Roberto BaggioUn concepto fundamental del budismo es la importancia que se le da al proceso de cambio para manifestar el potencial pleno de un individuo. Quizás para los más místicos sirva esta filosofía para justificar la grandeza futbolística de Roberto Baggio, Il Divino Codino. Un jugador cuya técnica y elegancia le han llevado a recibir el mérito y reconocimiento de la élite del fútbol internacional y concretamente, de su Italia natal. Si bien hay jugadores que se encasillan en un sistema futbolístico con una función y líneas de actuación muy definidas en el campo, la posición de Baggio era difícil de definir. No se puede encasillar en el grupo de delantero ni centrocampista. Y quizás sea ahí donde radica la brillantez de su forma de juego. Recogía el balón, regateando hasta a tres adversarios para acabar ideando goles e imaginando nuevas formas de batir al rival. Nunca de forma tosca pero si con una serenidad y confianza de la que muchos jugadores carecen.

FIORENTINA – JUVENTUS

Roberto Baggio comenzó su carrera futbolística en un equipo de la Serie B italiana, el Vicenza, a los 15 años. Sus dotes con el balón fueron notables desde sus inicios y no se devaluaron hasta el último día de su carrera como profesional. Sólo tres años más tarde daría un salto de calidad y pasó a formar parte de las filas de la Fiorentina en 1985. Su primer gol vino contra el Nápoles en Mayo de 1987 donde entonces militaba Maradona. Tres años más tarde, la tragedia ya se mascaba en forma de rumor. Si ya cuesta digerir perder una final, en este caso la Copa de la UEFA de 1990, vender a tu jugador más preciado al día siguiente y justo al mismo equipo contra el que has perdido es un doble mal trago.

Y así fue, para solventar los graves problemas económicos que atravesaba la Fiorentina, el Presidente decidió vender a Baggio a la Juventus en contra del interés de toda una afición. Sin embargo, su trayectoria impecable y creciente ahondó tanto en el sentimiento viola que sus logros apaciguaron la traición de marcharse a la Juventus, eterno rival. Su carrera, mermada tras comenzar en la Fiorentina por una lesión, comenzaba a despuntar y ni siquiera Baggio, siempre tranquilo y reservado, era consciente de hasta dónde podría llegar. Hablar de los 10 millones de euros en el año 1990 por su traspaso hizo que su nombre empezara a sonar en toda Europa. Tras esta tumultuosa venta de la que Baggio aseguraba no haber sido una decisión personal, los bianconeros no depositaron en él total confianza y lo miraban con recelo en un principio. Pero el Club sí quería ver en él a ese líder espiritual del Stadio delle Alpi para devolverlos a lo más alto. Es ese verano cuando es seleccionado para la Azzurra y compite en su primer Mundial en 1990.

Esa temporada la Juventus quedó séptima y Baggio seguía jugando con el peso de haber salido de la Fiorentina. En España la traición de Figo por su marcha al Madrid se pagó muy gráfica y cruelmente lanzando una cabeza de cerdo al campo. La grada viola en el partido contra la Juventus lanzó, en su lugar, una camiseta de la Fiorentina que Baggio recogió del suelo y la besó. También en ese su primer partido contra su ex equipo se negó a lanzar un penalti. Hay quién lo viera como un capricho o quién simplemente viera en ese acto la lealtad y pasión italiana típica de su fútbol. Nada le era reprochable. Era el mejor. En 1993 conseguiría la Copa de la UEFA y se consagró como uno de los mejores jugadores recibiendo el Balón de Oro y el Jugador del Año de la FIFA. Estos logros sirvieron como justificación a la Juventus por la inversión hecha en el jugador que dos años más tarde alzaría el primer Scudetto de la Juventus. El equipo volvía a brillar y a resurgir tras años a la deriva. En todo este auge, Baggio estaba predestinado a ser el líder de su equipo nacional en el Mundial de Estados Unidos de 1994. Un Mundial que acogió a Italia en la final contra Brasil pero que perdería por un penalti fallado por Baggio. Es una sombra que le perseguiría durante toda su carrera. La frustración al fallar un penalti en liga es de pronta recuperación. A la semana siguiente podrás recuperar la confianza marcando de nuevo y afianzándote. En un Mundial no. Tu vida va de cuatro en cuatro años y las posibilidades de poder redimirte son muy reducidas. Tanto que esa sombra persiguió a Baggio hasta el próximo Mundial.

