raymond domenech
El entrenador del Estrasburgo Gilbert Gres (izquierda) con Domenech en el aeropuerto de Schipol antes de enfrentarse al Ajax (18/03/1980). Fotografía de Dijk, Hans van / Anefo

El silencio que inunda un estadio entre el instante en el que se produce una jugada, y el momento en el que el público recupera el aliento y cobra consciencia de lo que ha sucedido, anuncia un cambio; una ruptura con la lógica que evidencia y deja en el escaparate, aislado y señalado al que se cree el autor, marcado de por vida por la genialidad o  brutalidad que acaba de cometer. Para Raymond Doménech, dicha acción vino demasiado temprana, a los dieciocho años, el día de su debut como jugador del Oliympique de Lyon.

Rodaba la pelota sobre el césped del ‘Stade du Ray’ el doce de agosto de 1970. El Niza recibía al Lyon para afrontar la primera jornada del campeonato liguero francés.

Transcurridos varios minutos, el mediocentro austriaco de los locales, Helmut Metzler, decidió iniciar una jugada en solitario. Se zafó de la marca de varios rivales. Sin embargo, acabaría siendo embestido para caer sobre la lona con una ruptura de tibia y peroné que truncaría su carrera.

La magnitud de la actuación de su agresor se vio agrandada con el eco mediático, que le tildó con un sobrenombre que le acompañaría para siempre: El Carnicero. A pesar de la polvareda que levantó el asunto, se tardaría tiempo en destapar la verdad. No se sabe si fue por infortunio, azar, parecido físico o falta de medios tecnológicos que permitieran comprobar la autoría de la acción, pero Raymond Doménech había labrado su fama de leñero siendo testigo de cómo su compañero en la línea defensiva, Jean Baeza, realizaba la dura entrada sobre Helmut Metzler.

Claro que una personalidad como la del debutante lateral francés no dejaría que cualquier otro le arrebatara su momento en la escena, por lo que no se molestó en desmentirlo. “Baeza y yo llevábamos el mismo corte de pelo. Los periodistas se confundieron y me atribuyeron la entrada. Yo no intenté sacarles de su error. Estaba empezando, me parecía importante que hablaran de mí, para bien o para mal”, afirmó el joven Doménech dando síntomas de su peculiar versión del mundo.

LAS LESIONES LE CAMBIAN EL RUMBO

 

Aquel jugador temible y de aspecto marcado por un frondoso mostacho, quemó etapas de su carrera por distintos equipos del campeonato domestico francés, hasta que vio que las lesiones ganaban terreno en su vida profesional. Así que decidió obtener el título de entrenador a los 28 años. No daría el paso hasta 1985, cuando se convirtió en entrenador-jugador en el Mulhouse de la segunda división francesa.

Sus técnicas ya desentonaban. “Escucharé a todos, pero sólo tendré en cuenta los consejos que considere dignos de ser escuchados”, comentó. Luchó durante tres temporadas por el ascenso. Finalmente lo conseguiría en 1989. El Mulhouse y Raymond Doménech fueron a primera división. Aunque en el caso del técnico se debió a su fichaje por el Lyon, recién ascendido ese mismo año.

Se mantuvo cuatro temporadas junto a los aficionados de Gerland. Los Bad Gones y el resto de la hinchada francesa tuvieron como momento álgido de la etapa del ex lateral francés su segunda temporada, en la que se clasificaron para la Copa de la UEFA. Sin embargo, el nivel iría decayendo temporada tras temporada. En la propia UEFA no lograron pasar de segunda ronda al caer eliminados frente al Trabzonsport turco (8-4 en el cómputo global).

RAYMOND DOMENECH LLEGA A ‘LES BLEUS’

Doménech no se apartó de los terrenos de juego en ningún momento. Ya fuera como jugador o entrenador, no había un hueco en blanco en el curriculum de ‘Le Boucher’. Tras su adiós en el Lyon, ingresó como director técnico de la selección francesa. Para este actor aficionado, el escenario comenzaba a agrandarse. Quizá  pensara que se hacía a su medida.

