rivaldoRECUERDOS DE INFANCIA

Vitor Borba Ferreira Gomes era un nombre demasiado largo para recordar, así que se decantaron por usar el nombre de Rivaldo con él ya desde muy pequeño. Nació en una familia en donde pasar lista a la hora de comer era casi un trabalenguas. El padre, que se llamaba Romildo, tenía que avisar a Ricardo, Rinaldo y Rivaldo para que se sentasen en la mesa.

Rivaldo nació en Berebire, un barrio pobre de Recife cuya traducción literal es “donde la caña de azúcar crece”. Cuando le preguntaron por su infancia, él siempre dijo que nunca tuvieron lujos ni caprichos, pero que siempre estuvieron mínimamente alimentados y vestidos (aunque quizás no todos los días había la cantidad deseada en los platos). Para ello, su padre hacía horas extras, porque el sueldo que se embolsaba en la ciudad no llegaba para que toda la familia pudiera subsistir. Su madre, Marlucia, siempre fue tan humilde que no quiso moverse de su casa en Paulista pese a que Rivaldo se lo ofreció en reiteradas ocasiones una vez que tuvo contratos profesionales con los que poder permitírselo.

Rivaldo cumple el tópico de ese jugador que sale de la calle. Nunca le gustó demasiado estudiar porque prefería tener un balón a su lado que un libro. Esto no gustaba nada a sus padres, que no paraban de reprenderle y decirle que tenía que esforzarse más si no quería ser un don nadie el resto de sus días. Romildo, quizás, hacía más la vista gorda, porque en el fondo le gustaba que a su chico le interesase tanto el fútbol, y siempre era el ‘poli bueno’ cuando se trataba de llevarlo a un entrenamiento o partido.

Quizás tenía que ver el hecho de que Romildo tuvo los mismos sueños que Rivaldo en su día, contagiado por la fiebre balompédica que de aquellas asolaba el país tras haber disfrutado de una selección tan mágica y recordada en el tiempo como aquella Brasil del 70. Sin embargo, Romildo no tenía la zurda de su hijo y nunca pudo pasar de equipos ‘amadores’ (así se conoce allí a los amateurs de toda la vida).

LA LLEGADA INCÓMODA AL FÚTBOL PROFESIONAL

Rivaldo empezó a jugar en equipos tan pronto como pudo, el infantil deB, el Ypiranga, el Bahía y el Vila Nova. Siguió disputando pachangas y jugando en juveniles, mientras seguía suspendiendo (y repitiendo algún curso que otro). Debutó en el Paulistano por primera vez en un torneo de importancia, pero un lío con las fichas federativas lo obligó a Santa Cruz, donde ya había jugado anteriormente, a pesar de que él no quería al haberse sentido rechazado por su entrenador. Al final lo convencieron para que jugara con ellos y fijaron su presentación oficial con el equipo el 23 de enero de 1989.

Pero la noche de Reyes de aquel año, Rivaldo tuvo el más cruel de los regalos: Su padre había fallecido atropellado por un autobús. Recibió la noticia por la radio de su tía Tota, a través de un boletín de noticias que contaba los sucesos acontecidos en Recife el día anterior, más propio de una novela de Arthur Conan Doyle que de la vida real. Fue un golpe durísimo, difícil de digerir y que marcó la vida del carioca para siempre.

A partir de ahí, se pensó seriamente el dejar el fútbol y ponerse a trabajar para sustentar a su familia, pero su madre se lo impidió: “Tu padre tenía un sueño y era verte triunfar como futbolista. Sería una pena que ya que has llegado hasta aquí, lo abandonases todo.” 

Rivaldo en sus inicios con el Palmeiras
Rivaldo en sus inicios con el Palmeiras

Rivaldo abrazó el fútbol con un interés del que ya no se desprendió jamás. Pero seguía siendo consciente de la economía de su familia, por lo que acudió a aquella presentación con Santa Cruz andando. No era poca broma, se trataba de unos 25kms. Recibió una ayuda cuando el club se enteró de su situación, lo cual lo motivó a jugar con más intensidad que nunca durante un par de años consecutivos con el Santa Cruz. El primer torneo en el que participó no logró la victoria, pero en los dos siguientes ya saboreó las mieles del éxito.

Donde acabó por despuntar fue en la Taça de Juniores de 1992 en Sao Paulo, lo que le llevó a fichar por Mogi Mirim EC, y de ahí al año siguiente pasó a ocupar las filas del Corinthians tras darse conocer a todo Brasil. El salto al fútbol profesional ya era una realidad.

TROTAMUNDOS DEL FÚTBOL

A pesar de no ser un nómada futbolísticamente hablando, Rivaldo conoció muchos equipos por su longevidad balompédica. Permaneció varios años en el Palmeiras, antes de dar el salto al viejo continente, donde acumuló goles y fama, donde coincidió con otros astros como Roberto Carlos o el locuelo de Edmundo. Por los contratos de Parmalat con el equipo brasileño, sonó con intensidad para el Parma, pero finalmente recaló en el Deportivo de la Coruña. Eso no gustó nada a la torcida brasileña, que no quería que se marchase. No fue la última vez que se le tildó de pesetero en su carrera. Nunca le importó. Por el camino ya había debutado con la selección, donde logró a lo largo de su trayectoria un bronce olímpico, una copa América, una Confederaciones y un Mundial. Casi nada para un chico que se había edificado a sí mismo.