MILÁN – BOLONIA

Tras 5 años en la Juventus, Baggio pasa a formar parte de la escuadra milanista en 1995. Sólo estaría dos años en el AC Milán pero dejaría al equipo con un Scudetto más en sus vitrinas. El estilo de Baggio: libre, espontáneo e imaginativo no cuadraba con la estrategia de juego que profesaba Capello: el, según Lippi, ya desaparecido catenaccio. Tampoco tuvo la confianza de los entrenadores que le siguieron, Tabárez y Sacchi y acabo siendo vendido a un equipo austero como el Bolonia. Jugó la temporada del 1997 y tras terminar acudiría al que sería su último Mundial con la Azzurra.

Il Divino marcha al Mundial de Francia 1998 a sus 31 años de edad sin gran convicción del entonces seleccionador Cesare Maldini que cedió por la presión de toda la prensa y de aficionados. Sin embargo sus éxitos esa temporada: tercer mejor goleador del Calcio y habiendo ayudado a conseguir clasificar al Bolonia a la Copa de la UEFA fueron motivos suficientes para llamarlo a filas. Italia se quedó en cuartos y Baggio regresa a Italia para vestir la malla nerazzurra. Personalmente afirmó que fue la peor decisión y uno de sus mayores errores como futbolista. Simoni, que no supo aprovechar tener en un plantilla a nombres como: Zanetti, Ronaldo, Pirlo o Simeone fracasó en alzar al equipo y lo suplantó Lippi, para mayor descontento de Baggio. Lippi lo había hecho salir de la Juventus años antes y, de nuevo, no contó con él y lo relegó al banquillo. Tras dos temporadas, Il Divino, se marcha al Brescia en el 2000. 

BRESCIA Y FINITO

Cuando Baggio pasó a jugar en el Bolonia todos pensaban que ya era el declive de su carrera y, sin embargo, ayudó a su equipo a clasificarse para una competición europea. Igual pasó con su marcha al Brescia. En las primeras nueve jornadas consiguió colocar al equipo en primera posición pero una lesión dejaría al Brescia sin su timón. Cuando Baggio se retiró el Brescia apartó la camiseta con el dorsal número 10 en su honor.

Resulta curioso que durante estos diez últimos años desde que Roberto Baggio se retirara se haya elevado más la grandeza de este jugador que durante su carrera. Su recuerdo queda grabado en quienes tuvimos la suerte de verle rodar el balón. Era genialidad en el toque, mesura en la acción y música de la Scala en el gol.

En el trabajo se forman corros en los pasillos en los que se hablan de distintos casos y noticias de fútbol. Debatiendo por qué méritos se debe recibir un Balón de oro, preguntaba por Baggio y todos mis compañeros italianos, aficionados de la Roma, Juventus, Inter y Milán coincidieron en algo: es Baggio. Como si su persona sola valiera para reconocer toda su carrera. Estoy segura que alguien de la Fiorentina no habría hablado de traición al marcharse a la Juve. Toda Italia lo apoyó a nivel nacional y presionó a los seleccionadores para tenerlo en cuenta. Condecorado como Caballero de la orden del Mérito de la República Italiana no necesita medallas que lo asciendan a la cúspide de los mejores jugadores de la historia del país. Si existe un aspecto que me llame la atención es la poca predilección que tuvieron por él Sacchi, Capello o Lippi. Amantes de un juego defensivo nunca llegaron a entender el juego bohemio y fuera de los márgenes de este jugador. O quizás que su poder dentro y fuera del campo fuera tal que los encumbrara y no fuera de su agrado. Fue un incomprendido aunque su fútbol no dejó indiferente a nadie. Ni siquiera a una niña de 14 años como yo que a esa edad se cortó el pelo muy corto por detrás y se dejó una cola igual que la suya durante unos años para emularlo.


María de la Paz Aguilar. (@MariaPazAguilar)  es Licenciada en Traducción e Interpretación de inglés y Máster de Estudios Avanzados en Gestión Deportiva por la FIFA

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Licenciada en Traducción e Interpretación de inglés y Máster de Estudios Avanzados en Gestión Deportiva por la FIFA. Travel Manager del Sevilla FC.

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