Se convirtió en el entrenador de la selección sub21 de Francia. También dirigió a la selección olímpica en Atlanta 96, sin que su equipo lograra algo trascendente. Patrick Vieira, Claude Makelele o Robert Pires no pudieron hacer nada. Aquellos juegos fueron para Nigeria, con el mítico Kanu llevando a su selección a lo más alto del podio, al altar del fútbol, deshaciéndose de Brasil y Argentina, en las que resonaban con fuerza los nombres de Ronaldo Nazario, Bebeto, Hernán Crespo o Simeone.

Por las manos del joven seleccionador pasaron jugadores de la talla de Liliam Thuram, Zinedine Zinade o Fabien Barthez. Generaciones que años más tarde regalarían a la selección absoluta francesa la mejor época de su historia, con aquella maravillosa final frente a Brasil en 1998, o con el triunfo en la Eurocopa de Bélgica y Países Bajos en el 2000. La dulce etapa de los mayores se oponía sin embargo a la ausencia de éxitos de las categorías inferiores. Fue en 2002, en el Europeo sub 21 de Suiza, donde más cerca estuvieron del éxito. Lograron un segundo puesto.

ASCENSO A LA PRIMERA PLANA

La destitución de Jacques Santini al frente del equipo nacional ‘bleu’ tras la Eurocopa de Portugal le catapultó a la selección absoluta. Su primera misión sería lograr la clasificación de los suyos para el Mundial que Alemania albergaría dos años más tarde. Para ello no dudó en solicitar a Zidane o Makelele su vuelta al combinado nacional para lograr su objetivo. A pesar de que habían anunciado su marcha, se dieron una nueva oportunidad.

El galo se ganó pronto las primeras portadas. “Quizá Henry tenga algunos problemas en su cabeza. El caso es que las cosas no le están yendo bien”, comentó por la falta de gol de su delantero estrella. Su fama iba en aumento a medida que Francia superaba las dificultades para certificar su pase al Mundial. Un Mundial del que Ludovic Giuly y Robert Pires no fueron testigos a pesar de su buen rendimiento con el Barcelona y el Villareal. Los motivos no defraudaron.

“El seleccionador francés cree que los Escorpio no son buenos para la selección. Dice que no son buenas personas y no pueden convivir con los demás, pero creo que conmigo se ha equivocado mucho”, afirmó Pires al conocer que no viajaría al país teutón. “Igual es que un Cáncer no está bien para él. Ya le preguntaré si me tengo que cambiar de nombre, no sé. Después, que tenga cojones y hable conmigo cara a cara para saber el porqué”, declaró Giuly enfurecido. El seleccionador galo había admitido confiar ciegamente en la astrología. Sin embargo, nunca se había plasmado tanto en su labor.

Así las cosas, llegó el Mundial. Y Francia sorprendió con lo que parecía el último baile de Zidane. ‘L´equipe de France’ se presentó en la final contra todo pronóstico. El resultado: triunfo de la tetracampeona selección italiana en la tanda de penaltis; desequilibrio de Zizou con su cabezazo al controvertido Materazzi. Una derrota que dejó una herida muy grande, pero que no alteró al director de orquesta.

final mundial 2006 francia italia
Final Mundial 2006. Fotografía de David Ruddel. Licencia CC BY 2.0

“Para mí fue un fracaso. Nunca he sabido aceptar la derrota”, comentó antes de asegurar que Marco Materazzi había sido el mejor jugador de la final. “Ya podría haber sido yo Materazzi. En la final de un Mundial, metes un gol, provocas la expulsión del mejor futbolista del equipo contrario y conviertes tu pena máxima. Materazzi fue el mejor jugador del partido”, dijo.

