal de Justicia de Luxemburgo estimó que el hecho de que Jean-Marc Bosman hubiera firmado un contrato con otro club no suponía ningún inconveniente, es más, se servía del artículo 48 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea, para defender el derecho que el jugador tiene como trabajador de responder a una oferta de trabajo. Relacionándolo además con una de las ideas fundamentales con la que nació la Unión Europea, la libre circulación de los trabajadores entre los países que la forman.

Además estas leyes europeas están en contra de aquellas medidas que supongan un problema para que los trabajadores, futbolistas en este caso, puedan llevar a cabo su labor en un país de la Unión Europea. También establece el derecho que estos tienen a abandonar su país natal para emigrar a otro donde pueda desarrollar su actividad. Lo que supone que se prohíban todas aquellas acciones que impidan u obstaculicen este derecho, incluidas las transferencias de jugadores entre equipos de países diferentes.

La sentencia, del 15 de diciembre de 1995, deja claro que aquellas clausulas que puedan restringir la libertad de los jugadores para ejercer su actividad en otro país europeo. Un ejemplo de estas cláusulas serían aquellas que impidan que el futbolista pueda jugar porque su nuevo club no haya pagado la cantidad pactada con el equipo de procedencia. Subrayando que el nuevo equipo debe embolsar la cantidad pactada  por el jugador o podría ser sancionado.

Por todo ello el Tribunal de Justicia, basándose en el artículo 48, se opuso a todas aquellas normas que limiten la libertad de movilidad del jugador, como las que establezcan que sólo cuando termine su contrato con su club actual puede fichar por otro, siempre y cuando este pague una compensación.

BOSMAN Y LOS TRASPASOS  EN EL FÚTBOL EUROPEO

Esta decisión del Tribunal de Luxemburgo supuso un cambio en la concepción de los traspasos en el  fútbol europeo. Abrió una puerta a clubes, sobre todo a aquellos más poderosos,  y  a aquellos jugadores que querían cambiar de equipo.  Jean-Marc Bosman escribió su nombre en la historia del fútbol, no por sus jugadas y goles, sino por su lucha por los derechos de los futbolistas en el viejo continente.

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Periodista y abogado. Bueno es ir a la lucha con determinación abrazar la vida y vivir con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, por que el mundo pertenece a quien se atreve.

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