Lendoiro desembolsó por aquel entonces 1.150 millones de pesetas, que aunque ahora parezca una cifra irrisoria, era una cifra récord en el fútbol gallego. Fijó su cláusula en 4 mil millones de pesetas, un error del cual por aquel entonces no era consciente.

Rivaldo llegó a España con una situación complicada bajo el brazo en ambas ocasiones: Tenía que sustituir el vacío que Bebeto antes, y Ronaldo después, habían dejado en sus respectivos equipos. Sin embargo, la relación de Rivaldo con Galicia fue un amor a primera vista, tras meterse a los aficionados en el bolsillo rápidamente. Tanto que el brasileño llegó a afirmar que tenía ‘morriña’ cuando abandonaba la ciudad. Tras ese primer año de amor intenso, el verano siguiente todo cambió. Tras un encontronazo con el entrenador por un día de vacaciones, Lendoiro tuvo que abrirle un expediente y el ambiente se enrareció. Era el preludio de una tormenta perfecta, que acabó como acaban los amores de verano, a finales de agosto.

Llegaba el momento de consagrarse a nivel mundial en el mejor de los escenarios posibles.

SU FÚTBOL Y DE COMO LLEGÓ AL CÉNIT EN BARCELONA

Rivaldo era una zurda mágica. Era tan mágica que no dudaba en usarla en cualquier situación. A pesar de que fuera un remate franco para la pierna derecha, él prefería sacarse unas de esas rabonas que a los mortales se nos antojan difíciles de realizar sin romper algún hueso como multa. Pese a que siempre jugó con el 10, tenía más sangre de delantero goleador que de mediapunta, aunque se encontraba cómodo con gente por delante, y no le asustaba asumir responsabilidades. De hecho, le gustaba tanto asumirlas que a veces no era todo lo generoso que debía sobre el campo, pero cuando soltaba el balón su visión de juego era enorme. Tenía un chut muy potente y preciso, y sobre su efectividad a balón parado, basta con recordar la noche que rescató al Barça en San Siro. Primero por debajo de la barrera, y después por arriba, apuntando a la escuadra, de saque directo. A Abbiati se le hacía de noche cada vez que había una falta al borde del área.

Su llegada a Barcelona causó furor. Por suerte para ellos, el club azulgrana se decantó por Rivaldo pagando su cláusula el último día de mercado en detrimento de Denilson, que acabó en el Betis por una suma también muy elevada para aquel entonces. Estuvo 5 temporadas, pero fueron sus 60 goles entre sus dos primeros años los que le sirvieron para alzarse con el galardón del Balón de Oro, en una votación que en la que no tuvo rival, con más de 60 puntos de ventaja sobre el segundo clasificado, David Beckham. Un jovencísimo y recién llegado a Italia (y a la postre compañero suyo) Shevchenko quedó tercero. Pese a sus encontronazos con Van Gaal, que se obsesionó compulsivamente con enviarlo a la banda izquierda, Rivaldo cuajó un buen tridente junto con Kluivert y Figo. Se apagó su etapa blaugrana a medida que se aproximaba la cita de su vida: El Mundial de 2002, que finalmente ganó. Fueron, sin duda, los tiempos del mejor Rivaldo.

SU EXTRAÑA OBSESIÓN CON LOS GOLES

Empezó cuando era joven, cuando metió un gol desde el medio del campo que le había visto fallar a Pelé en Mexico’70. De alguna manera, quería conseguir todos los goles ‘diferentes’ que pudiera. Consiguió en Barcelona uno de tacón contra el Athletic en pleno diluvio, pero el que sin duda quedó grabado como EL GOL de Rivaldo (y por el que será recordado en las retinas de los aficionados) fue una chilena estéticamente perfecta tras acomodársela con el pecho, que permitía la clasificación a la Champions League al club en el tiempo de descuento, en el Camp Nou, contra el Valencia, mientras Gaspart se caía del palco.

NO QUISO IRSE PRONTO

Con la carta de libertad, se marchó a Milan, donde paso con unos registros impropios de su categoría, de allí al Cruzeiro y de nuevo a Europa para jugar la SuperLeague. AEK Atenas, Bunyodkor, São Paulo, Kabuscorp, São Caetano, y cerró el círculo en un club que le vio nacer, el Mogi Mirim a los 41 años de edad. El 20 de febrero de 2014 anunció su retirada definitiva del fútbol.


Diego Basadre (@debejota) es licenciado en ADE. Colabora de manera habitual en medios on-line deportivos.

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No menciones a Touré en vano. Un triple de Basile. Mi canción preferida es Paca, te clave la estaca. Ser imbécil, mi especialidad. Es Pete Mickeal, no Mickael.

1 Comentario

  1. Diego Bisadre este articulo es fantastico..creo que rivaldo sea un jugador absolutamente impredicible…podria ser que escribas un articulo sobre rivaldo y sus entrenadores (van gaal) y como ellos afectaron su futból.graciasss

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