Franz Beckenbauer, Gerd Müller y Udo Lattek
Fotografía de Den Haag en Nationaal Archief. Licencia CC BY-SA 3.0 NL

Si hay una nación ha logrado levantarse tras derrotas humillantes en cualquier ámbito, ésa es Alemania. Ya fueran las batallas históricas con las que pretendieron dominar Europa más allá de las fronteras germanas, o tras algunos varapalos políticos que les lastraron durante años, el carácter, la inteligencia y el buen tesón alemán les han sacado adelante pese a las dificultades. Incluso deportivamente.

A la par que su floreciente industria, los alemanes resurgieron de sus cenizas tras la Segunda Guerra Mundial con un conjunto en el que Helmut Rahn y Fritz Walter pusieron goles y espíritu para devolverle el orgullo a una nación en plena reconstrucción post-bélica.

Fue en Berna, en la final del Mundial’54 disputado entre Austria y Suiza, cuando aquel equipo con el que nadie contaba derrotó a los Magiares Mágicos en una remontada que pasó a los anales del fútbol para siempre.

Aquel éxito precedió a una década de letargo hasta el nacimiento de una Bundesliga que acaba de cumplir 50 años. La creación de un campeonato nacional que unificase las diversas ligas regionales del país permitió crear una base estructural que en pocos años ayudó a crecer al fútbol patrio, tanto en el terreno de clubes como de selecciones.

El primer Beckenbauer ya se mostraba dominante en Inglaterra’66, destacando entre los suyos a la vez que preparaba el asalto continental con el Bayern, que al año siguiente ya avisó del potencial que atesoraba haciéndose con una Recopa que el propio Kaiser, ‘Torpedo’ Müller, Franz Roth y Sepp Maier levantarían. Ellos fueron la columna vertebral de un equipo que tendría continuidad en la mejor Mannschaft de siempre (campeona de Europa y del Mundo en el periodo 1972-74) y en el terrible Bayern de mediados de aquella década que se alzó tres veces seguidas con la Copa de Europa.

EL PRIMER FOGONAZO

Sin embargo, el primer fogonazo remarcable del fútbol germano lo protagonizó el Borussia Dortmund el mismo año en que se disputó el Mundial en suelo inglés. Antes el Eintracht de Frankfurt había caído con estrépito ante el Real Madrid de Di Stéfano. Y tanto Múnich 1860 como Hamburgo rozaron una Recopa que tan solo paladearían en Dortmund y en la mitad rojiblanca de la capital bávara, quizá un guiño a lo que ha acabado siendo la gran rivalidad contemporánea de Alemania.

 

Como anticipábamos antes, la década de los 70, especialmente en su primera mitad, fue fabulosa para los clubes de la Bundesliga, si bien el Borussia Dortmund vivió años muy negros con descenso incluido y cuatro temporadas consecutivas en segunda. Mientras el Bayern acrecentaba su leyenda día a día con triunfos en la máxima competición continental, casi de la nada surgió un Borussia Mönchengladbach espectacular, repleto de estrellas que poblaban la Nationalmannschaft (junto a los jugadores del propio adversario muniqués) y con capacidad para hacer frente a todo rival.

Jupp Heynckes destrozaba redes, Vogts se mostraba imparable en el carril derecho, Netzer comandaba el ataque con elegancia y tras la marcha de éste, los Allan Simonsen, Stielike y Bonhof completarían un cuadro excepcional al que la mala fortuna y el Liverpool, tanto en la UEFA como en la Copa de Europa, apartaron de la gloria continental. Algún tiempo más tarde, un Hamburgo más industrial acabaría con las ilusiones de la Real Sociedad alzándose con su primera Orejona ante la Juventus.

Comenzaban los años 80, década poco prolífica para los conjuntos germanos en Europa pese a algún éxito en la UEFA, como el del Bayer Leverkusen que tan poco agrada al Espanyol.

El Bayern de Pfaff, Matthäus, Brehme, Dieter Hoeness y Michael Rummenigge (no confundir a éstos con sus hermanos Uli y Karl-Heinz) amagó con volver a reinar hasta que el Oporto les arrancó la ilusión con un taconazo de ensueño. Aquel letargo fue duradero, pero entre el fin del siglo XX y el comienzo del presente los clubes alemanes volvieron a levantarse con fuerza, una vez más de manos del gigante bávaro… y del Borussia Dortmund.

CUARTO DE SIGLO PARA RETOMAR EL TRONO

Tras tres décadas de sinsabores, el Borussia volvía a hacerse con la Bundesliga y a presentarse ante los grandes de Europa sin complejos para proclamarse sorprendente campeón ante la Juventus en Múnich en la final de 1997. En la capital bávara quedaron tan impresionados por el trabajo del técnico borusser que se llevaron a Ottmar Hitzfield, el cual conduciría al Bayern a dos finales más: la primera la recordadísima derrota con remontada del Manchester United en el descuento y la siguiente la que alzaron ante el Valencia en los penaltis.

Desterrados por incapacidad propia durante años, la última década ha reflejado fielmente el paso a la modernidad del fútbol alemán en todas sus estructuras. El trabajo a lo largo y ancho del país del fútbol base, dotándolo de las infraestructuras necesarias para la captación, asentamiento y crecimiento, el saneamiento de la Bundesliga, la responsabilidad como ‘modus vivendi’ de los administradores del juego (presidentes, directivos, federativos, managers), el impulso que supuso el Mundial de 2006 en cuanto a renovación de estadios así como el re-enamoramiento del hincha con el deporte de la pelota han conformado al fútbol alemán en términos generales como una fiesta en las gradas, un espectáculo sobre el césped (conjugándose muchas veces ambos términos en los dos estratos) y un fenomenal ejercicio de gestión que permite que reine una justa competitividad entre instituciones, las gradas estén llenas merced a una bien ganada fidelidad y una política justa de precios y Alemania se sitúe a la vanguardia del fútbol mundial con dos modelos diferentes pero triunfantes y cautivadores a la vez.

Recientemente el Bayern inició otro ciclo ganador con Van Gaal que ha continuado de forma admirable Jupp Heynckes. Desde 2010 hasta nuestros días, ambos han ganado títulos nacionales pero han caído en la final más importante. También en ese periodo el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp ha resurgido tan fresco e ilusionante como en sus mejores días. Para ambos clubes levantar la Copa de Europa supondrá la culminación de un proyecto que en los dos casos tiene apariencia de continuar a lo grande los próximos años. Por lo pronto el Bayern tendrá a Guardiola como técnico para la próxima temporada, así como a Mario Götze como nueva joya de su deslumbrante plantel. En Dortmund, acostumbrados a administrar mejor que nadie el dinero tras la ruina económica que casi acaba con la institución hace pocos años, seguro que sabrán invertir el dineral recibido por el joven Mario. Pero si una amenaza se cierne desde Alemania para el resto de Europa es la que vierte Uli Hoeness (presidente del Bayern Múnich):

«Cuando se apliquen las reglas del ‘Fair Play’ financiero llegará una era dorada para los clubes de Alemania».

Habrá que ir preparándose, pero los dos colosos que el sábado lucharán por la corona europea representan un fiel reflejo de la Alemania actual, siempre organizada, competitiva y con ganas de más.

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Periodista y Maestro. Ex-Europa Press y Deportes Inter. Máster CES. @blogcafefutbol. Autor de 'Málaga CF: de la tumba a la gloria'.

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