ROMÁNTICO INOPORTUNO

La Federación Francesa de Fútbol decidió renovar por decisión unánime a Raymond en su cargo dado el “excelente trabajo que había realizado” durante el Mundial. Lo hizo a pesar de su nefasta relación con algunos de sus jugadores.

Llegados a la Eurocopa de Austria y Suiza, Francia quedó encajada en el grupo de la muerte, junto a Italia, Holanda y Rumania. La apuesta de los galos no fue acertada, y cayeron estrepitosamente como últimos de grupo con tan solo un punto. “Los jugadores están desorientados pues cambia de ideas sin parar. Todo fue mal desde el principio. No jugamos a nuestro nivel”, comentó Marcel Desailly.

Fue un ridículo, aunque insuficiente para destituir a Doménech, quien mostraba pasión por su novia en los momentos posteriores a la eliminación. “Sólo tengo un proyecto, casarme con Estelle. Esta noche se lo pido en serio”, declaró ante los micrófonos de M-6, cadena de televisión que retransmitía la Euro y en la que trabajaba su compañera sentimental. El comentario no sentó bien a la periodista Estelle Denis y el seleccionador acabaría pidiendo disculpas.

ESCÁNDALO EN SUDÁFRICA

Trezeguet dejó la selección, pero no él. El consejo federal de la Federación Francesa de Fútbol (FFF) aceptó la propuesta del presidente Jean-Pierre Escalettes de mantener a Doménech en el cargo. La respaldaron con dieciocho votos a favor y tan solo una abstención.

El viaje hasta el Mundial de Sudáfrica 2010 fue movido, en medio de una tómbola sobre quién sería su sustituto, pero finalmente concluyó con la clasificación de los franceses tras un polémico gol de Henry en la repesca frente a Irlanda. Tan larga fue la clasificación como breve y desilusionante el paso de Francia por el Mundial. Al estilo de la Eurocopa de 2008, los ‘bleus’ terminaron últimos de grupo. Esta vez con un grupo más sencillo con la anfitriona, México y Uruguay.

Las chispas saltaron en la concentración. Doménech discutió con Anelka, quien le había dedicado las siguientes palabras: “Vete a tomar por el culo, sucio hijo de puta”. Se decidió apartar al jugador. Una decisión que el resto de la plantilla no aceptaría, por lo que se negó a entrenar, con la consecuente discusión entre Patrice Evra y el preparador físico, y la posterior lectura de una carta. “Todos los jugadores del equipo quieren, sin excepción, mostrar su oposición con la decisión de la federación de excluir a Nicolas Anelka”, se leía. Anelka sería castigado más tarde con dieciocho partidos de suspensión.

El comportamiento de jugadores y cuerpo técnico pasó a tener importancia política en varias tertulias. Pero aun faltaba el gesto definitivo que provocaría la avalancha de críticas sobre Raymond Doménech. Quedaba el último encuentro de la fase de grupos frente a Sudáfrica. Al término del choque, el entrenador francés se negó a dar la mano a Alberto Parreira, técnico brasileño de los anfitriones, lo que provocó una discusión a ras de césped.

Este gesto desencadenó que la Federación Francesa despidiera a su seleccionador por falta grave y sin indemnización. El entrenador de Lyon protestó. El tema se saldó con una indemnización de 975.000 euros –575.00 por su despido más 400.000 en concepto de daños y prejuicios– con los que la Federación evito hacer frente a la denuncia del técnico en la que reclamaba más de tres millones de euros.

PUNTO BLANCO

El ya ex seleccionador de Francia donó la prima que la pertenecía del Mundial al fútbol amateur. Entregó 70.000 euros al Athletic Club de Boulogne-Billancourt, del que se convirtió en entrenador de niños menores de once años, y 80.000 euros a otro pequeño club de París y una asociación caritativa.

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Periodista y Community Manager. Cofundador de Football Citizens. Ahora me encargo de la dirección, diseño web y edición. Jugando el balón con criterio.

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